24 de mayo de 2017 13:38 PM
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El azúcar amarga la relación entre México y EEUU

En Atencingo viven casi 11 mil personas. Es una población situada en el estado de Puebla, a unos 175 km al suroeste de Ciudad de México, cuyo futuro depende de los resultados de disputa comercial de México con Estados Unidos.
Desde hace varias generaciones su población se dedica, entre noviembre y mayo, al corte de caña y a la producción del azúcar. El resto del año, muchos se dedican a la construcción o se marchan a Sonora (norte) para dedicarse a la cosecha de la uva.
“Decir caña en esta parte del estado es sinónimo de trabajo (y) de muchos años de tradición”, relata a la AFP Gabriel Conrado, de 57 años, quien representa al sindicato de campesinos en la región.
Nos pagan a 36 pesos la tonelada (unos USD 1,8. Si cortas ganas (dinero), si no cortas no ganas nada“, cuenta a la AFP Enrique González, un campesino de 31 años recubierto de ceniza y machete en mano, en medio de un frondoso campo de tallos verdes y amarillos forrados de hojas.
El proceso para lograr azúcar comienza con la quema de las cañas, luego se tajan con machetes y posteriormente se mandan a las fábricas, donde son molidas para obtener un jarabe que terminará siendo cristalizado y procesado.
Los jornaleros ganan entre 600 y 700 pesos al día, un salario que la mayoría necesita para mantener a sus familias, aunque su sustento está ahora en peligro.
Los productores son conscientes de la importancia del azúcar en las comunidades que la elaboran. “Esperemos que no pase nada, que (la negociación) llegue a un buen término”, agrega.
La disputa
Y es que sobre esta población se cierne la amenaza de que parte del endulzante que producen puede quedarse varado en la frontera con Estados Unidos por un conflicto sobre el precio, en la antesala de la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); un pacto vidente desde 1994 y que el presidente estadounidense Donald Trump considera nocivo para su país.
México tiene hasta el 5 de junio para llegar a un acuerdo con Washington que siga permitiendo la entrada sin aranceles del azúcar, del que exportó 1,1 millones de toneladas en 2016, según cifras oficiales.
De lo contrario, Estados Unidos planea aplicar un impuesto de hasta el 80 %, según la industria, lo que sentaría un mal precedente para la revisión del TLCAN que posiblemente comenzaría en agosto.
“Obligaría al gobierno mexicano a endurecer posiciones a la hora de una renegociación, tanto políticamente como en términos económicos”, advierte a la AFP Alejandro Luna, abogado especializado en comercio de la firma Santamarina & Steta.
Un problema agridulce para México
El azúcar de caña mexicano entraba a Estados Unidos sin restricciones arancelarias ni de cupo desde 2008, como parte del proceso de apertura del TLCAN.
Al mismo tiempo, el mercado local se abrió a la fructosa estadounidense, utilizada principalmente por la industria de los refrescos.
Ambos gobiernos llegaron a un acuerdo en 2014 que limita el azúcar que puede enviar México. La industria estadounidense acusa a México de incurrir en dumping al exportar su azúcar más barato de lo que lo venden en su propio mercado.
Pero Washington y México reiniciaron las negociaciones el año pasado debido a las nuevas quejas de los empresarios estadounidenses.
Si nos ponen aranceles, nos sacan del mercado“, aseguró hace unos días Juan Cortina, presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera (CNIAA).
La Secretaría de Economía de México dijo a principios de mayo que las empresas que han presentado el reclamo buscan en parte “eliminar la competencia de azúcar refinada de México en el mercado estadounidense“.
Presión de la industria
Sin embargo, la organización CNIAA busca generar mayor presión a la negociación del convenio abriendo una investigación antidumping en México contra la fructosa estadounidense.
“El consumo de fructosa en nuestro país es de alrededor de 1,6 millones de toneladas. Es por eso que para nosotros es importante hacer valer este derecho de investigación antidumping contra la fructosa”, subraya Cortina.
Mientras México y Estados Unidos tratan de salvar un acuerdo para evitar amargar más su relación, González confía en participar en la próxima temporada de corte.
“Ahora a esperar a que empiece otra vez, si te quieren dar trabajo en las parcelas”, dice mientras amontona la caña recién cortada y envuelto por un aire dulce.
Contexto Ganadero
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Fuente: Agromeat

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