18 de junio de 2017 11:19 AM
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El picudo, un problema creciente que exige cambios

La lucha contra la plaga demanda cada vez mayores esfuerzos, pero también cambiar algunos paradigmas de la normativa vigente. Desde INTA sugerirán en la próxima Mesa Nacional Algodonera establecer planes de lucha regionales, autorizar químicos para el tratamiento del rastrojo y establecer el criterio de “vacío sanitario”.

A medida que el picudo del algodonero (Anthonomus Grandis Boheman) avanza sobre la producción nacional crece la preocupación y obliga a pensar estrategias de lucha para preservar la actividad.

El fin de semana pasado, en el marco de la Feriagro Regional que se desarrolló en San Bernardo, departamento 9 de Julio, la “zona núcleo algodonera” de la provincia de Santa Fe, el coordinador nacional de investigación en algodón de INTA Mario Mondino brindó una detallada capacitación a productores y técnicos para comprender mejor a la plaga y así saber combatirla con eficiencia. También adelantó las propuestas que la institución elevará a la Mesa Nacional Algodonera, durante el próximo encuentro que tendrá lugar los días 29 y 30 de junio en Saenz Peña (Chaco), que tendrá al picudo como único tema a tratar. Se trata de cuatro acciones: una regionalización de la lucha, que unifique fechas de siembra y destrucción de rastrojos, en lugar de hacerlo por provincias; la implementación del “vacío sanitario”, que implica la inexistencia de plantas de algodón durante el invierno; y dos adaptaciones normativas, una que defina con mayor precisión cómo debe tratarse el rastrojo y otra que permita el uso del 2,4D, el químico que mejor respuesta dio para su control.

Adaptar legislación

“Va a ser una mesa complicada” anticipó el referente de INTA frente a un auditorio de productores, técnicos y funcionarios del noroeste provincial.

Mondino explicó que actualmente la legislación que regula el combate al picudo está hecha por provincias. “¿Pero qué diferencias hay entre el oeste santiagueño, el oeste santafesino y el sur chaqueño? el picudo no entiende de límites”, reflexionó. Por eso anticipó que en Saenz Peña el organismo propondrá legislaciones en común, para “cambiar el concepto de provincia por el de región”.

La idea es agrupar Corrientes, Entre Ríos y el Este de Santa Fe, sobre la costa del Paraná, para “que tengan fechas de siembra y destrucción de rastrojos en común”; y por otra parte el sudoeste de Chaco, noroeste de Santa Fe y el este de Santiago del Estero. “En la práctica cada uno tiene su fecha de siembra”, dijo, y sobre todo Chaco, que difiere de Santa Fe y Santiago del Estero, “donde se puede sembrar en octubre, un mes antes” que en las otras provincias. “Imaginate un mes de diferencia con picudo hambrientos esperando cultivos; de esa manera van a criar picudos que luego se van a expandir a otras zonas”, alertó.

Si bien reconoció que no es fácil establecer una estrategia conjunta, “el sentido común nos dice que sin estrategias comunes no se puede terminar el problema”. El Senasa, explicó, es quien toma la decisión a pedido de las provincias, por lo que el técnico espera obtener avales de los gobiernos provinciales para avanzar con el trámite.

Por otra parte, Mondino propondrá establecer el “vacío sanitario”, concepto que refiere al “período de tiempo en el que no tiene que haber algodón, ni siquiera en la orilla de los caminos”. Esto permitiría que el insecto, que pasa el invierno sin comer, no tenga alternativas para alimentarse. “No es nada fácil pero vamos a intentarlo, para que entre el último día de destrucción de rastrojo y el primero de siembra, el picudo no tenga donde alimentarse”. Para lograrlo, consideró que habría que “hacer cumplir la ley” y sancionar a quienes estén en infracción.

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Modificaciones. ¿”Qué diferencias hay entre el oeste santiagueño, el oeste santafesino y el sur chaqueño? el picudo no entiende de límites”, dijo el especialista, que propone adaptar la legislación por regiones.

