28 de julio de 2017 11:12 AM
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La rebelión de los yuyos

Técnico argentino advirtió sobre la amenaza de las malezas resistentes.

Entrar en el segundo semestre del año implica empezar a planificar la principal siembra que se realiza en Uruguay, algo que siempre está signado por la presión de los costos altos y que, tras cosechas récord en EEUU y Brasil, enfrenta el riesgo de caídas de precios que erosionen los ya frágiles márgenes económicos.

Los desafíos vinculados a costos, márgenes y estrategias para capturar los mejores precios suelen ocupar mucho lugar en la atención de los agricultores. Un factor importante en los costos y que preocupan cada vez más en todo el mundo y también en Uruguay es la irrupción de malezas resistentes a los herbicidas.

Es un problema cada vez mayor, una especie de carrera armamentista pues el hombre inventa nuevos productos para derrotar a las malezas, ellas mutan y evolucionan para resistir los ataques.

El tema fue tratado el miércoles pasado en la jornada de Erro por quien coordina el manejo de malezas en la Asociación Argentina de grupos CREA, Fernando García, y captó la atención de la concurrencia. Un factor clave de costos, que sí, lamentablemente, también parece destinado a crecer.

García explicó que en los últimos 10 años el problema explota en todo el mundo. Eso obliga a revisar las causas. El problema parece más complejo de lo que se pensaba. Se lo tomaba como un efecto colateral de una agricultura muy simplificada que apostó a unos pocos cultivos, siembra directa y un herbicida de uso generalizado, el glifosato.

La hipótesis de las causas empieza a resquebrajarse un poco. Los europeos tienen acotado el uso de herbicidas y casi no tienen organismos genéticamente modificados, y tienen problemas de resistencia.

Lo mismo se aplica a Australia, también muy restrictiva en el uso de transgénicos. Tiene que haber algo más que explique el problema de por qué tanto crecimiento de la resistencia en los últimos 10 años.

Pero las causas de base están allí. “Hemos tendido a industrializar la agricultura, repetir muchas veces el sistema de producción, prácticas sencillas que daban resultados previsibles y que fueron usados mucho y muy repetidamente. La biología responde con la generación de tolerancia o resistencia”, dijo García.

Esto es importante para analizar las herramientas con las que enfrentar el problema. Si con una herramienta nueva volvemos a usarla en forma “industrial” repetiremos el error, advirtió.

En los grupos CREA de Argentina el problema va creciendo, pero algunas especies van cayendo como problema en la percepción que se tiene del problema. Es el caso de la yerba carnicera. El problema es considerado menor que en 2014 porque aumentó la capacidad de enfrentarlo y la percepción del problema disminuye. Pero una cosa es la percepción y otra la realidad. En Argentina fue censada la situación de malezas. El resultado es que bajó la percepción porque hay herramientas para enfrentarla pero la presencia objetiva de yerba carnicera siguió creciendo.

Esto tiene incidencia en los costos. Modelizando una empresa uruguaya, que viene de cobertura con puentes verdes y hay problemas con yerba carnicera, implica gastar US$ 53 por hectárea a lo largo del ciclo del cultivo. Si además hay problemas de Echinochloa resistente vamos a US$ 69 por hectárea; pero si además hay problema de Amaranthus, que va a ser el gran problema de este año, el costo se va a US$ 81 por hectárea. Y eso sin contar el costo de aplicación. En cuyo caso se va arriba de US$ 100 por hectárea.

Además hay tres costos ocultos: el primero es la operatividad, las complicaciones logísticas que surgen de la infestación de chacras. El segundo es el problema de carry over, la persistencia de los agroquímicos en el suelo. Los productos que se aplican quedan formando una película en el suelo, cuando la maleza emerge se impregna y muere. Sin embargo, hay distintas situaciones que hacen que la retención en los suelos sea más de la que queremos y eso empieza a condicionar la rotación del año siguiente. Puede tenerse cultivos irregulares que tienen que ver con estos productos que pasan de una zafra a la otra.

El tercer problema es la fitotoxicidad. Si hay que entrar a un cultivo de soja a controlar Amaranthus hay que aplicar productos que generan un costo oculto por menor rendimiento al año siguiente.

Entonces, ¿qué soluciones? Algunos de los aprendizajes que han emergido en los últimos años son: en primer lugar, a veces se mira demasiado el problema puntual de la maleza, pero se pierde de vista al sistema en su conjunto. El sistema debe ser repensado.

En Aacrea se define cuáles son las malezas principales y cuáles las mejores soluciones estratégicas que entienden los agrónomos les funcionan bien. Combinaciones de rotaciones de cultivos y tratamientos químicos.

De allí surge la importancia de la aditividad de las prácticas. Sumar herramientas. Es necesario combinar los cultivos de cobertura de más de 5.000 kilos de producción de forraje, cultivos de cobertura “en serio” altamente productivos aportan más de la mitad del control. A eso hay que sumar el uso de herbicidas preemergentes. La combinación de ambos es lo que lleva a que la incidencia de Amaranthus palmieri a solo 2%. Las mejores soluciones son conjuntas y con sinergia entre sí.

