23 de abril de 2017 10:21 AM
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Uruguay : De crecer a progresar

Es tiempo de ganar independencia respecto a la incertidumbre. Tras recuperar el crecimiento, hay que recuperar un marco que permita el progreso.
La histórica separación de las ideas políticas entre derecha e izquierda siempre me ha parecido inconsistente.
Quienes se consideran de derecha o de izquierda consideran en realidad ser representantes del “bien” enfrentados al mal. Fue la lógica de la guerra fría, una prolongación de una forma de ver la política que venía desde la revolución francesa.
Los sajones llaman liberales a los que serían de “izquierda” y conservadores a los que serían de derecha. Mientras que en América Latina supuestamente los liberales son de “derecha” mientras que los progresistas serían de izquierda.
Y que regímenes como los de Maduro se proclamen de izquierda pareciera ser un propaganda de la “derecha”. En realidad no hay una mitad buena y una mitad mala, hay acciones que dan buenos resultados y acciones que dan malos resultados. Gastar más de lo que se recauda, por ejemplo, da mal resultado con independencia de la ideología del gastador.
Tampoco parece válida una definición a rajatabla en términos de liberales o conservadores. Aunque en lo personal me identifico con la lógica liberal, en realidad hay aspectos en los que vale la pena ser conservador, otros en los que funciona el liberalismo y finalmente otros en los que debe abrazarse el progresismo.
Uruguay ha confirmado esta semana que su oportunidad sigue vigente. El FMI le ha puesto números a algo que de distintas formas se percibe. Se ha cruzado la fase más difícil del ciclo económico sin entrar en recesión y ahora no hay retracción a la vista.
Este año tendrá un crecimiento aceptable y el 2017 se proyecta un crecimiento mayor. El shock del turismo, la buena producción ganadera, el envión de la gran cosecha de soja y arroz, la recuperación que debe llegar en el segundo semestre para la lechería, la baja en la inflación, todo hace que la confianza haya vuelto.
Esto más que una opinión es un dato. La clase media ha vuelto a comprar automóviles a gran ritmo atestando todavía más las calles montevideanas en las horas pico de entrada y salida laboral. Los viajes al interior y exterior en la semana de Pascuas fueron récord. El consumo sigue.
Hay una parte de esta recuperación que es mérito de la sociedad uruguaya. El esfuerzo por persistir en la producción aún con una perspectiva adversa debe ser reconocida al agro uruguayo. Muchos productores lecheros abandonaron el año pasado. Pero la gran mayoría soportó trabajar meses y meses a pérdida.
Aunque el endeudamiento del agro ha subido, el sector se ha manejado con mucha más cautela que en ciclos anteriores. Es uno de los aspectos en los que es importante ser conservador. Conservar el patrimonio, no embalarse a pedir más dinero de que se puede pagar. Otros ciclos de baja generaban crisis a nivel bancario y de endeudamiento que no se han repetido.
Un aspecto similar en el que el conservadurismo debe primar es en el gasto derivado del mayor crecimiento. Si la rendición de Cuentas termina gastando a cuenta del crecimiento futuro o aumentando impuestos la sustentabilidad de la economía uruguaya se seguirá deteriorando.
Ser conservador en el gasto estatal presente es ser solidario con el futuro, no cargar más mochilas de deuda a los que vendrán.
Uruguay debe persistir en sus características de país liberal. El turismo seguirá creciendo y puede ser una explosión en los próximos años. En parte por mérito propio, en parte porque en el mapa de la locura de los musulmanes Uruguay no entra.
Esta semana un atentado en los Campos Elíseos. Como antes en Bataclan, los islámicos que mantienen vivo el sueño imperialista de conquistar Europa golpearán al turismo. Y esta no parece ser una zona de prioridad para ellos.
Aquí es donde nuestro costado liberal debe ser un factor de diferenciación. Un turista, un amigo. Un inversor, un amigo. Un inmigrante, un amigo. No importa si viene expulsado por el desastre de Venezuela, o porque es gay y es perseguido en su país o si fuma tal o cual planta.

El Uruguay los recibe y los respeta, vengan a pasear, a vivir o a invertir. Ser el país más libre del mundo abre una oportunidad inédita. Y es la manera de colocar alimentos sin tener que mandarlos a puertos lejanos.

Conservadores del campo natural, del patrimonio arquitectónico e histórico, de los paisajes. Liberales en respetar los distintos caminos que cada persona elige en su esfuerzo por alcanzar la felicidad.
Y progresistas, porque hay que desterrar conceptualmente la idea de que el progreso no existe. Generar un ecosistema fértil para los emprendedores de todas las capas sociales, bajar la pobreza, abatir la mortandad infantil y el embarazo adolescente, prolongar la esperanza de vida. Hay decenas y decenas de indicadores de lo que puede considerarse progreso.
El optimismo debe ser más que mesurado. Buena parte de la recuperación obedece a un verano perfecto en términos de lluvias que genera la cosecha récord de soja, la buena cosecha de arroz, la baja en los costos de la ganadería y que tal vez cimenta la recuperación lechera en el segundo semestre del año.
El mero azar, o más bien la suerte de que en un verano Niña las lluvias fueran generosas y que se entre a mayo sin que haya ocurrido ninguna helada. Con un verano de sequía se estarían contando más empresas fundidas y la relación entre productores, proveedores y bancos sería de una compleja negociación.
Siempre vale la pena releer al catalán Jorge Wagensberg, científico y divulgador de primer orden, director de la excelente colección de libros de ciencia Metatemas de Tusquets.
Entre otros géneros más convencionales este catalán –que seguimos soñando con que dirija el proyectado museo del tiempo en Uruguay– nos recuerda de qué hablamos cuando nos referimos a progresismo.
Dice en su libro Más árboles que ramas, 116 aforismos para navegar la realidad, que “solo se puede ser progresista si se comprende lo que es progresar: ganar independencia respecto a la incertidumbre”. Progresar es prepararse mejor para las adversidades, ser más estable, tener sombra y aguada en los campos, ahorros, patrimonio, reservas en el Banco Central y todo aquello que proteja de los cisnes negros que pueden aparecer súbitamente.

Con este precio de la energía y del dólar en Uruguay es muy difícil que su base productiva y exportadora progrese, se haga resistente. Es decir, seguirá frágil y con una alta dependencia de la incertidumbre.

El verano llovió y disimulará problemas. Pero en un mes empezará la menor siembra de trigo de los últimos tiempos mientras en Argentina el área del mismo cultivo será la mayor de los últimos tiempos. Aunque los costos de Uruguay son insostenibles, la economía empieza a acelerar.
Es tiempo de corregir el precio del dólar y la energía para ganar más independencia respecto a la incertidumbre. Tras recuperar el crecimiento, hay que recuperar un marco que permita el progreso. Darle una mayor sustentabilidad al crecimiento de la que tiene en el presente.
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Fuente: observa

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