Foto: Juan Manuel Fernández

El problema de las banquinas, que se genera por semillas caídas de los camiones que transportan la cosecha, es el mayor desafío. “No debería caer nada desde los camiones bien encarpados, ni las desmotadoras debieran permitir el ingreso si no están bien cubiertos y sin embargo lo permiten”. A su entender, la única manera de evitar las plantas en banquinas es “encarpar” bien los camiones y para ello, dijo que en Santiago del Estero se reunirían esta semana con el sindicato de camioneros para capacitarlos. “El camionero tiene una carpa (lona) que no cubre una carga de algodón, por lo tanto hay que agregarle un poncho o sobre carpa y hay que ver quién la financia”, sostuvo.

Cuestiones químicas

Por otra parte, también propondrá establecer ventanas de aplicación de 2,4D para algodón, “Teniendo en cuenta que entre junio y agosto, y parte de septiembre, no hay cultivos sensibles”. Aclaró que no se trata de una vía libre para usar este producto, sino sólo sobre campos de algodón “bajo condiciones controladas por un ingeniero agrónomo”. Además, mencionó que el único cultivo en esa época en zonas algodoneras son los cereales, sobre los cuales está permitido el uso del químico. “Ha demostrado ser muy efectivo para controlar el rebrote y las estructuras reproductivas de la planta, que son fuente de alimento para el picudo, entonces por qué no permitirlo bajo ciertas condiciones”, señaló, aunque aclaró que no se podría autorizar con cultivos sensibles en las proximidades, como curcubitáceas o girasol.

Por último, la cuarta propuesta -relacionada con la anterior- será revisar la legislación sobre la “planta muerta”. Según el técnico no se entiende por qué la normativa usa ese término, dado que el algodón -que genéticamente es un árbol- es “bastante difícil de matar”. Como el objetivo es dejar a la plaga sin alimento, propondrá “cambiar ese concepto -que ya está generando problemas legales- por el de ‘planta con riesgo fitosanitario’: o sea aquella planta capaz de generar alguna ventaja estratégica para la plaga, que en el caso del picudo sería aquella que produce pimpollos”.

Explicó que, técnicamente, la destrucción mecánica del rastrojo tampoco cumple con la normativa, porque la planta sigue viva bajo la superficie. “El disparador son los problemas legales que están planteando algunas empresas con respecto a esa resolución de planta muerta; piden que Senasa demuestre que la planta muera y eso no se puede demostrar”.

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Novedad. Las sopladoras han demostrado una gran eficiencia para pulverizar bordes.

A partir de esta situación, el especialista sugiere que “cambiar el término podría abrir una ventana trabajable para las empresas; la planta con riesgo sanitario es una cosa y muerta es un imposible”. Si bien heladas muy fuertes y la roturación del suelo pueden matarla, “eso no es lo normal; la planta en primavera con las primeras lluvias empieza a rebrotar”. Por lo tanto con la legislación vigente el problema persiste.

“Son propuestas que hay que conversarlas -comentó- las provincias se tienen que poner de acuerdo y el Senasa tiene que emitir resoluciones”.

Recomendaciones técnicas

En la exposición frente a los productores, Mondino dejó en claro que el éxito de la lucha contra el picudo se consigue cuando no hay cultivo en el lote, ya que se necesita eliminar la mayor cantidad de individuos y esto se hace con la destrucción de rastrojos. “Lo ideal es hacerlo hasta 15 días después de la cosecha”, indicó.

Las acciones a realizar cuando no hay cultivo en el lote son: vacío sanitario (eliminar toda planta guacha), elección del próximo lote a sembrar; instalación de trampas y de tubos mata picudos, una nueva tecnología que demostró ser muy efectiva.

Lo principal es que se cumplan 100 días sin cultivo en el lote, por lo que las fechas son muy importantes. “Santa Fe, Chaco y Santiago del Estero debieran tener mismas fechas para siembra y destrucción”, dijo, y recordó que en suelo santafesino el tope de destrucción es el 30 de junio. Por este motivo insistió en que “se necesita un plan regional de lucha contra la plaga entre las tres provincias”. Para decirlo con claridad, afirmó: “no hay controles, es el lejano oeste, y el resultado es que no se respetan las fechas de siembra”.

