29 de mayo de 2017 12:54 PM
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El sodio enciende la alerta en los suelos de Córdoba

Un trabajo de investigadores de la FCA-UNC determinó la calidad actual de los suelos y la comparó con valores de 30 años atrás. Además del sodio, preocupan los datos sobre carbono y nitrógeno.

Tras años de monocultivo, forzado por la necesidad de los productores de recurrir al único grano que otorgaba rentabilidad, el nuevo panorama favorable de negocios para el agro –que no encuentra trabas comerciales ni impositivas para sembrar trigo, maíz u otros cultivos– ha devuelto a la discusión una palabra que había quedado un tanto olvidada en el diccionario productivo: sustentabilidad.

Hoy en día no hay política pública o encuentro vinculado al campo en el que uno de los ejes no sea el cuidado de los recursos naturales, detrás de aprovechar un contexto en el que ya no es uno solo el cultivo que permite obtener el dinero necesario para vivir.

Sin embargo, estos debates carecen de un elemento clave para ser sustentables: se guían por presunciones o ensayos a campo a nivel de lotes o regiones pequeñas, sin que haya estadísticas que permitan generalizar las conclusiones.

Ese vacío informativo es el que se propuso subsanar un grupo de docentes e investigadores de las asignaturas Edafología y Topografía de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), que publicó un libro titulado Suelos de Córdoba: variabilidad de las propiedades del horizonte superficial.

Susana Hang, Gustavo Negro, Alejandro Becerra y Ariel Rampoldi son los autores de este trabajo, de cuya elaboración participó también Franca Giannini Kurina.

Equipo. Parte de los investigadores que analizaron la evolución de los suelos en las últimas décadas. (FCA-UNC)

Se trata de un relevamiento de las condiciones de los suelos de toda la provincia de Córdoba; los datos obtenidos se contrastaron con cartas de suelos elaboradas por el Inta y por la Secretaría de Agricultura en las décadas de 1970 y de 1980, y se elaboraron mapas que permiten observar cómo cambió la calidad de los suelos en las últimas tres décadas.

Características

El informe demandó dos años de trabajo, con mediciones en toda la geografía cordobesa. “Dividimos la provincia en cuadrículas de 20 kilómetros por 20 kilómetros, y tomamos mediciones en 355 puntos. De allí surgieron 22 determinaciones de datos que, a través de álgebra de mapas, se compararon con los de hace 20 o 30 años”, explicaron Hang y Negro en una entrevista con Agrovoz.

Concretamente, se elaboró un cociente en el que se dividieron los datos nuevos sobre los viejos y se establecieron tres rangos de evaluación: “sin cambios”, cuando la variación fue de más-menos 20 por ciento para las variables texturales (arcilla, limo); de más-menos 10 por ciento para carbono orgánico, nitrógeno total, relación carbono-nitrógeno (C: N), capacidad de intercambio catiónico, potasio y pH, y más-menos 100 por ciento para sodio. Por encima o por debajo de esos porcentajes, se consideró que hubo aumento o disminución de estos componentes.

Que la vara comparativa del sodio respecto de otros indicadores esté más alta constituye de por sí la primera muestra de que este nutriente es el que enciende las alertas entre los investigadores.

Hang describió que los rangos de variación se ampliaron en el sodio debido a los importantes incrementos que se registraron en las mediciones. Según la investigadora, contrariamente a lo que suele afirmarse en cuanto a la acidificación de los suelos como principal problema, los resultados obtenidos sobre pH indican que a lo largo de estos años “lo que se ha detectado es la alcalinización de los suelos como problema de mayor distribución”.

Los datos son elocuentes: el 68 por ciento del territorio cordobés ha sufrido incrementos desde 100 a más de 200 por ciento en el contenido de sodio, desde fines del siglo pasado. Dicho de otro modo: en dos de cada tres hectáreas se duplicó o hasta triplicó la presencia de este mineral.

Factores y consecuencias

“El problema de sodio todavía no asoma grave, pero vemos que la tendencia es que va creciendo, a una tasa que nos llamó poderosamente la atención. Si me preguntan qué seguiría monitoreando en el futuro, la respuesta sería sodio. Y debería ser un monitoreo sistemático”, sintetizó Hang.

Negro, por su parte, enumeró cuáles podrían ser los factores que explican esta tendencia a la alcalinización. “Puede ser el ascenso de napas, el agua que se utiliza para riego y hasta los fertilizantes. Por la zona en la que estamos, esto sucede por acción antrópica, no por aspectos naturales”.

La consecuencia negativa principal que tiene un exceso de sales de sodio es que puede afectar las propiedades físicas y químicas del suelo, lo que se traduce generalmente en dispersión de arcillas y en la consecuente pérdida de porosidad y permeabilidad; es decir, la capacidad de absorber agua.

“Tenemos muchas consultas de productores que están sufriendo compactación de suelos y, entre las variables a tener en cuenta, no consideran el sodio. Quizá no es el principal factor que explica la situación que están sufriendo, pero deben pensar en la posibilidad de que así sea”, añadió Hang.

Materia orgánica

De todos modos, el sodio no es el único indicador que llamó la atención entre los investigadores; también prendieron una señal amarilla los cambios detectados en la materia orgánica, puntualmente en los contenidos de carbono orgánico y nitrógeno.

Estos componentes por separado y la relación entre ambos suelen ser variables muy utilizadas como indicadores de la calidad de los suelos, ya que permiten evaluar las modificaciones provocadas por su uso y manejo como, por ejemplo, si se efectúan rotaciones o qué sistema de siembra se 
utiliza.

Las mediciones arrojaron que en el 46 por ciento del área mapeada hubo una disminución del contenido de carbono orgánico, de entre 10 y 35 por ciento en comparación con el valor inicial.

Un poco más grave es la situación para el nitrógeno: en el 63 por ciento de los campos, disminuyó su presencia entre 10 y 40 por ciento.

En este contexto, el índice C: N mostró condiciones estables, con mayores incrementos que disminuciones, lo que según Hang puede deberse a la consolidación de la siembra directa.

“Una característica de este sistema es que incrementa la fracción dentro del total de la materia orgánica del suelo que es particulada, y este tipo de materia orgánica está más enriquecida en carbono que la fracción humificada. Esto no significa que la siembra directa sea algo malo; por el contrario, combate la erosión más que la labranza tradicional, pero los datos sugieren que podríamos estar frente a una modificación en las proporciones elementales de la materia orgánica de gran parte de los suelos, que significa un material orgánico menos estable”, concluyó Hang.

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Fuente: La Voz

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