28 de abril de 2017 12:22 PM
Imprimir

Manejo integrado de plagas en la industria alimentaria en tiempos modernos

Las plagas en la industria alimentaria no son sólo una molestia, son vectores de enfermedades y pueden provocar serias pérdidas económicas y de imagen empresarial, por ello es imprescindible crear un efectivo Manejo Integrado de Plagas.

Hoy en día la sociedad moderna requiere de alimentos variados, de alta calidad, buen sabor y valor nutricional, por ello, los agricultores a nivel mundial han desarrollado nuevas técnicas de siembra que permitan mantener la biodiversidad y el equilibrio ecológico, recurriendo lo menos posible a productos químicos.

Las nuevas tecnologías empleadas en los métodos de producción han creado los llamados “cuellos de botella”, afectando con ello, la calidad y la seguridad de los alimentos, así como del ambiente, y aumentando los costos de producción, lo que resulta una aportación insuficiente o a destiempo de los nutrientes, favoreciendo la presencia de plagas y por ende, la aparición de enfermedades.

Actualmente, las Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETAs) se han convertido en un problema de salud pública, presentándose en todos los escenarios económicos a nivel mundial, incrementándose de manera significativa su incidencia a lo largo de los últimos 20 años, por lo que, es necesario conocer más de los productos que consumimos.

Datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), indican que las plagas agrícolas pueden ser controladas eficazmente aplicando la estrategia de manejo integrado de plagas, basados en las prácticas culturales orientadas al control de éstas y la capacidad que tienen las plantas para tolerar daños naturalmente, sin depender de los insecticidas.

Sin embargo, cuando hablamos de plagas es necesario saber de dónde proviene y por qué surge como concepto. En los tiempos primitivos, el hombre era nómada y recolector, los hábitos de éste “depredador” no causaron un impacto significativo al ambiente, ya que cuando los recursos de flora y fauna eran escasos, emigraban a lugares que prometían nuevas fuentes de alimentación.

Con el tiempo, el hombre cambió sus hábitos, convirtiéndose en un ser social y sedentario, eligiendo lugares nuevos para habitar y permaneciendo en el mismo por muchos años, desarrollando así técnicas de cultivo que traían consigo mejoras en la producción de sus alimentos, pero en consecuencia, la aparición de nuevas enfermedades y plagas.

Una vez instalada la figura de plaga, el hombre, a fuerza de necesidad y por razones de sobrevivencia, tuvo que desarrollar mecanismos para ahuyentar o eliminar las poblaciones de organismos que comenzaban a competir por los mismos recursos. Inicialmente los métodos de control de plagas eran rudimentarios e incluso de simple observación cotidiana como:

•    Biológico empírico: colocación de hormigas depredadoras para el control de otras plagas, facilitado por la colocación de bambúes como caminos y puentes que permitían a las hormigas llegar a las áreas infestadas.
•    Plaguicidas naturales: extractos de plantas como crisantemos (piretro), tabaco (nicotina), entre otros.
•    Venenos tradicionales: productos con alta toxicidad como el azufre (uso de informes por los sumerios en el 2500 a.C.) Los ácidos, cobre, fluoruros, arsénico, mercurio y otros, también han sido alternativa para la eliminación de plagas. Aunque con una eficiencia satisfactoria, los riesgos implicados en su uso también eran muy grandes, con miles de casos de intoxicación entre los hombres y especialmente niños.

EVOLUCIÓN
En la primera mitad del siglo XX la humanidad buscando nuevas y mejores alternativas para evitar que las plagas se alimentaran de los cultivos y, con ello, hubiera pérdidas en el abasto de alimentos para el consumo humano, el científico Paul Müller (dentro de la Geigy Chemical Company) en Basilea, Suiza, produjo en 1939 el primer DDT (dicloro-dimetil-etano) o insecticida cuyo uso tras la Segunda Guerra Mundial fue crucial para evitar que toneladas de alimentos se desperdiciarán por las plagas surgidas debido a la decadencia de los campos.

Desde entonces, el hombre empezó a vivir un momento de gran optimismo, por la presencia de pesticidas, lo que multiplicaba de manera rápida la lucha contra las plagas y a su vez el aumento en el deterioro del subsuelo, dando como resultado la dependencia hacia los químicos para fortalecer la riqueza de los alimentos a costa de la contaminación de los recursos.

La humanidad ha maltratado el campo por el excesivo uso de pesticidas, ocasionando un efecto devastador a la cadena alimentaria (eliminando los depredadores naturales de algunas plagas) y una acumulación de agentes nocivos en el agua, suelo, aire y, por consiguiente, en los alimentos.

La incorporación de estos elementos químicos a la naturaleza, causaron pérdidas de diferentes formas de vida. Como un ejemplo tenemos los compuestos organoclorados, que se alojan por más de 30 años en el ambiente y tienen un efecto acumulativo en el cuerpo de un mamífero, principalmente en los tejidos grasos, provocando cáncer de pulmón, colón, piel , entre otros.

Aunado a ello, muchas especies de insectos comenzaron a mostrar resistencia a la acción del DDT y se adaptaron para no morir, surgiendo así la necesidad de crear concentrados más tóxicos.

