28 de mayo de 2017 02:31 AM
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Nutrición de cultivos, más allá de la próxima cosecha

Rosario fue sede de un nuevo encuentro organizado por Fertilizar Asociación Civil y el IPNI Cono Sur. Se abordaron los desafíos de producir más alimentos a nivel mundial, las nuevas tecnologías de fertilización, resultados obtenidos con buenas prácticas de manejo y los factores que limitan la reposición de nutrientes en la agricultura nacional.

Fertilizar Asociación Civil y el IPNI Cono Sur (Instituto Internacional de Nutrición de Plantas, por su siglas en inglés) desarrollaron durante los días 17 y 18 de mayo el “Simposio Fertilidad 2017” bajo el lema “Más allá de la próxima cosecha”, con la presencia de importantes disertantes y ante alrededor de 900 personas en el Centro de Convenciones Metropolitano de Rosario, más 1.000 vía transmisión on line. Los temas centrales en ambas jornadas fueron los desafíos de producir más alimentos a nivel mundial, las nuevas tecnologías de fertilización, resultados obtenidos con buenas prácticas de manejo y los factores que limitan la reposición de nutrientes en la agricultura nacional.

Crecer en rendimiento

Dando comienzo al ciclo de charlas técnicas de la primera jornada, Fernando Andrade del INTA Balcarce, señaló: “en el mundo se cultivan 15 millones de km2, pero la expansión de la superficie ya no puede ser por la vía principal del incremento de la producción. El camino es que aumentar la eficiencia en el uso de los recursos”. Citó el caso del maíz, que con sólo incrementar los rendimientos promedio del mundo a 70 quintales la producción aumentaría en 400 millones de toneladas. “Debemos alcanzar altos niveles achicando brechas de rendimiento”, señaló el especialista.

Agregó que es cada vez más difícil aumentar la productividad sólo con el uso de insumos y que, en cambio, se debe apuntar a las tecnologías de procesos y conocimientos, como el mejoramiento genético de las semillas y el manejo ecofisiológico de los cultivos: densidad y fecha de siembra, agricultura por ambientes, realizar rotaciones y cultivos de cobertura. “En el caso de Argentina, aún utilizamos poco fertilizante y poco riego”, puntualizó.

Con una mirada a largo plazo, Mike McLaughlin, irlandés que desarrolló sus investigaciones en la Universidad australiana de Adelaide, anticipó que la nueva tecnología pasará por formulaciones más eficientes con polímeros (nanotecnología) “que sincronicen más la oferta del nutriente con la demanda de la planta”. También predijo que se verán mayores combinaciones entre fertilizantes y bioestimulantes. En este sentido, anunció la aparición de dos patentes -que podrían estar en el mercado en 2 ó 3 años- relacionados a un zinc soluble en agua y a un producto de liberación lenta con boro (un nutriente muy lavable).

El especialista aclaró que no existe una única vía para mejorar la eficiencia de uso del fósforo y se requieren estrategias integradas que combinen suelo-ambiente-sistema agrícola. “Por ejemplo, en suelos con alta capacidad de absorción de fósforo (como los oxisoles) y suelos calcáreos, el bandeado de fósforo debajo y/o al costado de la semilla ayuda a minimizar el volumen de suelo fertilizado e incrementa la probabilidad de contacto raíz-fertilizante”. Otras opciones pueden consistir -agregó- en seleccionar formulaciones de fertilizantes que minimicen las reacciones de sorción, utilizar cultivos y/o microorganismos que puedan movilizar formas inorgánicas poco solubles en el suelo. Asimismo, el mejoramiento genético de los cultivos para seleccionar variedades con sistemas radicales que conducen a una mayor adquisición de fósforo es un aspecto clave. “Ahora bien, y sin lugar a dudas, hacer análisis de suelos y plantas es fundamental para asegurar que el fertilizante fosfatado es utilizado juiciosamente”.

También expresó su sorpresa frente al desbalance de nutrientes en Argentina porque se extrae mucho más de lo que se aplica. Advirtió que en el caso del potasio, “el balance es tan negativo, que puede llevar a una deficiencia prontamente”.

Sobre el debate en torno a la fertilización y el ambiente sostuvo que “las restricciones ambientales van a ser cada vez mayores” por lo que los nutrientes “se deben aplicar con eficiencia”.

Cómo está el suelo

En paneles subsiguientes se mostraron resultados de ensayos de larga duración, como los que implementa el INTA lo largo del país. Estos estudios miden variables físico-químicas y biológicas que expresan la evolución de la fertilidad y salud del suelo. La materia orgánica está concebida como la memoria del suelo de forma que su valor indica cómo impactaron en el suelo las prácticas llevadas a cabo en el mismo.

