23 de agosto de 2017 04:06 AM
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Un “cisne negro” sorprende a Macri: tras la buena onda por los limones, Trump frena el ingreso de biodiesel

El Gobierno todavía festejaba el reingreso de los cítricos nacionales a ese mercado cuando, súbitamente, Estados Unidos aniquiló un negocio valuado en más de u$s1.200 millones anuales. Empresarios alertan por un desplome del precio del “bio” y por el impacto en la cadena sojera.

La cuenta no podría ser más desfavorable para la Argentina: el gobierno de los Estados Unidos habilitó la entrada de limones por u$s50 millones. 

Pero, como contrapartida, le acaba de cerrar la puerta al biodiesel con sello nacional, que cada año representa un ingreso de divisas del orden de los u$s1.200 millones. 

Sorpresa y bronca. Esas dos palabras resumen las sensaciones que, por estas horas, están atravesando tanto a funcionarios nacionales como a empresarios del sector de las energías renovables, que todavía estaban celebrando la supuesta “buena onda” que dejó en su visita el vicepresidente de EE.UU., Mike Pence. 

Concretamente, el Departamento de Comercio del país del Norte consideró que el biodiesel de origen argentino –así como también el de Indonesia- está subsidiado, por lo que impuso fuertes tasas a este producto derivado de la soja.

En diálogo con iProfesional, Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO) aseguró que “el nivel de aranceles que fijaron hace inviable cualquier exportación”.

“Los embarques van a car a cero”, advirtió el directivo, quien agregó que el sector está “sorprendido por la noticia, especialmente luego de la visita del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, que comunicó oficialmente su deseo de incrementar el comercio bilateral”.

Según se informó desde Washington, el bio nacional será castigado con un arancel compensatorio y de manera provisoria hasta que culmine la investigación –que “puede durar varios meses”, según Zubizarreta- de entre el 50% y el 64%, lo que arroja una tasa promedio del 57%. 

En los papeles, es un mazazo ineludible para el producto derivado de soja que exporta la Argentina, que hasta ahora tributaba apenas un 4,5%.

Héctor Huergo, analista experto del mercado de granos, dio a entender que había una suerte de ensañamiento: “Me parece que el gobierno de EE.UU. está descontrolado. Meter un 57% de arancel es ridículo. Alcanzaba con un 15% para sacar a la Argentina de la cancha”, afirmó.

Consultado sobre lo intempestivo de la medida, especialmente tras el mensaje de apoyo que Pence trajo en su visita al país, Zubizarreta aseguró que “la decisión es muy confusa”.

Los empresarios sienten que el buen “feeling” que se comenzó a construir entre ambas administraciones –especialmente tras el viaje de Macri a la Casa Blanca-, ahora entra en un compás de espera. 

A nivel comercial, el impacto es significativo: en 2016 la Argentina exportó a los Estados Unidos combustibles derivados de soja por cerca de u$s1.200 millones, equivalente al 25% de los despachos totales hacia ese mercado y al 65% de todos los envíos de bio al mundo.

 

Para ponerlo en perspectiva:

• El segundo rubro más despachado hacia ese destino fueron aleaciones de aluminio, por u$s352 millones anuales, es decir, menos de un tercio.

• En tercer lugar quedaron los vinos y bebidas con alcohol, por u$s302 millones. 

“La carga arancelaria directamente va a frenar los envíos y no sólo va a perjudicar a las empresas exportadoras de biodiesel. Esto generará un perjuicio mucho más profundo, que va a afectar a toda la cadena, porque implicará un derrumbe del precio internacional del aceite”, alertó el titular de CARBIO.

 

 

El gran cisne negro que pocos vieron
No es la primera vez que surgen roces por el tema del biodiesel: cuando en abril Macri viajó a los Estados Unidos, Trump lo llenó de elogios pero nunca le cumplió el mayor pedido que llevaba el presidente argentino: la garantía de que el derivado de soja iba a poder entrar libremente. 

El Comité de productores norteamericanos venía advirtiendo que las importaciones desde la Argentina e Indonesia se habían multiplicado casi por seis de 2014 a 2016 y que, a causa de ello, las empresas locales habían resignado casi 20 puntos de share en su propio mercado.

