27 de abril de 2017 08:20 AM
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Alertan sobre el peligro que encierran las intoxicaciones con hongos

Especies no comestibles crecen en el área metropolitana y se consumen por error; para evitar muertes, un servicio especial identifica durante todo el día qué se ingirió.

Hay unos cinco casos al año, pero los potenciales daños sobre la salud son tan importantes que existe un grupo de especialistas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA conectado las 24 horas y los siete días de la semana con las guardias de los hospitales. Se trata del servicio que identifica las intoxicaciones por ingerir hongos no aptos para el consumo. Entre ellos, algunos que crecen en el área metropolitana.

“Cuando una persona ingiere un hongo no comestible y empieza a sentirse mal recurre a la guardia hospitalaria. Como, en general, la gente no lleva la muestra de lo que comió, se empieza inmediatamente a analizar los síntomas. Hay especies que, si no se reconocen rápidamente, pueden causar la muerte”, explica Bernardo Lechner, investigador del Conicet en el Laboratorio de Micología, Fitopatología y Liquenología de la FCEN.

“Los hongos que generalmente están involucrados en las intoxicaciones son los agaricales, comúnmente denominados «hongos de sombrero», que suelen crecer debajo de pinos o robles, aunque no exclusivamente ahí”, agrega el experto.

Lechner, junto con Gonzalo Romano, Leopoldo Iannone, María Victoria Novas, Cecilia Carmarán, Andrea Romero y Silvia López, realizó un estudio en el Servicio de Hongos Tóxicos de la mencionada facultad, que revela que sobre 133 casos recibidos entre 1985 y 2012, 79 fueron asintomáticos, 48 presentaron síntomas leves (mareos, vómitos, diarreas) y seis fueron graves. De estos últimos, un paciente requirió un trasplante de hígado y los otros cinco presentaron parálisis de miembros inferiores y disartria (trastorno del habla). Uno de ellos falleció.

Foto: LA NACION

Según los resultados, el hongo que más intoxicaciones produjo es el Chlorophyllum molybdites. “El ojo inexperto suele confundirlo con otro muy parecido, denominado Macrolepiota bonaerensis, que sí es comestible y muy sabroso”, explica Lechner.

Aunque el Amanita phalloides es el segundo entre los más consumidos, según el estudio, se trata del más peligroso en estas latitudes. “El Amanita es el gran fantasma entre todos, porque no tiene antídoto y la única posibilidad de sobrevida frente a la intoxicación con este hongo es el trasplante hepático, porque si no lleva a la muerte”, advierte el especialista.

Carlos Damin, jefe de Toxicología del hospital Fernández, coincide: “El Amanita phalloides es un hongo muy, muy tóxico y hemos visto que normalmente son familias orientales las más afectadas. Se los encuentra en los alrededores de la Capital; por ejemplo, en el parque Pereyra Iraola y en Moreno. La gente se los confunde con los champiñones. El Chlorophyllum molybdites, a diferencia del Amanita, es extremadamente tóxico, pero raramente mortal”.

Con alcohol

También suele confundirse con el Coprinus: “Pero éste sólo produce enfermedad si se lo consume con alcohol, por eso es menos probable que afecte a los chicos”, dice Lechner. Como se dijo, los menores son los más afectados.

“A diferencia de lo que sucede en otras sociedades más micófagas, como la española, donde toda la familia sale a recolectar hongos silvestres para consumir y, por lo tanto, cuando hay intoxicación se ve afectado todo el grupo, en la Argentina el consumo es accidental y suele afectar a un solo individuo de la familia. En general, es un chico que lo arranca y se lo lleva a la boca”, describe el experto.

El trabajo también muestra que la época en la que el servicio recibió más muestras coincide con finales del verano y comienzos del otoño. “En mayo de 2015 me mandaron una foto de un hongo a las 20. Lo analizamos y nos dimos cuenta de que era un Amanita. La paciente había sido atendida en una salita y luego derivada al Hospital Italiano. Allí tuvieron que hacerle un filtrado de toda la sangre; estuvo a horas del trasplante”, cuenta el experto, y advierte que debe transcurrir poco tiempo entre la intoxicación y la atención.

El consumo del Amanita puede ser mortal porque este hongo tiene un tiempo de latencia largo de hasta 36 horas; afecta directamente el hígado, que en un momento deja de funcionar y provoca la muerte.

Caracterización

El estudio señala que, en los casos en que los hongos fueron determinados como tóxicos, la identificación temprana -menos de 12 horas desde el momento de la ingestión-permitió aplicar el tratamiento adecuado. De la misma manera, la caracterización rápida como “no tóxicos” evitó tratamientos agresivos, en particular para ancianos y niños.

Damin agrega: “No es algo de todos los días. El año pasado tuvimos nueve o 10 casos, pero hay otros años en que no tuvimos ninguno. Hay dos grupos que llegan al hospital, los que consumen por error hongos no comestibles y aquellos que lo hacen buscando un efecto alucinógeno”.

Los elegidos en esos casos son los Amianita muscaria o los conocidos como cucumelos. “Los primeros no provocan un cuadro tan grave; es el hongo colorado con lunares blancos. Es alucinógeno, puede provocar delirio y raramente es mortal. En general se los consume con bebidas alcohólicas”, indica Damin.

Los Psilocybe cubensis o cucumelos crecen después de grandes lluvias sobre el estiércol del ganado vacuno. “Tienen un efecto parecido al del ácido lisérgico. Pueden provocar la muerte, pero no por ingerirlo, sino por suicidio inducido por efecto de consumirlos”, sostiene.

Ameghino, el primer afectado

El primer caso registrado de intoxicación por hongos en la Argentina ocurrió en 1888. El afectado fue nada menos que el naturalista Florentino Ameghino. Según la revista Nex Ciencia, de la UBA, su amigo, el botánico y micólogo Carlos Spegazzini, una tarde acudió a la casa del matrimonio Ameghino porque ambos cónyuges estaban descompuestos, “especialmente don Florentino, que, por más glotón, había ingerido más cantidad del plato favorito”. Spegazzini pudo determinar que la causa de la indigestión había sido una especie autóctona hasta entonces no clasificada, hoy conocida como Amanita ameghinoi.

Transcurrió casi un siglo hasta que se estableció un registro sistemático de las intoxicaciones por hongos. Fue en 1985 cuando el doctor Jorge Wright creó el Servicio de Identificación de Hongos Tóxicos de la UBA.

Dato útil

Servicio de Identificación de Hongos Tóxicos

Pabellón II de la Ciudad Universitaria

4787-2706, 4576-3300

www.facebook.com/agarical

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Fuente: La Nacion

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