3 de julio de 2017 17:25 PM
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“Hoy es más negocio invertir en vacas que en ladrillos”

LPO entrevistó al presidente del IPCVA que trazó un panorama muy favorable para la ganadería.

Ulises “Chito” Forte es el actual presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). Tiene la particularidad de no responder a los estándares tradicionales de los dirigentes rurales que ocuparon ese cargo. De hecho, su demorada designación -que finalmente se terminó dando en marzo de 2016- generó varios meses de disputas entre los titulares de las cuatro entidades del campo. Es que quizá Forte no cuenta con un elevado grado de corrección diplomática ni se dirige con el vocabulario técnico que se pensaba que era indispensable para conducir dicho Instituto.

Lejos de la formalidad de los zapatos, las corbatas y las camisas de vestir, “Chito” es más bien un productor agropecuario que conoce el paño como pocos (este año las inundaciones le jugaron una mala pasada y perdió toda la cosecha). Es por esto que en el último año y medio logró algo que en el sector es sumamente complejo: fue derribando viejos prejuicios y consiguió ganarse la confianza de los que no veían con buenos ojos su designación. “Pasó de ser temido a ser un tipo querido y respetado”, cuentan en los pasillos del IPCVA.

Con 54 años, Forte es oriundo de la localidad pampeana de General Pico donde a principios de los años 80 comenzó a militar en el gremialismo y en política. Fue en esos tiempos cuando se asoció a Federación Agraria (FAA) y se afilió a la Unión Cívica Radical (UCR). Admirador de Raúl Alfonsín, asegura que hoy se siente identificado con Ernesto Sanz. Fue justamente el radicalismo el que, aprovechando la popularidad de los dirigentes rurales, lo llevó a ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Nación de 2009 a 2013 junto al resto de los denominados “agrodiputados”.

Actualmente las circunstancias del cargo lo llevaron a involucrarse de lleno en la ganadería. Forte sufrió en carne propia el fracaso de las políticas económicas del menemismo y el kirchnerismo que llevaron a la desaparición a miles de productores. “En los 90 me fundió Menem, me levanté en 2002/2003 y después me fundieron los Kirchner”, dice. Pequeño productor y propietario de unas 200 hectáreas en La Pampa junto al resto de su familia, “Chito” bromea: “Mi campo tiene más dueños que hectáreas”. Como sea, a partir de la salida del kirchnerismo, el dirigente volvió a apostar a la producción de carne vacuna con una mirada optimista hacia el futuro.

En las oficinas del IPCVA en el piso 22 de una coqueta torre en el microcentro porteño, Forte recibió a LPO siempre distendido y con muy buen sentido del humor. Mientras prepara mate, se dispone a hablar de todos los temas en su despacho que cuenta con una vista privilegiada hacia todos los rincones de la ciudad de Buenos Aires. Antes de arrancar la entrevista mete un bocado sobre su aspecto físico que deja en evidencia su pasado rugbier: “Empecé jugando de ala, pero después me pasaron a primera línea. Nunca supe por qué”, dice entre risas.

La ganadería fue uno de los sectores más castigados por el kirchnerismo. De 2006 a 2010 el stock vacuno cayó de 60 a 48 millones de cabezas. ¿Cómo está hoy la actividad?

Somos los que mejor la estamos pasando desde el cambio de gobierno que impuso nuevas reglas de juego. En 50 años que tengo de chacarero no recuerdo que una hectárea ganadera equipare la rentabilidad de una hectárea agrícola y hoy estamos parejos. Además hay una tremenda perspectiva. Cuando empecé a viajar hace dos años a Alemania nos preguntaban si vamos a entregar en tiempo y forma la carne. Hoy ya no nos preguntan más eso. Nos preguntan solamente si la tenemos. Venimos aumentando la producción y el mundo demanda carne. Asia, con China y Japón a la cabeza, nos piden carne. Ellos tienen una cultura gastronómica diferente que los lleva a consumir cortes inferiores que acá ni los probamos. Además contamos con un mercado interno muy fuerte y países como Australia y Nueva Zelanda nos envidian el hecho de que consumamos alrededor de 60 kilos por habitante al año.