Alcira Irizar, de INTA Pergamino, mostró cómo en los primeros 40 años de agricultura en la zona núcleo se perdió el 27% del carbono orgánico del suelo debido a las altas tasas de mineralización que expresaban por la quema de rastrojos y labranzas continuas. Luego, las pérdidas se estabilizaron gracias a la cosecha mecánica y posteriormente a la siembra directa y labranza cero. “Actualmente, se observa que solamente un 11% de los productores cuenta con un buen nivel de materia orgánica en sus lotes”.

Los ensayos de larga duración que se realizan en el INTA Pergamino desde hace más de 30 años permiten observar y predecir lo que sucederá en el futuro en el caso de mantener el actual modelo productivo. En las rotaciones ensayadas se observa que el monocultivo de soja fue el que menos carbono aportó, solamente 3,1 tn C/ha/año, mientras que la rotación Maíz, Trigo y soja primera es la que mejor se comportó con 5,8tn C /ha/año. También se dijo que la sola inclusión de cultivos de cobertura con avena/vicia en monocultivo aumentó un 12% la reserva de carbono.

Por otra parte el ingeniero agrónomo de la FAUBA, Pablo Calviño comentó el ensayo que llevó a cabo en Tandil con el grupo CREA para medir variabilidades de rendimientos significativas en lotes que eran similares, pero sobre los cuales definieron nuevos ambientes: con napa y sin napa, con napa pero con pendiente, lomas húmedas y lomas secas. “Después, pusimos cada cultivo en su mejor ambiente y los manejamos con la tecnología ideal”. Como resultado, “la renta agrícola aumentó el 96% respecto del manejo tradicional, y en 85% de los casos la diferencia por manejo de ambiente era mayor a 1.000 kilos de rendimientos”.

Gustavo López, asesor privado en el centro de Santa Fe describió que la diferencia principal de rendimientos se da por el perfil del suelo y en donde las cuestiones químicas tienen una incidencia menor y no presentan mayores limitantes. En un ensayo sólo con maíz determinó tres ambientes pero se varió la densidad de siembra y la cantidad de fertilizante aplicados. “Así se logró que el margen bruto, incluso en el ambiente de peor calidad, fuera mayor que en el testigo”, señaló.

Para López, la agricultura de precisión implica “definir toda la tecnología y adaptarla a cada ambiente con diferentes protocolos para cada uno, según grupos de madurez, híbridos, rotaciones y cultivo de cobertura, nutrición balanceada y fecha de siembra. Es decir que hay que hacer agronomía básica”.

Novedades en fertilización

En otro panel, un grupo de especialistas dieron una serie de recomendaciones para la aplicación de micronutrientes, cultivos de cobertura, suelos compactados, uso de fertilizantes biológicos y los números de la fertilización.

Gustavo Ferraris, del INTA Pergamino, habló de un problema que apareció en los últimos años: la deficiencia en micronutrientes. “Se da por tres causas principales: baja disponibilidad en el suelo, un cultivo con particular exigencia del micronutriente o por ambientes predisponentes”. La deficiencia de boro -remarcó- ocurre por una baja disponibilidad y también por el exceso de lluvias o por sequía (ambiente). Luego analizó la deficiencia de cloro del cual “se habla menos pero la magnitud es importante”. Se trata de un micronutriente que es particularmente exigido por el trigo, por lo que su aplicación “reduce la severidad de enfermedades como roya y mancha amarilla”. Por último, analizó la situación del manganeso, un nutriente que presenta un tipo de deficiencia ‘inducida‘ por la aplicación de herbicidas, principalmente el glifosato. “El gran desafío es la integración de los micronutrientes en las prácticas de manejo habituales potenciado sus efectos en el cultivo. Hemos comprobado que la respuesta a micronutrientes no está asilada del buen manejo del sistema: optimizar la fecha de siembra, el grupo de maduración y otras buenas prácticas agronómicas potencian su efecto”.

Pablo Barberi, del INTA Balcarce, completó la secuencia respecto de la aplicación de zinc en maíz, sobre el cual resumió que actualmente es tan deficitario en casi toda la Pampa Húmeda que “la respuesta es generalizada y se manifiestan tanto a nivel de rendimientos bajos medios y bajos”. ¿Dónde? Barberis dijo que es más conveniente la aplicación en el suelo -por sobre la foliar y en la semilla- porque permite su acumulación.

