26 de mayo de 2017 10:08 AM
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¿Es China quien marca el camino?

La reciente gira presidencial por Asia abrió el camino de posibles acuerdos comerciales en los que el sector agroindustrial ocupa un lugar fundamental.

Al progreso agroindustrial, que impone un alto grado de apertura externa, se contraponen los intereses “industrialistas” en favor de políticas de sustitución de importaciones y de focalización en el mercado interno. Tras ellas, subyace la voracidad de un Estado que crece día a día y donde anidan grupos ávidos de prebendas.

La dirigencia en general ha nutrido su comportamiento sobre la creencia de que existe un granero inmensamente rico. Así, por la evidente ventaja comparativa de la Argentina, en nuestro país ha subsistido una suerte de escuela de irresponsabilidad. Y lo que debiera ser una bendición deviene en maldición. El mito de que el campo representa sólo la producción de commodities y de materias primas con escaso valor incorporado sigue vigente.

La ideología, vigente desde los años 40, permitió el desarrollo de políticas económicas favorables a la industria (protegida) y al Estado irresponsable mediante transferencias de ingresos desde el eslabón agrario. Pero las cosas están cambiando.

Cada vez se comprende mejor que un uso racional de las ventajas comparativas es hacer industria, como eslabonamiento hacia el cliente final aguas abajo- y hacia la elaboración de insumos y producción de bienes de capital aguas arriba-.

La experiencia mundial muestra que cuanto más elevada es la calidad de las instituciones, más probable resulta el desarrollo de la cadena agroindustrial, tanto aguas arriba como hacia abajo. A mejores instituciones, le corresponde una mayor tendencia a la industrialización e incorporación de mano de obra. En tal caso, más elevado será el comercio interno y, más propensión existirá al comercio externo.

El mundo demanda productos ligados al agro y nosotros podemos satisfacerlo. En la actualidad, el nuevo esquema mundial, la región comprendida por el este, sudeste y sur de Asia- constituye la economía más dinámica del globo. El Fondo Monetario Internacional proyecta que la participación de los emergentes asiáticos en la producción mundial (en paridad de poder adquisitivo) aumentará de apenas 9% del total en 1980 a 38% en el año 2021.

Desde el arribo de Donald Trump al poder, la configuración del comercio internacional ha quedado visiblemente dividida en dos posiciones. Hoy el mundo se halla bajo la presión de dos fuerzas divergentes que permiten un inestable equilibrio. Por un lado, actúa EE.UU. y por otro, China.

El primero ha dejado atrás su papel de líder del comercio. Trump sostiene que “la protección llevará mayor prosperidad y fortaleza”. El segundo, se yergue como nuevo impulsor del comercio. El presidente de China, Xi Jinping, afirma que “debemos fomentar el comercio y la inversión, la liberalización y la simplificación mediante la apertura y decirle no al proteccionismo”

La historia reciente muestra claramente cómo el comercio ha sido la herramienta central que, mediante el uso de las ventajas comparativas, las economías de escala, el acceso al know-how y la competencia, ha llevado a tal grado de desarrollo a esta región asiática.

Un dato de extrema relevancia vale destacar: hoy el mundo tiene empresas multinacionales que, instaladas en distintos países en simultáneo, son procedentes de países emergentes. De las principales cien empresas de esta clase, cuarenta y cuatro son de China y veintiuna, de India.

Este es el camino para nuestro país. 


Manuel Alvarado Ledesma
Profesor de Maestría de Agronegocios de la UCEMA

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Fuente: Ambito Financiero

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