¿Cuánto tiempo estima que se tardará en recuperar el stock que había antes de la intervención kirchnerista en 2006?

En la era K perdimos entre 10 y 12 millones de cabezas. Ósea, perdimos un Uruguay completo la década pasada. Ya recuperamos entre 3 y 4 millones y nos faltarían 7 millones más para volver a tener el stock en 60 millones. Creo que en tres o cuatro años más con políticas que nos acompañen lo vamos a conseguir. De a poco está apareciendo el Banco Nación con líneas de créditos a tasa cero y cuando esto se da hay voluntad de muchos productores de volver a la ganadería. Hay que trabajar con políticas a largo plazo entre el Estado y el sector privado. Si lo dejamos en manos del mercado la recuperación va a tardar más y va a crecer uno sólo. Si lo dejamos en manos del Estado no va a crecer nada porque habrá cuatro vivos que se quedan con todo. Trabajando los dos juntos se puede recuperar el stock.

¿Cree que la Argentina volverá a ocupar un lugar importante en el ranking de exportadores mundiales de carne?

El año que viene el saldo exportable de carne vacuna va a ser de entre 400 y 450 mil toneladas contra 250 mil este año. Por eso es imprescindible conseguir más mercados. La demanda está. Hoy China representa un 40% de las ventas y a Japón vamos a entrar próximamente. Va a haber novedades en el corto plazo con la carne libre de aftosa del sur y ya empezamos las gestiones para el norte. Israel, Chile y Europa con la Cuota Hilton son también muy importantes. Si logramos unificar estándares sanitarios y acomodamos la distribución, lograremos colocar todos los cortes en los distintos mercados mundiales.

¿Cómo está vista la marca “Carne Argentina” en el mundo después de lo ocurrido los últimos años?

El prestigio de nuestra carne está intacto. Los que perdimos prestigio fuimos nosotros. La confianza la perdimos en dos minutos y recuperarla cuesta años. Si hay fuerte actividad publica/privada la vamos a recuperar pronto porque la ganadería es un ciclo biológico. Nos criticaron mucho cuando con el IPCVA viajábamos a giras y ferias en el mundo a promocionar un producto que no podíamos exportar. Eso era como mantener la llama piloto del calefactor, en este caso de la carne argentina. Hoy en el mundo solo nos pregunta si tenemos carne. Ya no tienen dudas si la vamos a entregar en tiempo y forma.

¿Le recomendaría a un pequeño o mediano inversor meterse en ganadería?

El prestigio de nuestra carne está intacto. Los que perdimos prestigio fuimos nosotros.

Absolutamente. Si yo tuviera plata compraría vacas. Antes de ponerla en ladrillos me meto en ganadería porque es un negocio que tiene mucho más futuro. Ahora, si te gusta la timba financiera, no compres vacas. Actualmente tenemos una política de Estado que nos dice que nos va a ir bien si laburamos. En ganadería sabemos que la locura del cierre de exportaciones no vuelve. Habrá otro gobierno que podrá implementar otras políticas, pero eso no vuelve. Hay un cliente cautivo como el mercado interno, un mundo que demanda carne y vecinos que están cerca del techo productivo. Es nuestra decisión hacer que la carne vuelva a ser negocio para vendérsela al mundo por los próximos 30 años.

 

Desafíos y problemáticas

¿Cuáles son los principales desafíos del sector ganadero en su conjunto?

La pelea de fondo es ir hacia un novillo más pesado. Con el invento de los mega feedlots, el “ternericidio” y el cierre de exportaciones, el kirchnerismo convirtió al negocio en una timba financiera. El gobierno anterior subsidiaba la extracción y no la fábrica para tener carne rápida y barata. Hoy la ecuación no es mala para el productor. El criador la está pasando bien porque el ternero pasó a ser un bien escaso.

