26 de abril de 2017 10:30 AM
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Más que limones y biodiesel: en su mano a mano con Trump, Macri buscará apuntalar su rol de “vocero” de la región

El encuentro que mantendrá en Washington es el más trascendente del año para el jefe de Estado. La agenda incluye temas comerciales sensibles y la búsqueda de inversiones. Pero también habrá un gran espacio para cuestiones geopolíticas, como el caso Venezuela. Cuál es el "test ácido" que le espera

Este jueves, en Washington, se dará el mano a mano más trascendente del año para el presidente Mauricio Macri, así como el año pasado lo fue el encuentro que mantuvo con el entonces jefe de la Casa Blanca, Barack Obama. 

Claro que ahora cambió el escenario. Y mucho.

Por un lado, porque el mandatario ya no jugará de local. Pero, lo más importante, porque ahora es un republicano el que maneja los hilos del poder en los Estados Unidos y no un demócrata.

Este cambio implicó que la Argentina y la región ya no figuren entre las grandes prioridades de Washington, un giro de 180 grados respecto del último período de la gestión de Obama, cuando su gobierno comenzó a priorizar su agenda con Améria latina.

En paralelo, tal como sostiene los analistas, Donald Trump no es un republicano más.

Su alto nivel de imprevisibilidad, su discurso ultraproteccionista y su controvertido manejo del tema inmigratorio lo convierten en una figura que escapa del molde clásico en el que se enmarcaron otros mandatarios de su mismo partido y que supieron tener relaciones bastante profundas con el país.

Por lo pronto, Macri llega a la reunión con dos desventajas a cuestas:

-Carga con el “karma” que significó que su Gobierno se haya anticipado al desenlace de los comicios y, subido a la fiebre de las encuestas, avanzara con un discurso abiertamente crítico hacia la figura de Trump.

La canciller Susana Malcorra, por ejemplo, llegó a tildarlo de xenófobo y de candidato “riesgoso”.

Pese a este traspié, funcionarios estadounidenses se esfuerzan por mostrar que no hay rencores ni asperezas por limar y que la relación se mantiene en carriles sólidos a nivel diplomático.

Tom Cooney, máxima autoridad de la Embajada de los EE.UU. en Buenos Aires hasta que se designe su nuevo embajador en el país, afirmó que “durante el último año nuestros gobiernos han trabajado muy de cerca para fortalecer la relación bilateral” y que esto “no cambiará con la presidencia de Trump”.

En esa dirección, citó una reciente resolución de una comisión bipartidaria del Congreso estadounidense, tendiente a fortalecer la relación con la Argentina.

-La otra “desventaja” es que, de los dos interlocutores, Macri es el que llega a la reunión de este jueves con más expectativas y necesidades.

El Presidente se encontrará con su par este jueves en Washington, donde compartirán una reunión privada y un almuerzo. Y allí llegará con una larga “lista” de pedidos.

Estarán en agenda temas comerciales, como el freno al ingreso de limones y carnes con sello argentino. Además, se tratarán las amenazas que pesan sobre el biodiesel nacional, tras las denuncia por dúmping, que comprometen exportaciones por u$s1.000 millones. 

Y, un tema no menor, Macri también tendrá en el tope de su agenda la captación de desembolsos, especialmente en el sector petrolero.

“Voy a EE.UU. a estimular inversiones. Apostamos a que vengan u$s20.000 millones por año en Vaca Muerta”, afirmó el Presidente días atrás, dejando en claro las altas expectativas que puso en este viaje.

El Gobierno pretende que Estados Unidos vuelva a tener un rol central en el terreno de los negocios, luego de las promesas que terminaron evaporándose con la derrota demócrata. 

Por ejemplo, era casi un hecho que la Agencia de Comercio y Desarrollo reabriera sus puertas en Buenos Aires o que se concretara una ambiciosa red de oficinas de apoyo a las exportaciones en todas las provincias, con financiamiento estadounidense.

Sin embargo, estas iniciativas terminaron naufragando con el triunfo de Trump.

Para Marcelo Elizondo, ex director de Fundación ExportAr, “es en el área de las inversiones donde mayores resultados pueden esperarse, básicamente porque EE.UU. es el principal actor en la Argentina”.

En el país más de 400 compañías de capitales norteamericanos, muchas de las cuales anticiparon compromisos que todavía se espera sean concretados.

