22 de abril de 2017 04:06 AM
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Un libro revela desde dentro el lado oscuro de la industria alimentaria

Un ejecutivo francés con más de veinte años de experiencia en la industria agroalimentaria ha escrito un libro en el que denuncia, desde dentro, el lado oscuro del negocio de la alimentación y sus múltiples engaños al consumidor, con casos que demuestran el escaso control que tenemos de lo que comemos. Con el relato “¡Cómo […]

Un ejecutivo francés con más de veinte años de experiencia en la industria agroalimentaria ha escrito un libro en el que denuncia, desde dentro, el lado oscuro del negocio de la alimentación y sus múltiples engaños al consumidor, con casos que demuestran el escaso control que tenemos de lo que comemos.

Con el relato “¡Cómo puedes comer esto! Un juicio sumarísimo de la industria alimentaria” (Ediciones Península), Christophe Brusset explica cómo la industria alimentaria da en muchas ocasiones gato por liebre a los consumidores, a los que la industria y las grandes superficies alimentarias tratan de “tontos”, según Brusset.

“Yo creo que los distribuidores son los verdaderos responsables de los alimentos de baja calidad que hay en los estantes. Hay un puñado de grandes superficies frente a miles de fabricantes. Los distribuidores tienen un monopolio e imponen precios demasiado bajos que conducen a una calidad inferior (…) Solo se comunican por precio y promociones, ¿pero es realmente una ganga comprar barato una miel fraudulenta de China o pimentón lleno de residuos extraídos con disolventes?”, ha asegurado Brusset en declaraciones a Efe.

Al respecto, Brusset apunta que llegó a ver “a algunas compañías haciendo fraudes porque estaban bajo demasiada presión de los supermercados”, que apretaban con los precios.

Aunque su experiencia se centra en empresas francesas, que no identifica tras recibir “amenazas” de ser demandado, Brusset apunta en su libro dos casos referidos a España: el “fraude” del azafrán español -“en realidad viene de Irán”- y las trufas, en muchas ocasiones procedentes de China.

“La situación en España es bastante similar a la de Francia, no mejor pero tampoco peor. Esto es normal ya que las reglas son válidas en toda la Unión Europeo pues tenemos un mercado común”, ha señalado.

Brusset, un experto en grandes compras alimentarias a nivel internacional, recuerda que el azafrán, la especia más cara, es “el producto que más veces he visto adulterado a lo largo de mi carrera”, pues muchas veces lo que se vende es pétalo de cártamo o de caléndula.

Este experto descarta comprarlo molido, puesto que en los “engaños más extremos” algunos proveedores “sin escrúpulos” no dudan en mezclar el producto “con ingredientes como ladrillos machacados, colorantes cancerígenos y hasta sustancias metálicas”.

La laxitud en los controles internacionales en seguridad alimentaria ha dado casos sonados, como el ocurrido en Francia, donde se vendió lasaña precocinada con carne de caballo en vez de carne de buey o el más temible asunto de la leche de bebé con melamina, un caso que provocó muertes y una crisis en la seguridad alimentaria en China de la que aún hay secuelas entre los ciudadanos de este país.

Es el “lado oscuro” de una industria que, según Brusset, estira las regulaciones “hasta el límite” para ampliar el margen de beneficios, incluso a cambio de “poner en riesgo” la salud de los consumidores.

“Tengo experiencia como comprador en la industria alimentaria y me sorprendió las posibilidades técnicas y la imaginación utilizada para bajar los precios o engañar a los clientes”, asegura Brusset, que denuncia el abuso en la utilización de aditivos para “producir más barato” con productos “de mala calidad pero atractivos con saborizantes, colorantes, conservantes, texturizantes” que pueden comprometer nuestra salud.

Brusset dice estar en la “lista negra de la industria alimentaria”, al menos en Francia, y sus antiguos colegas “aunque me felicitan en privado ocultan a sus jefes que me conocen porque temen posibles consecuencias en sus trabajos y carreras”.

A pesar de todo, Brusset lanza un mensaje optimista porque cree que “los tiempos están cambiando, la gente quiere comer seguro” y rechaza “ingredientes insalubres como el aceite de palma, aceites hidrogenados, jarabe de fructosa, etcétera”.

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Fuente: Agromeat

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