A su turno, Adrián Rovea, del CREA Sur de Santa Fe, habló sobre la conveniencia de hacer cultivos de cobertura en la zona núcleo, aún cuando implican mayores costos. “El cultivo de cobertura tiene dos pilares: el consumo de agua y la inmovilización de nutrientes; si se logra manejar esto, es una oportunidad”. Resumió que ‘el cultivo de cobertura es una tecnología de proceso que simplifica el manejo de malezas y el encharcado‘. Agregó que también ayuda en el control de malezas, ‘especialmente sobre eleucine, que se está haciendo resistente‘ y colabora en la descompactación del suelo: ‘con cobertura se pierde la compactación en dos meses y medio”, aseveró.

Difundir conocimiento

Sobre el cierre del encuentro se trató de responder a la pregunta ¿Por qué no fertilizamos cómo debemos? Al respecto el Director de Investigación y Desarrollo de AACREA, Federico Bert, se refirió a tres factores relacionados: estructurales, coyunturales y culturales. Los primeros se refieren a la variabilidad climática “que genera incertidumbre en los resultados que se espera” y que llevan al productor a evitar o disminuir los riesgos. Otra cuestión estructural es la del régimen de tenencia de la tierra. “Tenemos gran parte del área agrícola argentina arrendada con contratos de corto plazo que no estimulan el planeamiento de mediano y largo. En este marco, los productores usan el criterio de suficiencia y no de reposición”, describió Bert.

En el caso de los factores coyunturales, el especialista mencionó a la relación insumo-producto, sumado a la situación financiera del productor y las expectativas productivas. “Cuando la relación insumo-producto es mejor, se fertiliza más”, remarcó. Puso como ejemplo la campaña pasada: “el cambio de panorama político dio más certezas y en un año la fertilización mejoró el 50%”.

Finalmente, hizo referencia al factor cultural, “tiene que ver con que muchos productores realmente no tienen claro los beneficios de la fertilización, ni cuánto dejan de ganar por no fertilizar o cuánto pierden por fertilizar menos”.

En ese orden, Bert planteó que “son necesarias la transferencia de conocimiento, la experimentación, las demostraciones a campo, el encuentro de los productores con la experimentación para que vivan en carne propia los beneficios de la fertilización tanto desde lo productivo como de la sustentabildad del sistema agrícola”.

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“Hay que adapta la tecnología a cada ambiente con diferentes protocolos para cada uno, según grupos de madurez, híbridos, rotaciones y cultivo de cobertura, nutrición balanceada y fecha de siembra. Es decir que hay que hacer agronomía básica”

Gustavo López

Asesor privado

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“La nueva tecnología pasará por formulaciones más eficientes con polímeros (nanotecnología) que sincronicen más la oferta del nutriente con la demanda de la planta. También que se verán mayores combinaciones entre fertilizantes y bioestimulantes”

Mike McLaughlin

Universidad de Adelaide, Australia

Para que la ganadería vuelva con todo

María Alejandra Marino (FCA-INTA Balcarce) disertó acerca de la vuelta de las pasturas y destacó que las mismas vuelven a formar parte de los planteos, con nuevos techos productivos y beneficios sistémicos de la rotación donde se evidencia que las pasturas utilizan más eficientemente los recursos disponibles.

En países como Australia y Nueva Zelanda, con condiciones ambientales semejantes a las nuestra, se alcanzan niveles de productividad muy superiores. Aquí Marino explicó que la menor productividad en nuestras pampas es explica por el manejo de la pastura. “Para poder intensificar y aprovechar al máximo es necesario trabajar con suplementos y verdeos para la época de menor productividad”, señaló.

Afirmó que bajo un manejo intenso las pasturas perennes se pueden cosechar de 8 a 10 veces por año produciendo así 1 tn de MS/ha por pastoreo que puede lograr hasta 500- 600kg carne /ha año de productividad. “La fertilización es un tema crucial en este manejo, ya que se debe considerar la demanda del cultivo, el aporte del ambiente, la fijación biológica, el abono por deyecciones y el aporte por fertilización”, añadió Marino.

“Como efecto más tangible e inmediato, se puede decir que la fertilización permite aumentar la cantidad de cosechas por año debido al adelantamiento del pastoreo”, concluyó.

Serán más caros

Mike McLaughlin proyectó que en los próximos años se verá un incremento en el valor de los fertilizantes, vinculado a su costo de producción. “Las actuales oscilaciones de precios dependen muchas veces de si China o India están comprando, pero producir fertilizantes requiere de energía que tiene costos crecientes, por lo que a largo plazo es de esperar que la tendencia de precios vaya en aumento”, señaló.

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Fuente: El Litoral

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