Estados Unidos es el principal inversor en la Argentina, con un stock de u$s19.800 millones. Pese a ello, esto representa sólo el 24% del total”, señala un documento de la Cámara Argentina de Comercio de los EE.UU. en la Argentina (Amcham).

“En su mayoría, están vinculados con la industria petrolera y la petroquímica. Esto indica que hay mucho margen para crecer en otros sectores de bienes y en servicios”, añade.

 

El saludo, ¿el mayor test?
La concreción de inversiones no dependerá directamente de Trump. Pero en el mundo de la política y los negocios, una foto con un apretón de manos y una sonrisa por parte del líder de la Casa Blanca cotiza. Y mucho.

Por cierto, el encuentro de ambos mandatarios ante las cámaras será todo un test ácido para el propio Macri.

Se sabe que el republicano puede actuar de manera imprevisible y hasta ignorando cuestiones protocolares básicas, como cuando esquivó el saludo de la canciller alemana, Angela Merkel, un “blooper” intencionado que terminó por llevarse tanto o más espacio en los medios que el contenido real del encuentro.

La contracara de ese gesto de indiferencia, fue el que tuvo con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, a quien le estrechó la mano durante casi 20 segundos, generando una situación incómoda.

Con este particular saludo, Trump quiso dejar en claro que tenía en Japón a un aliado fundamental en el marco del conflicto con Corea del Norte. 

Ahora será el turno de Presidente argentino, que no es un desconocido para el líder de la Casa Blanca.

Por el contrario, la familia Macri mantuvo con Trump una intensa negociación en los años `80 por unos terrenos ubicados en la ciudad de Nueva York. El que ganó la pulseada fue el ahora jefe de la Casa Blanca, quien se quedó con la propiedad por una cifra que estuvo muy por debajo del precio de mercado.

Ese episodio, con sabor a victoria, bastó para que Franco y un joven Mauricio Macri se ganaran un espacio en su libro “El arte de la negociación”, publicado en 1987.

Tiempo después, en 2005, el ahora Presidente reconoció que por ese entonces era “amigotes” y que lo visitaba y hasta almorzaban juntos cada vez que viajaba a EE.UU. 

Más cerca en el tiempo, consumado el triunfo republicano, Macri se refirió a Trump con una chicana, al tildarlo como “un negociador duro” pero que, al fin y al cabo, no era tan bueno como él creía. 

 

La alianza “anti Maduro” 
Para el Gobierno, el encuentro en Washington es trascendente porque implica una escalón importante en la política de alineamiento de la Argentina con las principales potencias mundiales.

Tras los encuentros claves con líderes de España, Reino Unido, Holanda y la Unión Europea, la entrevista con Trump adquiere un carácter especial.

Esto, en momentos en que Macri apunta a consolidarse como el vocero de la región, en momentos en que Brasil continúa sumido en una severa crisis política, económica e institucional.

“El Gobierno está avanzando en un acuerdo con México, lidera las negociaciones del Mercosur con la UE, busca integrarse a la Alianza del Pacífico y se aseguró que la Argentina sea sede de la cumbre del G-20 en 2018. Todo esto forma parte de una agenda que busca darle una mayor coherencia a su política exterior”, apunta Miguel Ponce, ex secretario de Industria.

Pero así como el Gobierno argentino viaja con su lista de pedidos, la Casa Blanca también tiene intereses en este encuentro bilateral.

Uno de ellos es estrictamente geopolíticos: sumar aliados en la región para continuar cercando a Venezuela.

Cabe destacar que Trump llegó al poder agitando con fuerza los fantasmas de los potenciales enemigos de los Estados Unidos. 

Incluyó en su “lista negra” a China y a México, por ser amenazas desde el punto de vista comercial y económico, ya sea por sus bajos costos industriales como por supuestas manipulaciones del tipo de cambio -esto último, en el caso del gigante asiático-.

También, puso nuevamente en agenda el conflicto con Corea del Norte, por considerarla una nación beligerante y riesgosa en términos militares, por su plan de armas nucleares.

En esta suerte de “TEG“, Venezuela ocupa un lugar en el podio: Washington ve en el régimen de Maduro un gran foco de inestabilidad política en la región y como una base del narcotráfico.

De hecho, recientemente el gobierno de Trump acusó formalmente al vicepresidente venezolano, Tarek El Aissami, de formar parte de una red dedicada a contrabandear drogas hacia los EE.UU. y de proteger a diversos cárteles.

