23 de mayo de 2017 12:49 PM
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Pescadilla y pejerrey en la banquina chica marplatense

Movimiento de algunas lanchas artesanales que salen a pescar con pedidos puntuales. Ninguna de las dos especies se reprocesa en las plantas de tierra

Las pocas lanchas que todavía flotan en la banquina del puerto marplatense encontraron actividad en los últimos días pescando pescadilla y en menor medida pejerrey, a pocas millas de la estación marítima, frente al vaciadero de Obras Sanitarias, al norte de la ciudad.

La lancha Que Dios se lo pague es una de las que participa de estas salidas en busca de un recurso dominado por ejemplares chicos. “Vamos porque la cooperativa (Coomarpes) tiene pedidos y sabemos que se va a vender”, dice uno de los marineros que participa de la descarga, haciendo equilibrio en la cubierta de la lancha.

El tripulante le hace señales al guía de la grúa que está en el nivel superior, al lado de dos camiones que de culata esperan los cajones. Es la primera en llegar. “En media hora están llegando otras dos”, dice quien fiscaliza la operatoria y anota los cajones en una libreta negra.

La pescadilla entre mediana y chica. Se la están pagando entre 9 y 11 pesos, aunque si la oferta pasa la demanda, puede bajar un poco el precio. La cooperativa solo levanta pedidos de pescadilla.

Los compradores de dicha materia prima son los frigoríficos chinos que exportan el pescado entero. Algunos cajones, cuando la pescadilla es muy chica, los compra el Aquarium para alimentar a los animales que tiene en cautiverio en el oceanario.

En lo que va del año la flota declaró desembarques por 380 toneladas, de las 3500 que se descargaron al 11 de mayo, según la estadística oficial. Los costeros aportaron 2821 toneladas y los fresqueros aportaron 384 toneladas.

El pejerrey se paga entre $ 20 y $ 22 y como la cooperativa no levanta pedidos, las lanchas lo comercializan a un par de placeros que hacen mercado interno.

“Esto sale para Buenos Aires así como está”, avisa otro de los marineros que participa de la descarga de la Que Dios se lo pague cuando se le pregunta el destino de los dos cajones de pejerrey que están separados del resto en la cubierta de la lancha.

Ninguna de las dos especies, pescadilla ni pejerrey, se reprocesa en las plantas de tierra. Si pensamos que con la temporada de corvina ocurrirá lo mismo y faltará la merluza de los fresqueros de altura que migraron a buscar langostino, el panorama en las mesas de corte de los fileteros asoma complicado.

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Fuente: Revista Puerto - Mar del Plata

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