26 de mayo de 2017 11:39 AM
Imprimir

El agro tecnológico

El agro es uno de los sectores donde más tecnologías convergen, donde más interaccionan tecnología y conocimiento. Me atrevería a fundamentar y a sostener que es el sector donde más intensamente eso se da y que el Uruguay, como país agroexportador que es, deberíamos explotar y catapultarnos a partir de aquí. Erróneamente, se suele mirar […]

El agro es uno de los sectores donde más tecnologías convergen, donde más interaccionan tecnología y conocimiento. Me atrevería a fundamentar y a sostener que es el sector donde más intensamente eso se da y que el Uruguay, como país agroexportador que es, deberíamos explotar y catapultarnos a partir de aquí. Erróneamente, se suele mirar el agro como un sector conservador y retrasado en la incorporación del progreso, empaquetado éste concepto en cualquier versión con que queramos identificarlo.

Uno coincidiría con que el agro está levemente digitalizado. Pero digitalizado no es lo mismo que tecnificado. Si hay algo que es fenomenal es la convergencia de tecnologías que uno encuentra en el sistema agropecuario, y éstas van desde las biociencias, las satelitales y espaciales, las robóticas, las de automatización, las de la información, todas ellas convergiendo además con la del conocimiento blando, la gestión de procesos. Pensemos en un agricultor que utiliza semillas, fertilizantes, insumos para la protección de los cultivos, sensores remotos en sus cosechadoras, imágenes satelitales y espaciales, monitores de rendimiento, “internet de las cosas”. Fijémonos cuántas dimensiones tecnológicas convergen en la chacra, y cuánto desarrollo de conocimiento hay en cada una de ellas.

Hace unos días, Bill Gates decía, en una conferencia de graduación (él que no terminó ninguna carrera), que hoy, si tuviera que elegir, consideraría la inteligencia artificial, la energía y las biociencias como las alternativas de mayor impacto futuro. La inteligencia artificial aparece como algo fantástico; para aquellos con intriga, una recomendación es indagar en Internet por IBM y su proyecto Watson. Los temas energéticos y las biociencias están íntimamente ligados al agro desde hace muchos años. La energía (su generación, almacenamiento y distribución) enfrenta un cambio de paradigma mundial, donde no habrá una sustitución total de las energías fósiles pero sí un crecimiento de otras fuentes, como por ejemplo la solar y eólica. Países oferentes de petróleo como los saudíes o grandes consumidores, como China o India, proyectan un mundo diferente.

Por otro lado, en las biociencias, ya desde el descubrimiento del genoma humano y luego la secuenciación del de varias especies, y con el increíble desarrollo tecnológico asociado (que va desde las impresiones 3D de lo que usted quiera hasta la edición de genes, esto es un “corto y pego” y armado de secuencias genómicas), tendremos un acelerado cambio de paradigma. Y en los alimentos y productos del agro lo veremos pronto.

En 1931 Churchill dijo que dentro de 50 años escaparíamos del absurdo de criar un pollo entero para comer la pechuga o un ala y en cambio haríamos crecer cada parte por separado en un medio adecuado. Le pegó en el palo del tiempo. Ya hay carne y cuero vacuno pero que no viene de una vaca que hace mu, sino de células cultivadas (en el caso del cuero, le sugiero googlear Modern Meadow). Es decir, hay gente que busca cambiar el paradigma dominante, aquel de convertir la energía del sol al pasto o al grano y de ahí transformarlo en proteína. Tendremos hamburguesas igual de ricas y con las propiedades que se nos canten dentro de 15 años. Lo sintético será una alternativa más. Esto trae desafíos y oportunidades tremendas.

Entonces, ¿qué será importante para un país como Uruguay, qué tipo de carne o lácteos producir, cómo diferenciarse, que valor agregarán las cadenas de producción? (En esto último quiero pensar que tendrán un fuerte valor como preservadoras y regeneradoras del ambiente).

Como decía al inicio, tenemos la suerte de estar en un sector donde confluyen innumerables tecnologías, que es dinámico y transformador. En la vuelta regional el aire de la corrupción lo destruye todo y las urgencias, pobrezas diarias, nos ocupan el tiempo y nos impiden mirar más lejos. Pero hacerlo, no deja de ser un ejercicio vital.

Por Lautaro Pérez Rocha

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: Observa

Publicidad