30 de julio de 2017 11:45 AM
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Mauricio Macri ratifica su alianza con el campo argentino

El presidente argentino recibe el apoyo cerrado de grandes agricultores y ganaderos en la apertura de la Exposición Rural.

El campo quiere a Mauricio Macri y se lo hace saber cada vez que puede. La apertura de la exposición que desde hace 131 años hace la Sociedad Rural Argentina (SRA) en su predio de Palermo, el mejor termómetro del clima político argentino, fue una muestra más de ese amor incondicional. Macri pisó el barro de la pista central entre aplausos y una vez en la tribuna agradeció a los ruralistas el apoyo recibido durante su primer año y medio de Gobierno. “Cuando el campo crece, crece Argentina”, les dijo.

El presidente Mauricio Macri saluda a un trabajador del campo durante la apertura de la Exposición Rural en Buenos Aires.
El presidente Mauricio Macri saluda a un trabajador del campo durante la apertura de la Exposición Rural en Buenos Aires. Presidencia

 

Antes, el titular de la SRA, Luis Miguel Etchevehere, había dicho que Macri “supo reconocer la importancia” del campo “luego de años de obstrucción y desprecio”. Se refirió así al kirchnerismo, gran ausente de anteriores inauguraciones e impulsor de una política de redistribución que cargo de impuestos al sector más productivo del país para financiar a la industria local. Macri bajó esos impuestos apenas asumió.

La de este sábado ha sido la segunda presentación de Macri en la SRA. En la primera recibió una ovación. Llevaba pocos meses en el Gobierno y los grandes productores apoyaron sin condiciones su política de devaluación del peso y eliminación de retenciones a las exportaciones. El sector creció, pero no tanto como esperaba. Los aumentos de tarifas y combustibles y, sobre todo, la inflación, nublaron el paraíso que soñaron. Pero el desprecio al kircherismo alcanzó para aliviar cualquiera de los problemas actuales. Etchevehere fue claro: “No podemos volver al pasado. Volver al pasado es volver a generar pobreza, volver al desprecio por las instituciones, a la mentira, a la demagogia y a la estafa como recurso político. Es la la impunidad para las mafias, para los corruptos que se amparan en fueros que no merecen”, gritó entre aplausos. La referencia a los fueros fue para el exministro kirchnerista Julio De Vido, que esta semana resistió su expulsión como diputado pese a enfrentar causas por presunta corrupción.

Los discursos estuvieron cargados de referencias políticas, a tono con el clima de campaña que se vive en Argentina. En octubre habrá elecciones legislativas, y el campo ha apostado todo por Macri. El presidente prometió a los ruralistas una bajada de impuestos que será debatida tras los comicios. “Cuando me dicen que les hemos dado una mano, yo no me siento cómodo con esa frase. Lo que hemos hecho es sacarle el pie de encima y el campo respondió con más trabajo y más empleo”, dijo Macri. Luego prometió obras públicas para beneficiar al sector: “No les puedo pedir que produzcan con tecnología del Siglo XXI, sobre una infraestructura del Siglo XIX. Por eso hemos puesto en marcha más de 20 mil kilómetros de caminos y autopistas que se construyen a precios entre el 20 % y el 50 % más barato. Porque nunca más las obras serán sinónimo de corrupción. Sino de esperanza, optimismo y alegría”.

 

En la feria

Una recorrida por la feria no refleja el optimismo de los discursos oficiales, pero sí que el apoyo del campo a Macri sigue intacto. El sector más comprometido es el ganadero, apenas beneficiado por las exportaciones que tantos ingresos producen a los agricultores, responsables de una cosecha de 137 millones de toneladas, 12 millones más que en periodo anterior. Los ganaderos insisten en que Argentina está en el camino correcto y recuerda que se necesitan varios años para recuperar las cabañas. El kirchnerismo puso enormes trabas a la exportación de carne y logró mantener bajo el precio de uno de los símbolos culinarios de Argentina, pero la medida hundió a numerosos criaderos y les hizo perder mucha competitividad. Esas cabañas ven ahora que las puertas a los mercados internacionales vuelven a estar abiertas.