Encuestados los productores CREA de Argentina, la mayor parte de los productores dice que va a combinar distinto los herbicidas (32%); cambiar las rotaciones (19%); hacer cultivos de cobertura (10%); cambiar el sistema de labranza (8%); hacer desmalezado manual (7%); y otras prácticas de menor incidencia como cambiar las fechas de siembra o la genética.

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Las lluvias frecuentes favorecen la aparición de malezas, así como la resistencia a herbicidas.
Las lluvias frecuentes favorecen la aparición de malezas, así como la resistencia a herbicidas.

 

El problema en Uruguay

En un año en el que justamente la frecuencia de las lluvias está impidiendo aplicar herbicidas y favoreciendo el desarrollo de malezas, el problema preocupa especialmente. Raigrás y avena están compitiendo fuerte con el trigo y la cebada.

El raigrás además genera problemas en los barbechos de chacras que van a cultivos de verano, advirtió el consultor argentino. Es un problema serio en cultivos de invierno y es la especie que tiene más resistencia cruzada en el mundo, es decir que tolera a varios herbicidas, especialmente los raigrases diploides.

Se pueden aplicar graminicidas y esperar 20 días para plantar luego el cultivo de invierno, sugirió. Y mezclas de productos tanto en pre emergencia como en posemergencia. Pero el raigrás rápidamente logra resistencia a los productos.

Pero el gran problema que se viene es Amaranthus que, enfatizó García, será este año el principal problema en Uruguay. Lo primero es anotar en qué chacras estuvo presente el año pasado. No se ve en las chacras hasta octubre. En aquelllas chacras en las que hubo el año pasado hay que aplicar preemergentes desde ahora. Es una de las malezas más hábiles, aún siendo muy pequeña ya genera muchas semillas.

Hay que esperar a que nazca la primera camada de Amaranthus, pero eso puede implicar demorar algo la siembra de la soja, y hay que hacerlo con menor distancia entre líneas para que sombreen el suelo lo antes posible. Capaz que hay que aumentar la velocidad de siembra porque hay que hacerlo algo más tarde. Amaranthus no es solo resistente a glifosatos sino también a la familia de los llamados Als.

La vanguardia de la resistencia en la región y que permanece como un problema muy serio es la Coniza, o yerba carnicera . En este caso las soluciones que aparecen incorporan productos hormonales.

Finalmente un grupo de malezas cada vez más complicado son las gramíneas de verano.

Echinochloa empieza a aparecer como problema en zonas que van de Young a Guichón, y es un problema grave en Entre Ríos. Chloris es un problema creciente en Argentina y Eleusine que puede empezar a ser un problema. Los Als funcionan bien con las gramíneas de verano.

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Las malezas ya son una amenaza real para la agricultura.
Las malezas ya son una amenaza real para la agricultura.

 

La apuesta es diversificar

La ganadería puede ser una herramienta en el control de malezas. Hay un problema con los arrendamientos. El modelo no resiste la lógica del modelo de rentas. La complejidad de las estrategias es difícil de integrar con la relación que se da entre el propietario y arrendatario.

Cuando no funciona el glifosato, aparecen otras herramientas, químicas y agronómicas. Ya no hay una herramienta que sirva para todo. La agricultura se hace más compleja y habrán diferencias cada vez mayores entre quienes combinen mejor las herramientas y quiénes no. Los equipos capaces de combinar mejor serán los que obtengan buenos resultados. Para los otros será complicado.

La complejidad llega para quedarse. No aparecerá un nuevo glifosato que dé una solución simple.Un factor de suba de costos difícil de frenar y que obliga a repensar estrategias. Lo seguro es que estas estrategias serán más complejas que en el pasado.

 

 

¿Dónde está el origen del problema?

Se trata de un interesante proceso evolutivo: se genera presión de selección a favor de una característica y cuando mutaciones azarosas van generando esa resistencia el combate a esa maleza se vuelve más difícil. Y más caro.

Un estudio de la Universidad de California publicado por Albert Fischer y divulgado por Argentina plantea que “es lógico esperar que surjan y se incrementen los casos de resistencia a glifosato en malezas como consecuencia del empleo masivo de este herbicida sobre grandes extensiones (…) bajo labranza cero en sistemas agronómicos con control de malezas muy poco diversificado”.

Esto comprometerá la sustentabilidad de los sistemas agrícolas y la eficacia a largo plazo de uno de los herbicidas más útiles y seguros que existen. Un análisis de los mecanismos que confieren resistencia a herbicidas en las malezas sugiere que no sólo es importante preocuparse de mitigar la evolución de biotipos resistentes a glifosato, sino que los riesgos de evolución de resistencia múltiple involucrando herbicidas que se emplean para controlar malezas resistentes a glifosato son también elevados dado que muchos de esos herbicidas alternativos pertenecen a los llamados grupos químicos de “alto riesgo” de resistencia.

En una agricultura que está enfrentada a una fuerte competencia con los países vecinos, donde los rendimientos son mayores, encontrarle la vuelta a este problema puede en el mediano plazo resultar un factor clave para una agricultura uruguaya que debe adaptarse a precios menores, atraso cambiario, costos altos y tal vez pueda combinar diferenciación con un control distinto al que se llevó adelante hasta ahora.

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Fuente: Observa

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