29 de abril de 2017 10:43 AM
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En Uruguay la inversión más importante de los últimos tiempos !!!

La compra del frigorífico BPU es prácticamente una confirmación de que la ganadería uruguaya estará en breve en las góndolas de Japón.
En un momento crucial del agro uruguayo, ha llegado la inversión más importante de los últimos tiempos a la ganadería uruguaya. La japonesa Nippon Ham Foods (NH) ha adquirido en US$ 135 millones al frigorífico uruguayo BPU.
Es muy importante por muchas razones. Por ejemplo, porque BPU es una empresa de primera línea. Fue la planta que más vacunos faenó en 2016 por bastante distancia con 179 mil seguido por Pul, de Cerro Largo con 164 mil vacunos.
Es una industria de vanguardia tecnológica a nivel mundial. Fue construido de cero, estratégicamente en el centro del país, en un departamento fundamental para la ganadería como es Durazno. Tiene a uno de los gerentes más reconocidos, con trayectoria académica y una capacidad organizativa bien demostrada.
Ha diseñado productos de alto valor agregado. Tiene acuerdos con grupos agrícolas importantes para abastecerse de los ganados de alta calidad que valorizan el trigo y el sorgo de Uruguay.
Uruguay tiene un caso de inversor exitoso para mostrar, y la inversión es una ratificación de que un inversor puede venir del exterior con una idea y terminar con una empresa modelo instalada.
Es una inversión importante porque quien compra es una empresa que tiene miras amplias. No es un frigorífico comprando a otro. NH se dedica a la proteína y los alimentos desde una perspectiva variada: carne vacuna, porcina, piscicultura, lácteos.
¿Cuánto puede desarrollarse la piscicultura en Uruguay con una mirada japonesa? NH se dedica, según su presidente, a dar la alegría de comer (“delivering the joy of eating”). Parece alineado a la estrategia de Uruguay.
Es importante porque llega en un momento de fragilidad anímica en el agro. La suma de dólar barato y energía cara viene generando un desanimo importante. “Jugamos muy bien, sacamos alto rendimiento, nos diferenciamos, pero así es como que nos obliguen a jugar a 4.000 metros de altura”, explicaba hace unas semanas el agrónomo arrocero Daniel Gonnet en Radio Rural.
A muchos les da la sensación de que solo se puede captar interés de emprendimientos en base a condiciones tributarias de los mega emprendimientos, distintas a las disponibles para los inversores locales.
Dentro de ese desánimo fueron sumándose voces llamando a desandar la línea de diferenciación actual. Que la trazabilidad deje de ser obligatoria, empezar a suministrar hormonas al ganado, hacer optativos los planes de uso y manejo de suelos.

El problema del alto costo que indudablemente amenaza a la ganadería y la agricultura uruguaya no debe ser enfrentado a través de esos atajos que bajan el techo de agregado de valor los sectores. Una base de datos de ganado que abarca al 100% de los vacunos es muy valiosa.

Una que abarque al 90% del ganado no vale casi nada. Salir al mundo diciendo que tenemos trazabilidad a veces sí y a veces no, que cuidamos rigurosamente los suelos, pero a veces, y que respecto a usar hormonas, puede que no o puede que sí, desvalorizaría un esfuerzo de diferenciación de décadas.
La diferenciación debe seguir como política de Estado, incorporando los esfuerzos que hace la gente de Alianza del Pastizal y los emprendimientos que tendrán que venir mostrando sistemas de pastoreo que capturen carbono y tantas otras por desarrollar. Y los productores deben sentirlo en sus bolsillos.
En materia de costos el problema de origen se sabe que es el precio de la energía que se derrama sobre los fletes y la vida cotidiana. Y tiene que ver con un dólar que sigue entre planchado y bajando.
También desanima el precio del novillo, el más bajo de los cuatro países del Mercosur. Pero es difícil proyectar precios más altos desarmando los atributos de diferenciación.
En materia de precios hay un enorme debate, pero la teoría económica da pistas sobre lo que pasa en la dialéctica entre una parte del mercado totalmente atomizada y una parte que no lo está.
Esta compra marca un antes y un después en el sector cárnico uruguayo también por las características, porque demuestra que la apertura del mercado más exigente del mundo está realmente cercana.
Venderle carne a Japón es importante por sí mismo, ya que es un fuerte importador, pero también porque con ese galardón se vende más fácil en todas partes. Quedamos finalmente a la altura de Australia y Nueva Zelanda.
Se cierra una etapa que empezó en 2003, cuando velozmente Uruguay se convirtió en el primer país del mundo en exportar carne a EEUU y Canadá vacunando contra la aftosa. Luego siguió México y hace poco Corea del Sur. Esta compra es prácticamente una confirmación de que la ganadería uruguaya estará en breve en las góndolas de Japón.
Pero llega en un momento oportuno sobre todo porque si el desánimo ganadero sigue hay posibilidades de que Uruguay se convierta en un gran bosque con praderas. Como planteó Gabriel Capurro en la reciente expo Melilla, “podemos terminar todos en un monte de eucaliptos y no sé si a la larga es más negocio que seguir produciendo alimentos”.
Ese es el quid de la cuestión. Cabe esperar que esta llegada sea el primero de los varios cambios necesarios para que el ánimo de los ganaderos vuelva a alinearse con los logros que se obtienen en los mercados. Y que Uruguay siga siendo una pradera con bosques capaz de agregar valor sin techo.
La valorización de la carne generada en razas británicas, con buena participación de campos naturales mejorados, terminados con la terneza que cada consumidor quiera, de ganados trazados, bien tratados y sin hormonas, no tiene techo.
La valorización de otros productos como la madera, por ahora al menos, tiene un techo más bajo. Y en el largo plazo, la carne, podemos estar seguros, seguirá dando felicidad a millones de comensales.
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Fuente: Observa

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