17 de junio de 2017 12:56 PM
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En el arranque de la campaña triguera, la cuestión es calidad o cantidad

En diálogo con Clarín Rural, un grupo de productores de distintas zonas analizan el comienzo del ciclo. Ponderan las ventajas del cereal pero son cautos para decidir.

Esta semana se conoció la noticia del cierre del molino marplatense Lagomarsino, una señal de que, a pesar de la recuperación de la ecuación triguera respecto a la crisis de los últimos años, aun queda mucho camino por recorrer en la política agroindustrial. La industria molinera y los productores piden por la apertura de nuevos mercados de exportación, con la esperanza de que se agrande el margen económico para el cereal.

“Este año no voy a hacer trigo porque para esperar un buen precio tenés que aguantarlo mínimo seis meses, entonces no sirve. Hasta que no cambien un poco las políticas internas, lo que le queda al campo con todas las cargas y costos es muy fino”, afirmó la semana pasada el productor de 9 de julio Pedro Solá. Lo hizo justamente en Mar del Plata, donde Clarín Rural conversó con productores de diversas zonas para tratar de comprender cuáles son las principales variables a la hora de tomar decisiones respecto a la fina.

En la campaña 2016/17, Solá volvió a hacer 145 hectáreas de trigo después de tres años, pero lo hizo solo por rotación y este año no lo repetirá. “Los valores en cosecha del trigo no fueron los esperados. Los rendimientos fueron razonables pero al momento de hacer soja de segunda faltó el agua y hoy se pagan las consecuencias. Me hubiese convenido optar por otra rotación, dejar libre el lote y hacer soja de primera o maíz”, afirma.

En el arranque de la campaña triguera, la cuestión es calidad o cantidad

Las decisiones respecto al cereal varían según la zona. En el sur de Buenos Aires se animan a buscar buen rinde y calidad, pero en zona núcleo el agua pone en duda la siembra.

Su posición es la de muchos productores y explica la falta de trigo que hace que la capacidad ociosa de la industria ronde actualmente el 50 por ciento. Pero a su vez, el año pasado la producción de trigo creció de 10,8 a 16,3 millones de toneladas, y se espera que este año crezca otro poco.

Según Argentrigo, en la campaña 2016/17 hubo 5,1 millones de hectáreas sembradas con trigo y para la 2017/18 prevén un aumento hasta las 5,5 millones de hectáreas.

Sebastián Coloccioni, de la localidad de San José de la Esquina, en el sur de Santa Fe, explica que en su esquema el trigo ocupa entre un 15 y un 20 por ciento del área cultivable, sencillamente porque hay lotes con napa en los que el mejor negocio es el doble cultivo. El año pasado su empresa hizo unas 600 hectáreas y obtuvieron rindes muy buenos, por encima de la media zonal de 45-50 quintales.

En el arranque de la campaña triguera, la cuestión es calidad o cantidad

Pedro Solá, productor en 9 de julio, contó que es ciclo no va a sembrar trigo porque en el ciclo anterior no rindió bien y espera mejores cotizaciones.

“Hubo lotes de entre 50 y 60 quintales -dice- pero la calidad fue mala, no llegábamos a grado 2 en proteína, nos penalizaban hasta en la cámara. Fue un súper año en rendimientos porque las temperaturas fueron bajas en el momento de llenado de granos”, explica, y dice que la opción por el rinde es una política de su empresa.

Por su parte, Juan Pedro Venturino, productor de Capitán Sarmiento, en el norte bonaerense, explica que por la naturaleza de su explotación le conviene más hacer cultivo de cobertura que trigo, pero igual no lo descarta.

“Nosotros lo habíamos sacado al trigo, hace por lo menos cinco campañas que no lo hago, y ahora estamos viendo si volvemos pero nos complica el clima porque hay lotes de soja y maíz que aun no se cosecharon”, dice. Y agrega: “Igualmente siempre se hace cultivo de cobertura porque tenemos hacienda y cumple el doble propósito de comer y tener un puente verde. Ahora ya lo tenemos hecho con raigrás y avena”.

En el arranque de la campaña triguera, la cuestión es calidad o cantidad

El productor Sebastián Coloccioni, del sur de Santa Fe, destacó lo muy buenos rindes que logró la campaña pasada, pero reconoció que la calidad fue un problema.

Para encontrar apuestas más firmes por el trigo y por la fina en general hay que ir al sur de la provincia de Buenos Aires, donde el clima y el ambiente invitan a aferrarse a esas alternativas. Juan Torti, de Necochea, comenta que en su zona normalmente la fina es un 20-30 por ciento de la superficie sembrada, en partes iguales para trigo y cebada, aunque en los últimos años, si bien la cebada tiene algunos problemas sanitarios y la cervecera debe cumplir muchos requisitos, era más fácil de comercializar que el trigo.