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Horrible. Camiones “mal encarpados” son la principal fuente de dispersión de plantas guachas en banquinas, el mayor riesgo sanitario. Foto: Archivo

Entre otras recomendaciones, mencionó la importancia de no repetir el cultivo de algodón en el mismo lote; sembrarlo sobre gramíneas como antecesoras; y elegir un campo donde en la campaña previa no haya habido algodón a menos de 500 metros. “También deben elegirse campos donde no haya malezas, que funcionan como hospederos naturales del picudo (malva, por ejemplo)”.

En cuanto a la destrucción de rastrojos, la recomendación de INTA para el laboreo mecánico es con rolos, más la aplicación de un insecticida y la incorporación del rastrojo al suelo. Aunque “el picudo sobrevive a 15 centímetros de profundidad”, aclaró. En siembra directa lo mismo, pero con uso de herbicida si hay rebrote. Y si la destrucción se hace con desmalezadora, recomendó usar las cuchillas “un poco desafiladas” para que los tallos estallen y se deshilachen, impidiendo un corte limpio que luego facilite el rebrote. “El mejor tratamiento es desmalezadora y rastra”, aseguró Mondino. Mientras que el mejor tratamiento químico es con 2,4D, pero se requiere modificar la normativa regulatoria para “permitir una ventana de uso en el algodón”.

Además destacó que “genéticamente el algodón es un árbol” por lo que las heladas no pueden terminar de “matarlo” y rebrota surgen ramas que ya son adultas e inmediatamente pueden florecer, generando capullos de los cuales se alimenta el picudo. También se refirió a la posibilidad de usar cultivos de servicios (cobertura) como trigo o cebada: “una excelente alternativa para el control de rebrotes; luego se queman con hormonales”.

A la hora de hacer tratamientos de borde. dijo que lo mejor son las “sopladoras” y utilizando “malatión” y no cipermetrina, que resulta letal para los benéficos. “Estas máquinas son un boom, hay 300 vendidas en Santiago del Estero”, dijo, de las cuales varias las compró la provincia.

También hizo hincapié en los excelentes resultados de los “tubo mata picudo”, que se plantan a razón de 2 por hectárea. “Son una solución ideal porque no hay químicos en el aire”, aseguró, y comentó que tienen un costo de u$s19.10 cada uno.

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No volátil. Los “tubo mata picudo” demostraron ser una herramienta muy efectiva y amigable con el ambiente, ya que no liberan químicos al aire.

Cómo hicieron en EE.UU.

En Norteamérica el picudo del algodonero logró erradicarse gracias al trabajo en conjunto y el respeto irrestricto de las leyes. “Ellos entienden que es el productor el principal problema con el picudo”, explicó Mario Mondino, y relató que el proceso se inició con un proceso de consultas populares “que tiene mucho peso” entre los productores de los estados algodoneros. “Cuando se hizo la primera, en Carolina del Norte, más del 80% votó por empezar un plan de erradicación. Los que votaron por el no hicieron juicio y el Tribunal Supremo dictó que la mayoría tiene razón, no la minoría, porque implica más riesgo lo que sufre la mayoría que los pocos que puedan sufrir la minoría”.

El plan, sin embargo, estableció normas muy estrictas. “Tanto que las pulverizaciones aéreas se pueden hacer a una distancia mínima de 10 a 20 metros”, aseguró. Además, el programa se financió en un 50% con aportes de los productores, 25% con fondos provinciales y el 25% restante por la Nación. “Los algodoneros empezaron aportando u$s37 por hectárea y hoy que lo tienen erradicado aportan u$s0.25”. El accionar implicó utilizar una batería de acciones que, además del ataque químico, incluyó el uso masivo de trampas y fechas de siembra, entre otros aspectos.

“Tal vez halla llegado el momento de hacer una consulta popular acá en Argentina -sugirió- y decidir si queremos o no luchar contra el picudo”.

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Fuente: El Litoral

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