Es imprescindible reactivar los frigoríficos que están con un 40 o 45 por ciento de capacidad ociosa. Hay plantas cerradas o que están trabajando a media máquina. Hay que garantizar un aumento de tres o cuatro kilos en el consumo interno para que 60 kilos sea el piso. Es una cuestión cultural, de pertenencia y social. Tenemos la posibilidad de contar con la mejor carne del mundo y disfrutarla. Pero no la tiene que subsidiar el productor. No conozco a nadie en el mundo que desprecie el 90 por ciento de su cliente que es el mercado interno. Si fortalecemos el mercado interno y logramos ser competitivos, la industria va a explotar y no dará abasto. Hay que avanzar mucho en un nuevo sistema de tipificación y de estándares sanitarios.

En el gobierno están preocupados por el alto grado de evasión que hay en la cadena de la carne. ¿Tiene razón de ser dicha preocupación?

Al que evade, martillazo en la uña; sin dudas. Como uno viene de Federación Agraria me dicen que los pequeños productores somos los informales. Hoy para estar en la formalidad con un CBU y CUIT estás adentro. No hay excusas. Hasta un plan social está bancarizado. La informalidad y el pago en negro llevan a la competencia desleal que produce mucho daño y perjuicio a todos los actores de la cadena. Todo tiene que estar dentro de la legalidad y ahí sí discutir que la carga tributaria no sea tan pesada.

¿En qué situación se encuentra la industria frigorífica en este nuevo escenario?

Los frigoríficos no son competitivos a nivel mundial por el costo argentino que está altísimo. No la están pasando bien. Tienen el dólar por el piso y el novillo más caro de la región. El costo laboral es alto y encima al laburante no le alcanza. Si el costo laboral es alto y los trabajadores no llegan a fin de mes hay algo que no funciona. La coyuntura está difícil, pero los precios internacionales se van a reacomodar en algún momento. La Cuota Hilton hoy cuesta entre 12 y 13 mil dólares la tonelada cuando en 2008 llegó a valer 20 mil. La reactivación interna va a llegar tarde o temprano. Los optimistas piensan que en dos meses, los cautos en dos años y los pesimistas en diez años. Como sea, en algún momento llega y cuando llegue hay que estar preparados.

 

Política ganadera

¿El sector ganadero se siente respaldado por el gobierno de Macri?

Sí, es una gran ventaja llevarse bien con el gobierno. Hoy los funcionarios vienen a acompañar, no a vigilar. Macri visitó el stand del IPCVA en China y a la semana estuvimos toda la cadena de la carne reunida con el presidente en Casa Rosada. Macri se quedó una hora y media en la reunión y tomó apunte de todo. No fue a sacarse la foto e irse como era antes. Macri preguntó, se asesoró, guardó el papel en el bolsillo y nos dijo que nos veíamos en dos meses. Hay un plan de trabajo. De venir de ser los “agrogarcas”, de cerrarnos las puertas en el Banco Nación, a esto, la verdad que es una maravilla. Hasta te podés dar el lujo de decir que no estás de acuerdo en algo y no por eso pasas a ser un enemigo de la patria. Es un avance tremendo.

¿Cómo se lleva con el ministro Buryaile?

Tenemos un ministro que lo que dice lo sufre en el bolsillo porque él es productor. En esta actividad están los que la leen, los que la teorizan y después estamos los que la sufrimos con el bolsillo. Es una buena base. La relación es perfecta. Con él compartimos el bloque en Diputados de 2009 a 2013. Teníamos chispazos cuando él era vicepresidente de CRA y yo vicepresidente de Federación Agraria. Pero no coincidir en un pensamiento no significa nada. Teníamos discusiones y después nos íbamos a tomar un mate o a compartir una cerveza. Hoy trabajamos juntos.

¿Está de acuerdo con la gradualidad que plantea el gobierno nacional?