“La otra ventaja que tiene es que libera antes el lote para la soja de segunda, y el rendimiento es 700-800 kilos más que la soja que se hace después del trigo”, añade.

Según Torti, que además de productor es asesor técnico, en su zona hace dos años casi nadie sembraba trigo. Ahora, el cultivo volvió, pero la apuesta es por rendimiento más que por calidad. “Nuestra zona, cerca de la costa, es muy buena climáticamente, entonces lo que rinde es buscar cantidad, porque en general buscar calidad te da menos rinde. Igual no descuidás calidad, pero por ejemplo este año teníamos calidad y no la pagaban”, explica, y aporta números estimativos para entender la ecuación.

En el arranque de la campaña triguera, la cuestión es calidad o cantidad

Carlos Asa, productor de Coronel Dorrego, explicó que un porcentaje de la “fina” este año pasa a “gruesa” por los serios problemas de malezas.

“En rindes de entre 4.500 y 7.000 kilos como los de mi zona, cuando uno deja de buscar calidad y apunta a cantidad la diferencia puede ser de 1.500 kilos”.

Héctor Ibarguren, de Coronel Dorrego, donde la fina es central en cualquier esquema, sembró el año pasado 3.500 hectáreas de cereales invernales, la mitad de trigo y la mitad de cebada. Y en la disyuntiva calidad o rendimiento también se animó a jugar a dos puntas.

“Busco las dos cosas, rendimiento y calidad, porque si no tenés calidad es muy difícil comercializar -dice-. El riesgo es tremendo porque es mucha la inversión y a veces el clima no acompaña, pero en la última campaña hubo buena calidad y buen clima. Además se puso mucho fertilizante, más que otros años”.

A su lado Carlos Asa, también de Dorrego, cuenta que él hace un área similar a la de Ibarguren pero con algo más de peso para el trigo, y dice que el año pasado usó toda la tecnología y los rendimientos no fueron los esperados por la variable climática. “Tuvimos piedra. En trigo anduvimos en 3.000 kilos y en cebada ahí nomás”.

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Juan Pedro Venturino, productor en el norte bonaerense, advirtió que hay complicaciones climáticas porque hay lotes de soja y maíz que aún no se pudieron cosechar.

Y hablando de contratiempos, Ibarguren introduce otro muy común: “Un problema muy serio y muy costoso que tenemos en la zona son las malezas”. Y Asa lo complementa: “Por eso, un porcentaje muy grande de la fina este año se va a pasar a la gruesa, sobre todo a maíz con bajas densidades, que no se hacía nunca y ahora ha dado muy buenos resultados. En la zona nuestra no se hacen barbechos largos sino cada vez más cortos para competir con las malezas”.

En cuanto al mercado de trigo, Asa dice que pretendería que esté un poco más atractivo. “Uno necesita transparencia para ser más predecible. Hoy, un trigo de calidad tiene una diferencia de 10-15 dólares la tonelada con respecto a un trigo cámara, y estamos tratando de aprovechar eso. Estamos hablando de una cebada forrajera de 150 dólares la tonelada y un trigo de calidad (10,5 de proteína) de 173 dólares. El trigo es más atractivo pero la cebada puede producir un 20 por ciento más de rendimiento”. Esas son las cartas en juego, pero el productor de esa región nunca deja de tener un pie en cada cultivo invernal.

En el arranque de la campaña triguera, la cuestión es calidad o cantidad

El productor Juan Torti, que es de Necochea, aseguró que en el sudeste de Buenos Aires el cultivo volvió y se buscan altos rendimientos.

En pleno comienzo de una nueva campaña, Ibarguren levanta las palmas al cielo, dice que mantendrá el planteo del año pasado y aclara que aunque los valores del mercado pueden ser atractivos, el productor no es formador de precios, y el problema son los gastos. Solá, cruzado de brazos, comenta que ya hizo algunos lotes de trigo solo para el pastoreo y que ahora va a dejar barbecho químico y esperar a la siembra de gruesa. Y el santafesino Coloccioni detalla que los ciclos largos ya se sembraron hace pocos días, aunque en los campos anegados aun esperan a que el suelo brinde garantías.

Con esa diversidad de factores se esboza el mapa de las intenciones de siembra en buena parte del área triguera nacional. Es el inicio de un proceso que puede culminar el año que viene con embarques provechosos para toda la economía o con el cierre de industrias por escasez de mercados o materia prima.

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Fuente: Clarin

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