22 de mayo de 2017 12:54 PM
Imprimir

Del tractor a WhatsApp: cómo se hace para estudiar en las zonas rurales inundadas

En Córdoba, alumnos y docentes de las escuelas rurales echan mano a diversas alternativas para no perder clases.

Las inundaciones y anegamientos no sólo impactan en la economía de esta provincia -el último informe de la Bolsa de Cereales estimó una pérdida de unos $1820 millones (0,3% del PBG), sino que afectan la vida diaria de los pueblos y de los alumnos que asisten a escuelas rurales, que tienen menos días de clases y hacen “operativos de logística” diarios para llegar.

En el departamento San Justo, en el Campo La Salada, Verónica Gijena lleva siete años frente a la escuela Cornelio Saavedra. Este es el primer año en el que pudo empezar las clases a tiempo. Los últimos tres fueron “caóticos” con varios meses sin que los chicos pudieran llegar al establecimiento.

Hoy cursan -entre primaria y secundaria- 36 alumnos. “Con las lluvias no se podía llegar; buscábamos caminos alternativos, pasando por potreros, por pueblos vecinos -cuenta a LA NACION-, aunque estamos a 15 kilómetros del pueblo hacíamos 80 kilómetros”. Incluso, debió quedarse dos días en una casa para estar más cerca.

Una odisea vivieron alumnos y maestras de la escuela Olegario Víctor Andrada, en la zona de coloia El Florentino, a unos 40 kilómetros de Las Varillas. Este año quedó arreglada y se puede llegar, pero en los últimos cuatro los problemas por el agua se multiplicaron.

Estela Giordanino, productora de la zona -tres de sus hijos fueron a ese establecimiento- señala que hoy el camino sigue siendo un problema. “Si llueve, durante dos o tres días es un río. Se borró todo y estamos cansados de reclamar”, dice. Su campo está al lado de la escuela y recuerda que estuvo siete meses sin poder pasar.

Para no perder clases, la maestra buscaba a los chicos en tractor y hasta mudó las aulas a su casa, para poder seguir enseñando. Llegó a hacer 140 kilómetros para ir hasta el edificio. “No sé cómo habrán terminado chicos que tuvieron tres meses de clases”, insiste Giordanino.

Señala que una preocupación de los trabajadores rurales, a la hora de aceptar un puesto, es que haya escuela rural. “Quedan pocas, pero hay que valorarlas porque son las que forman a estos chicos de papás golondrinas, que buscan trabajo de un lado a otro”, afirma.

Mónica Pantanetti es maestra en el jardín de infantes de la escuela de Toro Pujio, a 40 kilómetros de Arroyito. En la zona el problema es inverso al del resto. Los alumnos no pueden salir de los campos y llegar al pueblo. La Municipalidad decidió instrumentar un sistema de transporte para buscarlos.

“Se arreglan entre papás y choferes para buscarlos en algún punto; así no pierden clases porque si hay mucho anegamiento no pueden venir hasta el centro del pueblo. De esta manera resolvimos un problema”, apunta Pantanetti.

 
Con esfuerzo

En Córdoba, según datos del Ministerio de Educación, hay 1039 servicios educativos rurales a nivel primario y 127 escuelas rurales secundarias; las que tienen los accesos complicados por las inundaciones -según la misma fuente- son unas siete.

Silvia Pusetto, productora y tesorera de la cooperadora de la escuela Saavedra, enfatiza el “logro” de este año. La Municipalidad les terminará el salón que vienen construyendo desde hace años para que se pueda hacer la clase de gimnasia cuando llueve y hace frío.

En todos los casos los chicos llegan a caballo, en bici, caminando, como pueden. Viven entre dos y 25 kilómetros de las escuelas y en algunas, como la Tambor de Tacuarí (departamento San Justo), son pocos. En este caso, media docena.

“Los peones rurales son golondrinas así que el alumnado es muy fluctuante -señala Gijena-. Con las inundaciones, muchos tambos cerraron y la matrícula cae en algunas”.

En Toro Pujio, en la secundaria Gabriela Mistral, los docentes decidieron dar clases por internet cuando las lluvias no permiten asistir. “Todo sea por no perder; usamos el teléfono, mensajes, WhatsApp, pero avanzamos”, agregan.

En Guardia Vieja, cerca de Laboulaye (sur de Córdoba), la maestra Sonia Miranda está habituada a trasladarse en tractores que tiran carros. Así llegan a la escuela. “Lo que tratamos es de asegurar la continuidad de la trayectoria educativa, aun cuando se hace difícil llegar. Buscamos una manera de acceder”, cuenta. Allí son 14 chicos de nivel inicial y primario.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: La Nacion

Publicidad