28 de abril de 2017 09:45 AM
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Uruguay : Prevén un nuevo descenso en la superficie plantada con trigo

Las estimaciones que maneja el Departamento de Agricultura de EEUU sobre Uruguay plantean una realidad contrastante entre Uruguay que achica el área y los vecinos que la expanden.

El agro uruguayo tiene varias señales de alerta respecto a la desmesura de los costos respecto a los precios que los productos tienen y los márgenes a los que los productores pueden aspirar. Una de esas luces amarillas –o más bien naranja– tienen que ver con el área de trigo, que viene en caída desde 2011 y que puede continuar bajando en este año.

A eso se suma la certeza de que el área de cebada también bajará como para acentuar el desbalance que hay entre la agricultura de verano, que liderada por la soja suma sin contar arroz unas 1,5 millones de hectáreas, y la de invierno, que no llega a las 500 mil hectáreas.

Con los buenos rendimientos que se están logrando, podría suponerse que el ánimo de los agricultores sería de optimismo y apuesta a más. Es lo que está sucediendo en Argentina, Brasil y Paraguay.

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Cultivos de invierno en baja

Pero cuando se hacen las cuentas, los márgenes tienden a cero y los rendimientos de equilibrio, aquellos en los que el productor logra recuperar lo invertido, son cada vez más altos. El resultado es sembrar menos, concentrar en las mejores chacras, arriesgar menos y apostar más a las pasturas y al nuevo cultivo promisorio del invierno: la colza.

La perspectiva es de un descenso en el área de trigo y de cebada. En cebada, ya es un hecho que habrá una baja de 40 mil hectáreas. En trigo, el Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, por su sigla en inglés) estimó para Uruguay una superficie de entre 150 mil y 220 mil hectáreas.

Esa fue precisamente la superficie plantada el año pasado. Si el área se ubicara en el centro del rango del USDA estaría en 185 mil hectáreas. El USDA ubica su estimación en 190 mil hectáreas, 30 mil menos que la siembra pasada. En cualquier caso, parecen muy lejanos los tiempos en los que el área de trigo superó las 500 mil hectáreas, aunque fue apenas en 2009.

Desde entonces el área, la producción y las exportaciones de Uruguay van en baja. Los precios internacionales han caído fuerte y el cereal apenas es usado como una manera de diluir los costos de la renta de la tierra y repartir ese costo con la soja.

La producción que espera el USDA es de 660 mil toneladas, la menor en 10 años, que dejaría un saldo exportable de 200 mil toneladas, también en fuerte retroceso respecto a años anteriores. La exportación resultante de la última cosecha se estima en 500 mil toneladas.

Si se confirmaran las cifras proyectadas por el USDA, el retroceso sería de 70 mil hectáreas en los cereales de invierno. El consumo interno quedará cubierto, pero los saldos exportables descenderán.
En el caso de la cebada, dado que es una decisión de las empresas malteras, la superficie caerá de 190 mil a 150 mil hectáreas, pero en adelante la superficie sembrada debe mantenerse. Mientras la cebada debe mantener un área relativamente estable en base a las necesidades de las malterías, en trigo no hay compromisos de ese tipo por lo que si la ecuación del cultivo no mejora la superficie de trigo puede seguir bajando.

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Los vecinos crecen

De modo que la baja que se da persistentemente en el área debe llamar a reflexiones. De concretarse sería la cuarta caída en área consecutiva y, de prolongarse, irá quitando al trigo del listado de productos de exportación de Uruguay. Y además lleva a la reflexión notar que mientras la superficie sembrada este otoño puede ser la menor de los últimos 10 años, la de Argentina será justamente la mayor de los últimos 10 años.

La próxima campaña de trigo alcanzará en el vecino país un récord de 17,5 millones de toneladas con un área sembrada de 5,5 millones de hectáreas, según pronosticó el miércoles pasado la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. El año pasado la superficie ya había crecido fuerte y llegado a 5 millones de hectáreas, que generaron una producción de 16,3 millones de toneladas.

Está por verse si el boom agrícola argentino impacta sobre el conjunto de la economía y logra encauzar una lógica de baja inflación y crecimiento sostenido. Pero lo que es claro es que en términos anímicos hay un contraste entre la perspectiva de los argentinos, todavía optimistas respecto al trigo por lo menos, y los uruguayos, que aún luego de dos años de alto rendimiento en trigo y cebada, y luego de una cosecha de buen rendimiento en soja, se mantienen a la defensiva.

Es cierto que no se trata una actitud exclusiva de los agricultores uruguayos. Las reservas de trigo en el mundo son muy altas, hay una sobreproducción y otros países como Canadá o Australia también bajan el área sembrada.

Pero en el caso uruguayo pareciera que la única opción que se observa como viable está en las oleaginosas. Este invierno dará un salto la nueva integrante del menú agrícola uruguayo: la colza estará triplicando su área de 25 mil a 75 mil hectáreas, según las primeras cifras que empiezan a manejarse.

Con su precio y su lógica productiva atadas a la soja, este cultivo que se cosecha unos cuantos días antes que los cereales de invierno es la culminación del doble cultivo, ya que no quita ni un kilo al de verano que venga detrás.

Todavía falta para que las decisiones finales de cultivos de invierno sean tomadas. Ya es un hecho que baja el área de cebada y sube la superficie de colza en magnitudes similares. En lo que refiere al trigo, todavía puede acercarse a lo plantado el año pasado, si se confirman una serie de condiciones: en primer lugar, una buena cosecha de soja da liquidez y parte de esa liquidez puede dirigirse al cultivo de trigo.

Si se cosecha en tiempo y forma y el clima viene normal, podría sembrarse en el momento ideal para el cereal y los productores tomarían confianza respecto al rendimiento. Los precios son bajos, pero los US$ 175 por tonelada actuales son más de 10% mayores en dólares que los US$ 150 que había al comienzo de mayo de 2016.

Es posible que llegado el 1° de junio con todo pronto para sembrar puedan alcanzarse superficies similares a las del año pasado, si todo rueda a favor.

De todos modos, trigo y cebada son dos de las luces amarillas que muestran cómo se van achicando márgenes y ánimos en el agro.

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Se necesitan rendimientos excepcionales para empatar

En una comunicación interna, la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Valdense (Sofoval) proyectó un costo de producción del trigo para esta zafra de US$ 600 por hectárea, sin contar arrendamientos u otros costos de la tierra.

Al mismo tiempo, Sofoval estimó un precio de cosecha de US$ 150 por tonelada para el cereal, lo que da un rendimiento de equilibrio muy cercano a los 4.000 kilos por hectárea.

En el caso de la cebada, el costo por hectárea se ubica sobre los US$ 550 por hectárea, el precio recibido unos US$ 175 por tonelada y el rendimiento de equilibrio baja a 3.190 kilos por hectárea.

Y finalmente, en el caso de la colza, se estima un costo de producción de US$ 530 por tonelada, que va acompañado de una colocación fluida y con un costo que es el menor de los tres. Pero con un precio sensiblemente mayor, estimado por Sofoval en US$ 320 por tonelada, luce como una opción atractiva.

Se parte de la hipótesis de un rendimiento de 1.500 kilos por hectárea, genera una facturación de US$ 480 por tonelada, que con esa productividad promedio tampoco llega a los márgenes con claridad. Sin embargo, en base al potencial de rendimiento que le deja a la soja que le sigue, es un hecho el crecimiento del área.

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Fuente: Observa

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