22 de julio de 2017 12:15 PM
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La ganadería está en un moderado equilibrio

Un mercado muy bien abastecido y una demanda cautelosa han definido este equilibrio de precios que poco tiene que ver con las expectativas que se tenían hace un par de años para la actividad.

Si algo nos ha enseñado la historia reciente de la ganadería argentina es a moderar las expectativas. Lejos de las proyecciones que se habilitaban a principios del año pasado tras el fin de las retenciones y la normalización de los permisos de exportación, la actividad se encuentra hoy en un moderado equilibrio. Así como lo lee: nada de boom, nada de precios récord, nada de atar los perros con chorizos.

Los precios recibidos por los engordadores han crecido en el último año en torno al 8% y el 10% para los criadores. Un mercado muy bien abastecido y una demanda extremadamente cautelosa han definido este equilibrio de precios que poco tiene que ver con las expectativas que se tenían hace un par de años para la actividad.

Estos incrementos lejos están de compensar los aumentos de costos sufridos, que en los casos menos dramáticos se parecen mucho al 20% de la inflación presente y en otros más serios recuerdan la inflación pasada, en el orden del 35%. Dado que el proceso de desinflación parece que seguirá por un tiempo, este fenómeno debería tomarse muy en cuenta para los próximos meses. Para ponerlo de otro modo: nuestros ingresos se ajustan con la inflación del año que viene y los egresos con la del año pasado.

La producción de carne vacuna creció en el último año alrededor del 5%, lo cual siempre es un factor bajista para las cotizaciones de la hacienda. Salvo para el mes de febrero, la oferta de carne para el mercado local fue superior a la del año pasado para todos los meses del primer semestre. Resultado de ello es que los precios al mostrador registraron aumentos promedio del 15% respecto al año previo, contrariamente a los presagios de una carne vacuna que fuera motor de la inflación, terminó actuando como ancla.

Está sobradamente estudiado para el mercado ganadero el desfase temporal existente entre el estímulo de precios y su reacción lógica: el aumento de la producción. Si los buenos precios de 2016 llevaron a los niveles de producción actuales, ¿dónde nos llevarán estos precios menores? Posiblemente a incrementos menores de la oferta y a un equilibrio más inestable en torno al precio de la hacienda.

Por el lado de la demanda local, tampoco parece que los compradores se desesperen: la desinflación hace que los billetes ya no quemen tanto en las manos y los consumos se normalizaron hace mucho tiempo, dejando en el olvido las vertiginosas subas de diciembre de 2015. Tariflación mediante, parte de los ingresos se ocupan en el ítem “regulados” de la canasta familiar y menos espacio queda para aumentar el consumo de proteínas animales.

Siempre es bueno recordar que el consumo per capita de carne de argentina es inusualmente alto, para un país de su PIB per capita, y que sumadas la carne vacuna, porcina y aviar solo es superado por Estados Unidos. En este sentido también deberíamos esperar cierto equilibrio para el próximo año.

La fracción de la producción que tuvo como destino la exportación aumentó del 8% al 11% del total de carne ofrecida, configurando un incremento interanual del 20% en las ventas externas de carne argentina. Más allá de la mejora en el tipo de cambio registrada en las últimas semanas, no hay razones para esperar una aceleración en el volumen comercializado al exterior. Tampoco hay abundantes novillos pesados esperando ser exportados, así que deberemos aguardar a que los precios impulsen su fabricación antes de contar con ellos. Por Matías A. Sara Asesor.

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Fuente: Agritotal

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