Mauricio Macri
El presiente argentino Mauricio Macri inaugura la 131° Exposición Rural. Tela

“Claramente este es el camino. Preferiría morir de hambre con este sistema que volver al anterior”, asegura Silvina San Martín, propietaria de una cabaña de vacas de una raza autóctona, Greyman argentino, adaptada para vivir en zonas muy calurosas, como la provincia norteña de Santiago del Estero. San Martín aclara que ellos apuestan por una ganadería natural, alimentada con pasto, pero el consumidor argentino aún no aprecia este valor agregado y no está dispuesto a pagar más por él, como sí ocurre en otros mercados, como el europeo.

Casi todos ven con optimismo la revolución genética, pero se muestran preocupados por la caída del consumo interno y por las consecuencias del cambio climático. “Viene tranquilo, pero seguimos apostando. Incorporamos genética y tratamos de enriquecer este trabajo. Por algo somos reconocidos como una de las mejores carnes del mundo”, dice Federico Barrazas, criador de Angus, una de las razas más populares en la ganadería argentina. Coincide con él Matías Alcorta, criador de Blonde d’Aquitaine, una raza híbrida europea, introducida en Argentina hace 30 años, pero que tiene poca salida por tratarse de animales mucho más grandes de los que se faenan en el país austral. “No cambió casi nada en el último año”, lamenta Alcorta.

 

Tambos en crisis

Los productores lecheros sufrieron un pésimo 2016: la caída del consumo hizo bajar aún más el bajo precio de la leche. Este año, las graves inundaciones que han afectado a la principal cuenca productora de Argentina (Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba) han llevado a la ruina a varios tambos, pero la caída de la producción ha permitido que los que quedaron a salvo recuperen precios. “Antes del kirchnerismo se exportaba el 30% de la leche. Se prohibió la exportación y por la sobreoferta se desplomaron los precios”, explica Leoncio Diz, de la cabaña Diz Hermanos & Co. El macrismo retiró las trabas a las exportaciones, pero los tambos argentinos ahora deben adecuarse para volver a competir fuera.

Diz, veterinario de profesión, explica que el sector está en medio de un gran cambio por los avances genómicos, una de las apuestas de Argentina para recuperar mercados internacionales. Antes se necesitaban cuatro años en saber si un ejemplar era excelente o no, ahora se sabe “en seis meses”, explica. Los mejores animales daban un ternero al año, ahora se usan técnicas de fertilización asistida y de una vaca pueden obtenerse 400 embriones. En la actualidad, los animales están estresados, lo que les hace más proclives a enfermarse y cuesta más preñarlos, admite.

A gran distancia de la carne bovina, los criadores de ovejas intentan también recuperar terreno, aunque tienen problemas. “Las políticas internas del kirchnerismo castigaron la ganadería y cuesta remontar. Al agro lo das vuelta en seis meses, la ganadería tarda años”, dice Marcelo, criador ovino. Recuerda que se beneficiaron de una subida del precio de la carne en los meses posteriores a la asunción de Macri, pero desde entonces están cada vez peor: “En los últimos meses perdimos frente a todo. El gasoil subió más, la mano de obra, todos los costes”. Marcelo cree que el sector ovino argentino no tiene un futuro fácil porque le falta competitividad. Por un lado, ha caído la demanda de lana ante el avance de las fibras sintéticas, excepto la de mejor calidad; por otro, el cordero patagónico tiene una crianza natural, con pasto, cuyo consumo se reduce a las fiestas y tiene que competir en un mercado donde “el lechón y el pollo se han industrializado”. Todos coinciden en que la situación actual no es fácil y que la recuperación se demora. Pero también tienen un enemigo común que esperan ver definitivamente derrotado: el kirchnerismo.

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