Si la recuperación del salario y la generación de trabajo es gradual, entonces la suba de tarifas también tiene que ser gradual. Es importante para la institucionalidad que al gobierno le vaya bien, que cumpla con su mandato y que la ciudadanía decida si quiere seguir o no. Hay que terminar con las crisis reiterativas y los parches. Con la seguridad, con la evasión y con la corrupción no se puede ser gradual. En estos aspectos hay que ir a fondo.

 

Gremialismo, producción y política

¿Qué evaluación hace de su paso por la Cámara de Diputados?

Los primeros dos años que estuve, de 2009 a 2011, sirvió para poner un freno al kirchnerismo. Pero después se hizo muy difícil. Para tener mayoría había que ponerse de acuerdo los 35 bloques desde De Narváez hasta “Pino” Solanas. De 2011 a 2013 después de la reelección de Cristina, el Congreso directamente se cerró y se terminó mi labor.

Como militante radical, ¿con qué dirigentes se siente identificado?

Hoy tengo excelente relación y me siento identificado con Ernesto Sanz que tiene una visión muy clara y nítida de la realidad. En términos históricos mi referente es Raúl Alfonsín porque fue un demócrata con principios que me marcaron como pequeño productor con ideas progresistas. Por suerte el radicalismo es complejo de entender. Somos democráticos y horizontales. Yo prefiero toda la vida el desorden de la horizontalidad y no la obediencia del verticalismo.

Como productor, ¿cómo la pasó durante el kirchnerismo?

En 2003 me dedicaba a la ganadería; tenía 300 vaquillonas en engorde. Cuando se fue Cristina, 12 años después, terminé en cero. A mi no me van a explicar lo que es pasarla mal. En los 90 me fundió Menem, me recuperé en 2002 y después me fundieron los Kirchner. La política de Cristina me llevó a dejar la ganadería y dedicarme a la agricultura.

¿Aspira a obtener un nuevo mandato en el IPCVA?

Me siento identificado con Ernesto Sanz que tiene una visión muy clara y nítida de la realidad

Mi mandato termina en marzo de 2018, aunque tengo la opción de renovar por dos años más. Yo estoy cómodo porque formamos un gran equipo de trabajo en el que nos tocó adaptarnos a una etapa diferente que tiene que ver con promocionar la carne argentina en el mundo. Este es nuestro gran desafío que creo que estamos haciendo muy bien con una gran visibilidad. Tengo claro que estoy en este lugar por Federación Agraria que es la entidad que definirá dónde tengo que estar. Hay un compromiso de las cuatro entidades de cumplir dos mandatos cada una y espero que se cumpla.

El IPCVA es un ejemplo real de convivencia. Hay un fin común donde nos ponemos de acuerdo las cuatro entidades, las cinco cámaras de la industria y el Estado. Cuando hay un fin común se puede convivir pensando diferente. Pasa por tener en claro el fin. Cuando hay dirigentes que se piensan que la entidad le pertenece, es ahí cuando todo empieza a complicarse.

¿Por qué resulta tan difícil ponerse de acuerdo en la Mesa de Enlace?

Cuando yo formé parte de la Mesa de Enlace nos reuníamos y discutíamos ocho horas para ver cómo nos poníamos de acuerdo. Era la unión ante el espanto. En 2008 la Sociedad Rural y CRA pedían volver a retenciones fijas y nosotros reclamábamos la segmentación. Me pasó de estar sentado en una misma mesa en programas de televisión con dirigentes de la Mesa de Enlace que decían exactamente todo lo contrario. En el diagnóstico es fácil ponerse de acuerdo. Ahora, en la junta médica agarras al enfermo y empiezan las diferencias sobre cómo curarlo. Creo que la Mesa de Enlace tiene que pelear juntos cuando hay acuerdo y cuando no debe hacerlo por separado. Por el uso y la tenencia de la tierra nunca nos vamos a poner de acuerdo. En cambio, por una reforma impositiva o una política financiera, quizás sí

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Fuente: LPO

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