9 de junio de 2017 11:25 AM
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Trigo: rindes no es igual a calidad

Al momento de planificar la nueva campaña el productor debe decidir a qué tipo de producción apunta. Es imprescindible determinar la variedad y el grupo de siembra. Recomendaciones para no errar.

A la hora de comercializar el trigo la primera pregunta que surge es: ¿Qué calidad me ofrece usted? Las respuestas pueden ser diversas, según la necesidad del cliente, porque para un molinero el porcentaje de proteínas es una parte importante, además de otros parámetros, pero para un exportador sus necesidades pueden ser muy diferentes.

Muchas veces se espera un mayor potencial de rendimiento, pero el resultado es una menor calidad. Y si los rindes son menores, la calidad puede ser mayor. El secreto productivo está en combinar ambos atributos.

En este sentido Daniel Miralles, ingeniero agrónomo, investigador del Conicet y docente en la Facultad de Agronomía, dejó algunas señales para el productor durante el 13º Simposio sobre cereales organizado por Syngenta en Mar del Plata la semana pasada.

“Uno de los parámetros más difundidos en calidad es la proteína, que implica tener una calidad panadera industrial correcta. El otro es la calidad del gluten que en definitiva determina la fuerza de la masa. El gluten puede ser muy tenaz, muy débil o un intermedio equilibrado que busca la industria”, definió Miralles.

En la Argentina los grupos de calidad de trigo son uno, dos y tres. Los cultivares ingresan a cada uno de estos grupos según los porcentajes de proteínas y gluten que posean. Un material que pertenece al grupo uno, puede pasar a otro grupo, porque cada dos años la comisión asesora del INASE (Instituto Nacional de Semillas) revisa los resultados en la Red nacional de ensayos oficiales sobre la base de cultivares testigo.

Según la página del INASE, en la actualidad se encuentran inscriptos dentro del grupo uno, los trigos de mejor calidad, 24 materiales, grupo dos, 47 materiales que combinan gluten y proteínas de calidad y luego aparecen los inscriptos en el grupo tres, que son materiales para panificación directa, con fermentaciones cortas menores a ocho horas.

Un trabajo realizado por el INTA Balcarce con materiales de las regiones trigueras II y IV, permitió determinar la fuerza de masa y el índice de calidad triguera (que tiene en cuenta siete parámetros como el W, que mide el índice de fuerza de la masa y la calidad triguera), que se puede encontrar en trigos del grupo uno, considerados muy buenos para la industria panaderil.

En cambio, los trigos del Grupo dos pueden ubicarse en niveles similares de calidad respecto a los del grupo uno, pero también puede darse el caso, según la variedad, que vayan hacia calidades más inferiores, mientras que los correspondientes al grupo tres, en general son bastante negativos en calidad, porque la fuerza de la masa es inferior, pero poseen un mayor rendimiento.

Un dato interesante que aportó el especialista está relacionado a la calidad de los trigos del grupo tres que puede pasar a ser un grupo dos, mientras que las variedades de este grupo podrían ofrecer muy buena calidad como los del grupo uno, pero podrían bajar a la calidad de un grupo tres, “si a la hora de la siembra fue fertilizado pobremente”, precisó Miralles.

 

Cuestión de materiales

En cuanto a los rendimientos y los índices ambientales entre los grupos de calidad, en los trigos del grupo uno los potenciales son menores, según el tipo de ambiente, mientras que los correspondientes al grupo dos, implantados en ambientes de alto potenciales de rendimiento serán mayores respecto de los del grupo uno. Los grupos uno, dos y tres, si son implantados en ambientes pobres el comportamiento será muy parecido.

Miralles contó que en un trabajo realizado por el CREA del Sudoeste de Buenos Aires se probaron materiales trigueros de los grupos uno y dos, que presentaron un muy buen estado sanitario en secano (sin riego), con 70 kilos de nitrógeno por hectárea en un caso y con 150 kilos en otro, mostraron bajos rendimientos de 4.000 kilos por hectárea y no mostraron diferencias de calidad.

Trabajos realizados en el sudoeste de Buenos Aires permitieron comprobar que los trigos del Grupo uno tienen la probabilidad de obtener cada dos años, al menos 3.200 kilos por hectárea, mientras que un grupo tres puede superar los 4.000 kilos y un grupo dos le saca ventaja de casi 700 kilos.

“Se probaron distintos materiales de los grupos uno y dos, con muy buena sanidad, implantados en secano, se hicieron ensayos con aplicaciones de nitrógeno de 70 kilos/ha y de 150 a 180 kilos/ha. En los dos casos los rendimientos no superaron los 4.000 kilos/ha, fueron bajos”, agregó.

Otro ensayo realizado por CREA, en los que se emplearon materiales de los grupos uno, dos y tres hubo diferencias importantes de hasta 700 kilos. Los grupos uno y dos presentaron proteína y el gluten con grado 23, pero los materiales del grupo tres mostraron un grado 18.

En resumen, será decisión del productor ir a un grupo uno, por el que recibirá una diferencia de 20 a 30 dólares por tonelada o ir a los materiales de los grupos dos y tres que tienen más rendimiento, pero con un costo de flete menor.

Otro aspecto que se debe evaluar es la respuesta del cultivo en función del índice ambiental a partir del análisis de un coeficiente de estabilidad denominado “B” que se puede relacionar con un rinde relativo para lograr promedios altos con una estabilidad buena.

Un análisis hecho sobre los resultados, cargados en la Red Nacional de Ensayos de las últimas tres campaña, que incluye a la de 2016/2017, sobre materiales que fueron tratados con fungicidas incluyeron a los ciclos largos e intermedios. Las evaluaciones permitieron determinar que los trigos de los grupos dos y tres de los ciclos largos se ubicaron por encima de la media en rindes y un coeficiente alto, mientras que los del grupo uno tiene valores menores a 100 y coeficientes de estabilidad bajos y con rendimientos menores a la media. Este análisis permite ver qué tipo de materiales tienen un mejor comportamiento en ambientes amplios.

Respecto de los rendimientos de variedades y el manejo de los cultivos, Miralles aseguró que todo el nitrógeno que la planta usará, va a rendimiento. Pero a partir del momento en que el rendimiento decrece, ese nitrógeno (sobrante) aplicado va a proteínas.

Miralles recomendó realizar un análisis para determinar los porcentajes de nitrógeno, fósforo y azufre que necesita el suelo, porque el efecto del nitrógeno no es el mismo si hay ausencia de algunos de estos dos componentes.

“Si sólo se aplica nitrógeno y no se utilizan otros nutrientes, se pierde eficiencia. En un trabajo realizado en el INTA Oliveros se utilizaron 80 kilos de nitrógeno/ha, si hay azufre el cultivo absorbe entre nitrógeno y azufre unos 120kilos/ha de nutrientes. Si no hay azufre, el cultivo absorbe alrededor de 30 kilos menos de nitrógeno. La planta, una vez que absorbió el nitrógeno, tenga o no azufre, los transforma en rendimiento de la misma manera, por eso no se afecta la eficiencia de conversión. Sí, afecta la eficiencia de absorción y la respuesta de rendimiento.

Con los datos obtenidos de laboratorio, el productor puede tener una idea de cuáles serán las respuestas del cultivo al nitrógeno.

Un ejemplo propuesto por Miralles consistió en obtener un rendimiento de 4.000 kilos y 11 por ciento de proteínas, que significo emplear 20 kilos de nitrógeno por tonelada de grano, pero si el productor quiere mayor eficiencia, deberá utilizar 30 kilos nitrógeno por tonelada de grano, para llegar al valor “B”.

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Fuente: El Cronista

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