24 de abril de 2017 12:45 PM
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El aporte de Las abejas nativas para el agro

El investigador Pablo Vial busca realizar un catálogo con las más de 450 especies de abejas que solo existen en Chile y sus aplicaciones en los cultivos y frutales, las que podrían ser más efectivas que las especies introducidas. Además, ayudan a la recuperación de la diversidad ecológica.

Cada vez que el investigador Pablo Vial inicia un recorrido para encontrar nuevos tipos de abejas en Chile, por la cordillera o la costa, por el sur, el norte o la zona central, no solo parte de Santiago por tiempo indeterminado con su cámara de fotos y una mochila que pesa 10 kilos, sino que también con un análisis detallado de los suelos, la flora, cursos de agua y condiciones de clima que va a enfrentar.

Si bien no es entomólogo ni fotógrafo y lo que sabe sobre las abejas lo ha aprendido a pulso, en un día puede caminar entre 12 a 15 kilómetros hasta encontrar un ambiente que le llame la atención como para instalarse a observarlas. Otros días puede caminar solo un par de metros diarios a la espera de otra, con la cámara fija y sin hacer ruidos, como un cazador que busca una presa nueva, porque su objetivo es llegar a registrar en imágenes las 450 abejas que están descritas en el país y que son endémicas. Es decir, que solo habitan en Chile.

La idea de Pablo Vial es armar un catálogo nacional con ese registro, que incluya la información sobre los lugares donde habita cada abeja y su potencial aporte para el medio ambiente, lo que viene investigando desde hace varios años. Allí, un punto clave es la agricultura, porque asegura que muchas de ellas son más productivas que las abejas tradicionales para la polinización de cultivos y frutales, y podrían ayudar a aumentar los rendimientos.

Eso sí, cada tipo de abeja trabaja mejor con ciertos grupos de cultivos, dependiendo de las zonas geográficas donde estén y de la morfología de las flores y de los insectos, por lo que es un sistema de polinización más sofisticado para los agricultores en términos de información.

“Existen estudios que se han realizado en otros países con polinizadores nativos, que demuestran que dan mejores rendimientos que la abeja melífera, y la idea es poder integrarlos a los cultivos”, plantea Vial, como uno de los aportes que quiere hacer con su proyecto, en el que ya lleva tres años trabajando y que le tomará a lo menos dos años más para lograr incluir todas las regiones.

Precisión y diversidad

Los tamaños y formas de las abejas que ha registrado son muy distintos. Algunas son milimétricas, más pequeñas que una hormiga, varias son grandes y coloridas, con tonos anaranjados, otras de color negro y gris, que se confunden con moscas, y algunas muy peludas y grandes.

A diferencia de las abejas productoras de miel, la mayoría de estas especies nativas son independientes, ninguna vive en colmenas y se refugian bajo tierra, en medio de los troncos o en pequeños nidos que hacen con trozos de hojas, donde guardan polen y néctar, por lo que el comportamiento también varía del que tienen las melíferas.

“La Apis mellifera no es capaz de realizar el buzz, una vibración específica que deben hacer con los músculos para obtener el polen de ciertas especies, como lo requieren las flores de la familia Solanaceae, entre las que está el tomate y la papa. Pero es algo que sí pueden hacer las abejas chilenas del género Caupolicana”, explica Vial, mientras muestra una foto en la que una de esas abejas, la Caupolicana fulvicollis, está polinizando esas flores con fuerza.

Si bien el libro que pretende publicar sobre las abejas aún es un proyecto para el cual ya tiene registrados 200 tipos de abejas, constantemente sube información a la página “Por un Chile Sustentable” -que administra en Facebook-, donde lo contactó una organización de pequeños productores agrícolas que quiere polinizar con abejas endémicas, ya que dice que no solo aumentan el rendimiento de los cultivos, sino que les permiten ahorrar, ya que no tienen costos.

Adicionalmente su incorporación permite la restauración ecológica de las zonas donde se reinsertan.

Para utilizarlas, una de las medidas que deben tomar los agricultores es plantar “parches” o rincones con flores nativas alrededor de los huertos o cultivos, cada cierto tramo, que varía según la especie, para lo cual no existe una receta estándar y se debe estudiar la realidad de cada predio.

También es importante que existan cursos de agua cerca, porque estimulan la diversidad vegetal, y no tener miedo a los depredadores naturales que llegarán junto con las abejas una vez que se restaura la diversidad del ecosistema.

“Está pendiente estudiar en Chile en qué regiones se dan mejor ciertos cultivos y cómo varían entre la cordillera y el mar según esta variable de las abejas, para incorporarlas en la agricultura antes de que desaparezcan”, dice Pablo Vial, quien hasta hace algunos años también fue apicultor.

Protección de los bosques

Pablo Vial comenta que, aún cuando en el país existen registros de varias especies de abejas en distintos museos -“pinchadas con alfileres”, dice-, el trabajo de saber para qué sirve cada una, dónde viven y en qué épocas del año vuelan es algo inédito, aún cuando tres especies ya están declaradas en peligro de extinción (Centris moldenkei, Centris tamarugalis y el abejorro Bombus dahlbomii).

Las investiga en tres ambientes: los en buen estado de conservación (casi sin intervención humana), los intermedios y los lugares muy intervenidos, como las zonas urbanas.

Por eso, no solo se ha centrado en el impacto productivo que pueden tener, sino que también en zonas donde abundan las plantaciones forestales. De hecho, en los incendios de este verano estuvo rescatando árboles y semillas con la idea de incentivar una reforestación con esas mismas especies.

“Para asegurar que siga esta diversidad de abejas, la idea es evitar los monocultivos y, cuando es una plantación forestal, lo ideal es respetar las quebradas y que se amplíen las zonas de vegetación nativas, además de intercalar un porcentaje mayor de los bosques con flora nativa, a una distancia suficiente como para que las abejas alcancen a volar desde un punto a otro”, explica.

De acuerdo con su experiencia y observación de las abejas, Pablo Vial plantea que la reforestación de las zonas quemadas se debe hacer en forma progresiva, para que los insectos ayuden a recuperar los lugares dañados.

“Se debe reforestar también con especies leñosas y herbáceas, y deben existir corredores biológicos que permitan la existencia de especies nativas grandes y pequeñas, como es el caso de los polinizadores”, agrega.

En el caso de las quebradas cordilleranas, asegura que mantener la diversidad de abejas es crucial, incluso para evitar aluviones. “Hay una flor que crece a ras de suelo en la cordillera, que es forrajeada y polinizada por un par de especies de abejas, pero en algunos casos ha llegado un abejorro introducido y perfora la base de esas flores y los frutos salen vanos, sin semillas, por lo que van desapareciendo, y si viene un aluvión, esos terrenos están desnudos, sin flores, a raíz de la pérdida de un polinizador”, comenta, como uno de los temas que está estudiando con más profundidad.

800 tipos de abejas se estima que existen en Chile, de las cuales 450 están identificadas.

$120 millones busca recaudar para el proyecto, que le tomará a lo menos dos años.

180 especies distintas ya tiene fotografiadas Pablo Vial en distintas regiones del país.

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Fuente: El Mercurio

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