5 de junio de 2017 18:20 PM
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El clima pone presión al agro

Notorio aumento de olas de calor y baja en las precipitaciones en las últimas seis décadas coinciden con las proyecciones de cambio climático.

Aumento en el número de olas de calor y notoria baja en la cantidad de agua caída son dos de las anomalías climáticas que dan cuenta de que el cambio climático ya está haciendo de las suyas en el país y poniendo suspenso las actividades agrícolas.

A ellas se agregan eventos extremos, como las sequías en distintas zonas, lluvias que escaseaban en la fecha habitual, pero que luego caen concentradas y provocan aluviones e inundaciones de alto impacto social y que, además, dejan millonarios perjuicios en plantaciones e infraestructura de riego que desafían los manejos y las tecnologías de cultivo.

Es que producto de la acción del hombre, el planeta no para de calentarse. De hecho, la última “Declaración sobre el estado del clima mundial”, publicada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), señala que en 2016 se rompió el récord de temperatura media global, con los valores más altos de la historia

-1,1 °C sobre la temperatura de la época preindustrial- y se produjeron intensas sequías que generaron problemas en la producción agrícola e incertidumbre alimentaria en algunas regiones de África y América Central.

“En Chile, la tendencia al aumento en la temperatura media concuerda plenamente con lo que ocurre en Sudamérica y el planeta. Desde 1950 a 2016, la tendencia de la temperatura media a nivel global es a un aumento de 0,13 °C por década. Más localmente, en Sudamérica también se observa una tendencia positiva, pero aún mayor, correspondiente a 0,18 °C/década, tendencia similar a la de Chile central, 0,17 °C/década”, destaca un informe sobre tendencias observadas y esperadas en temperatura y precipitación realizado por la meteoróloga Carolina Vidal y la ingeniera agrónoma Viviana Tudela, de la Sección Agrícola de Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

Calor extremo

El incremento de la temperatura ha dado origen a eventos como las olas de calor, que es cuando durante al menos tres días se registran máximas sobre el 10% de los valores más altos. En la segunda mitad del siglo XX el número de olas de calor entre noviembre y marzo no superaba los cuatro eventos en Santiago. En la actual década ya se registran tres temporadas con 5 o más. Y la situación se repite en otras regiones del país, incluso en zonas como Temuco y Coyhaique. Esto coincide con lo que ocurre a nivel global, donde las proyecciones, indican que “los fenómenos cálidos aumentaran su intensidad y frecuencia en torno al 20%”, destacan las especialistas.

Menos agua

La información de la DMC dan cuenta de que las precipitaciones muestran una tendencia a la disminución en los últimos 67 años en la zona centro-sur, con una baja por década de 26 mm en Curicó y de 50 mm en Chillán. Eso sí, aclaran que las cifras están fuertemente influenciadas por la megasequía de la zona central, con ocho años seguidos de déficit de precipitaciones.

Lo grave es que las simulaciones de escenarios futuros para Chile indican que la situación no se revertirá hacia los años 2030-2050. Se proyecta una disminución de las precipitaciones en la zona central y en la zona sur, con una caída entre 20% y 30%, que se mantendría entre 2080 y 2100.

“El incremento de la temperatura media conlleva un incremento en la demanda hídrica y cambios en la dinámica de desarrollo de especies vegetales e insectos. Por lo tanto, es importante desarrollar, entre otros aspectos, proyecciones de las variables agroclimáticas que influyen mayormente en el desarrollo y producción, que sirva de apoyo a las decisiones de cambios en uso de suelo, y desarrollar o mejorar sistemas de pronóstico fenológico de cultivos y plagas”, señalan Carolina Vidal y Viviana Tudela .

Mejor uso

La situación presiona a redoblar el paso en materia de gestión hídrica para así seguir regando. “La escasez de agua es la mayor amenaza que trae el cambio climático, por sobre el aumento de la variabilidad, o de ciertos eventos extremos como lluvias intensas, vientos y granizo”, señala el doctor en Bioclimatología de la Universidad de Chile Fernando Santibáñez.

Alude a que a la menor cantidad de precipitaciones se añade que se espera que en la cordillera de los Andes la isorterma suba entre 300 y 500 metros, reduciendo su capacidad de almacenar nieve entre el río Aconcagua y el Biobío, lo que representaría una pérdida de entre 400 y 450 millones de metros cúbicos, que ahora caerían en forma líquida y, por lo tanto, dejarían de estar disponibles en primavera-verano, cuando se necesitan para riego. Esto a la vez aumentaría los caudales en invierno con riesgo de crecidas e inundaciones.

Además, aumentarán las demandas evapotranspirativas de las plantas, presionando al alza los requerimientos de riego, en especial de los frutales. La menor cantidad de días de lluvia, según Santibáñez, impactará fuertemente la ya alicaída agricultura de secano entre Valparaíso y Biobío.

Otro cambio esperado es que el viento aumente en intensidad, en especial en zonas costeras y cordilleranas, y con una atmósfera más caliente tendería a aumentar la intensidad y frecuencia de lluvias convectivas, lluvias súbitas de gran intensidad asociadas a tormentas eléctricas y granizos. La cara buena es que eso podría ayudar a recargar las reservas de agua, pero la mala es que podría aumentar el granizo en zonas agrícolas.

A lo largo del país, la capacidad de almacenamiento es superior a los 5.000 millones de metros cúbicos, el problema es que no está distribuida en relación con las nuevas condiciones. Biobío aparece como la mejor dotada, con una posibilidad de embalse correspondiente a cinco años de uso, si toda el agua se destinara a agricultura. Luego vienen las regiones de Atacama y Coquimbo, mientras que Valparaíso y O’Higgins son las más deficitarias. Eso se demuestra en que a principios de 1900 no había más de 500 mil hectáreas regadas en Chile, hacia 1970 había más de un millón, pero en las últimas décadas el área regada creció apenas en 30.000 hectáreas.

69
MM POR DÉCADA
han bajado las precipitaciones en Concepción.

7
OLAS DE CALOR
se han registrado en Santiago en 2011-2012 y también en 2016-2017

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Fuente: El Mercurio

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