DESARROLLO DE UN PROGRAMA DE MIP

El Manejo Integrado de Plagas (MIP) se define como la utilización de todas las acciones tendientes a prevenir y controlar la presencia de plagas mediante la implementación de diferentes técnicas de manejo (medidas culturales, mecanismos físicos, biológicos y químicos, utilizando la menor cantidad de elementos tóxicos posibles), la consideración del impacto que tales técnicas han de tener en el medio ambiente y los aspectos toxicológicos relacionados con el hombre y sus animales.

Está tendencia ha tenido un auge en los últimos 10 años, ya que anterior a ello el control de plagas se limitaba a su exterminio mediante el uso irracional de sustancias químicas y consistía en un control netamente correctivo, es decir, se actuaba en el momento mismo de la aparición de las plagas sin tomar en cuenta medidas preventivas que ayudaran a reducir su incidencia. Pero, ¿cómo desarrollar un programa de manejo integrado de plagas (MIP) en entornos urbanos? Los factores que se deben tomar en cuenta, son los siguientes:

1. Planificación. Se refiere a todas las actividades implicadas antes de cualquier acto de control. Dentro de un programa de MIP, la importancia de una planificación adecuada es crucial con el fin de tener éxito los resultados esperados.

2. Conocer la ubicación. Hoy en día, conocer el sitio requiere de una evaluación a fondo, por lo que es esencial saber:

•    Ubicación: se sabe que una instalación no es una isla. Es parte de un gran conglomerado ya sea urbano o rural. Saber si  productos animales son fabricados en las inmediaciones es un aspecto muy importante para la capacidad de atracción de moscas, con ganas de volátiles derivados de la fermentación de compuestos orgánicos.
•     Dirección del viento, que puede potenciar la llegada de insectos que se encuentran a kilómetros de distancia y que por sus propios medios no podrían migrar.
•     Arquitectura del sitio. El tipo de techo, si hay ventilación o extractores y si de este modo se liberan aromas atractivos hacia el medio externo. Si hay puertas, ventanas, rejillas de ventilación, entre otros, si los accesos son mecánicos o automatizados. ¿Cómo es la red eléctrica?, etcétera.
•     Áreas verdes: distribución, tipo de plantas (ornamentales, frutales, etcétera). Si son fuente de humedad constante, el tipo de mantenimiento que se da para descartar oportunidad de recursos para las plagas.
•     Producción: tipo de producción, materia prima, empaque, embalaje (se sabe que el cartón ondulado es un excelente sustrato para la colonización de las cucarachas). También es importante conocer los pasos de producción en el caso de una industria o restaurante, o la organización y el transporte de mercancías en hoteles, hospitales o aviones.
•     Residuos: cómo se realiza la recolección almacenamiento y la disposición. Por ejemplo, económicamente es más ventajoso un gran contenedor de basura que se elimina cada tres días que una pequeña tolva que requiere la eliminación diaria. Sin embargo, dependiendo de los materiales recogidos durante el período de tres días, éste sería tiempo suficiente para que los residuos líquidos se drenen el suelo, y estos terminen fermentándose y atrayendo potencialmente a insectos y roedores.
•     Limpieza: la limpieza con abundante agua, tiende a proveer fuentes de agua para los insectos, además de eliminarlos residuos de insecticidas más rápido, especialmente si se asocia con detergentes alcalinos, y más aún si se realizan a alta presión y altas temperaturas. La limpieza en seco preserva mejor el insecticida, pero puede ser menos eficaz en la remoción de larvas y huevos de insectos, o del polvo asociado con materiales tales como harinas, almidones, etcétera.
•     Transporte: Conocer el flujo de los productos necesarios para la operación completa del establecimiento. Los procesos de higiene en contenedores, vagones de ferrocarril y carrocerías de camiones, son de vital importancia, ya que éstos terminan acumulando gran cantidad de materiales en sus estructuras.

3. Identificación. En un programa de MIP se requiere de estrategias muy asertivas y nada puede quedar al aire, por lo que el manejo profesional de plagas empezará siempre con una correcta identificación de las especies a tratar en cuestión y minimizará siempre con ello el riesgo de daño para cualquier otro organismo no objetivo.

4. Alcance. Establece los objetivos de acuerdo con el producto, proceso y entorno a tratar. El nivel de tolerancia para una especie de plaga varía con otra y también de entorno a entorno.

5. Tratamiento. Incluye las medidas preventivas y correctivas previamente elaborados de conformidad con los objetivos y la información colectada.

6. Seguimiento.
El constante monitoreo y observación de la instalación, de los procesos y entorno, protegerá y ayudará a eliminar la actividad presente de plaga de manera oportuna, para ello es importante que el programa se encuentre administrado por personal debidamente entrenado para detectar las evidencias y sus posibles daños de actividad de plaga.

7. Documentación.
Los datos obtenidos de las acciones realizadas y del seguimiento del Programa MIP deberán ser cuidadosamente compilados y debidamente mantenidos, de modo que estos resultados ayudarán a ajustar los objetivos iniciales del programa y elegir técnicas más enérgicas a los propósitos de gestión del programa.

De esta manera, un programa de MIP coadyuva a la reducción de las poblaciones de organismos plaga con el uso mínimo de productos químicos. Con este fin, es necesaria la participación de técnicos que elaboren una estrategia, con información, instrucciones y tácticas precisas para obtener los mejores resultados.

Luiz Eduardo Leite Chaves : Gerente Regional de Soporte Técnico de Ecolab.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: Enfasis

Publicidad