Justo en la previa de la reunión entre ambos presidentes, el senador por la Florida, Bill Nelson, hizo un llamado para que la Casa Blanca cierre filas con la Argentina y otros socios de la región.

Nelson llamó al gobierno de EE.UU. a trabajar con los países aliados en Sudamérica para ponerle presión al régimen de Nicolás Maduro.

“Con Ecuador no podemos contar, con Cuba tampoco y es así con varios países de la región que se han dejado seducir por el petróleo barato. Pero Argentina, Brasil Chile y Perú, nuestros amigos, pueden ayudarnos”, afirmó.

A escasas horas de la reunión entre los presidentes, el embajador interino Cooney, señaló que “el deterioro de la democracia y la situación de los derechos humanos en Venezuela”, será uno de los puntos clave de la agenda.

En tanto que desde la Amcham también anticiparon que el futuro de la nación comandada por Maduro será fundamental.

“Se espera en esta reunión poder tratar a nivel regional la búsqueda de esquemas diplomáticos, políticos y humanitarios para una respuesta solidaria a las consecuencias sociales y políticas de la situación crecientemente desesperante de Venezuela”, detallaron en un documento.

 

 

Reactivar el comercio
En la fase comercial, el interés del Gobierno se centrará en tres puntos principales:

 

1. Liberar el mercado de limones y de carnes
Se trata de una de las promesas de Obama que debía cristalizarse en el arranque de la era Trump pero que fue pospuesta hasta nuevo aviso.

En este sentido, el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Miguel Etchevehere , afirmó que el campo tiene “muchas expectativas” por la reunión que mantendrán ambos mandatarios para lograr abrir el mercado estadounidense para ambos productos con sello nacional. 

En el caso de los cortes vacunos, el sector frigorífico se preparaba para tener un excelente 2017, tras casi 15 años sin poder exportar al país del Norte.

Está en juego un cupo de 20.000 toneladas con aranceles preferenciales y que Obama no llegó a instrumentar.

En tanto que la industria citrícola preveía realizar en este 2017 envíos a ese mercado por u$s20 millones, con la expectativa de ampliar aun más los negocios en los períodos siguientes.

Desde la Amcham dejaron entrever que podría haber una resolución favorable, al menos en el caso de los limones.

“Luego del revés que sufriera la apertura de los mercados para este producto se espera que pueda ser incorporado nuevamente en la agenda para que se logre avanzar en su exportación”, expresaron.

 

2. Contener la avanzada en contra del biodiesel argentino
De acuerdo con la cámara, “el Departamento de Comercio de los Estados Unidos se encuentra actualmente en un proceso de investigación sobre las importaciones de este biocombustible de Argentina”.

Además, fuentes dieron cuenta de que “tiene previsto tomar una decisión preliminar el 8 de mayo“.

Los productores locales llevan adelante un fuerte lobby en contra de las empresas nacionales, a las que acusan de competencia desleal y de recibir subsidios.

Están en peligro exportaciones por más de u$s1.000 millones anuales.

 

3. Inclusión en el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP)
Se trata de un régimen que permite a determinadas naciones colocar productos en el mercado estadounidense con bajos aranceles.

La Argentina formaba parte del SGP pero fue expulsada en 2012, en medio de las rispideces entre Obama y Cristina Kirchner.

Desde la Amcham remarcaron que “el SGP es un tema clave de la agenda.

Esto, debido a que implica el beneficio más importante que el Gobierno norteamericano tiene para países en desarrollo en cuanto al acceso de importaciones”.

De haber ganado Hillary Clinton, se hubiese confirmado el regreso de la Argentina al SGP que, hasta 2011, permitió colocar en ese país bienes con beneficios arancelarios por u$s500 millones.

Entre ellos se incluían vinos, quesos, carnes y otros productos de economías regionales.

Ahora, con Trump en el poder, el futuro del sistema es una incógnita.

Pero el hecho de que la Argentina haya registrado un déficit de más de u$s2.500 millones en 2016 y que desde hace una década EE.UU. tenga saldo favorable, podría ayudar en las negociaciones.

Claro que no todo se definirá en Washington. Tras el saludo para las cámaras y los anuncios de rigor entre ambos mandatarios, luego deberá esperarse otra señal clave que marcará el verdadero nivel de fluidez de la relación bilateral: el nombre del futuro embajador de los EE.UU. que desembarcará en Buenos Aires.
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Fuente: iProfesional

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