Por ello, sobre el “bio” argentino pesaban dos pedidos de penalización iniciados por los productores estadounidenses:

-Uno por supuestos subsidios que ofrece el Gobierno nacional, al alentar la exportación con menores derechos de exportación respecto del poroto de soja, que es la solicitud que finalmente terminó gatillándose.

-Otro sobre supuestas maniobras de dumping. Es decir, cuando un producto se exporta a un valor más bajo que el que cuesta producirlo en el país de origen. El Departamento de Comercio debía expedirse sobre este tema en agosto pero decidió “patear” la definición hasta el 19 de octubre.

Así, todos los funcionarios miraban este último caso con más atención y festejaban el hecho de que la administración Trump decidiera posponer el veredicto por dos meses.

Sin embargo, la causa por los subsidios, en la que se esperaba una decisión favorable para la Argentina, terminó por convertirse en el “cisne negro” que empañó toda la relación bilateral.

Incluso, a mediados de agosto, una misión de alto nivel conformada por el ministro de Agricultura, Ricardo Buryaile; el secretario de Comercio, Miguel Braun, y el secretario de Relaciones Internacionales, Horacio Reyser, había viajado a Washington para tratar el tema de la apertura del mercado de limones, pero nunca habían sido anoticiada por las autoridades estadounidenses sobre el inminente revés para la Argentina.

Así, mientras los funcionarios miraban hacia octubre como la “fecha clave” en una de las dos causas que pesaban sobre el “bio” –es decir, la de dumping- y, en paralelo, celebraban el acuerdo por los limones, la gestión de Trump avanzó con una medida de alto impacto político y comercial.

Uno de los pocos que advirtió sobre el riesgo de que explotara este tema había sido Myron Brilliant, vicepresidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de EE.UU., quien llegó al país como parte de la comitiva de empresarios que acompañaron a Pence.

Brilliant había alertado que había tres asuntos que merecían atención por parte de los dos gobiernos: la exportación de limones argentinos, la de biodiesel y la de carne.

“Estos temas terminarán siendo más grandes de lo que son si no se tratan a tiempo”, alertó el directivo. Finalmente, fue la del “bio” la que barrió con la agenda.

 

 

De la “luna de miel” al mazazo
La visita del vicepresidente Pence estuvo cargada de elogios mutuos y de continuos gestos de apoyo por parte de la administración Trump a Macri por “sus audaces programas de cambio para transformar la economía del país y para restaurar la reputación de Argentina en el mundo”.

Y si bien durante su estadía no se firmó ningún acuerdo, trascendió que ambos mandatarios habían dialogado sobre los caminos posibles para “aumentar el comercio bilateral” y hasta se informó que se había avanzado en las negociaciones para incrementar el intercambio de productos agrícolas”.

Apenas el funcionario de la Casa Blanca dejó Buenos Aires, se habilitó la entrada de los limones al mercado estadounidense, luego de 16 años de trabas. 

El negocio estimado por la Cancillería argentina alcanza los u$s50 millones anuales.

Y si bien no es una cifra que mueva tanto el amperímetro para una industria que exporta por más de u$s600 millones, los negociadores se encargaron de adelantar que esto representaba una hendija a partir de la cual se podrían ir abriendo nuevas ventanas para el envío de otros cítricos. 

Claro que, como contrapartida, el Gobierno debió habilitar –tras 25 años- el ingreso de carne de cerdo procedente de los Estados Unidos. Un negocio pequeño para el potencia del país del Norte pero –según asociaciones de productores locales- de fuerte impacto negativo para la cadena nacional.

El segundo objetivo que se había fijado la administración de Macri era la de reabrir el mercado de carne vacuna, también cerrado durante más de 16 años. 

Sin embargo, para Miguel Ponce, director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior, “después de esta decisión, es muy difícil pensar que se avance con algún tipo de beneficio para la Argentina”.

“Incluso, hay que olvidarse de la posibilidad de que las empresas nacionales reingresen al Sistema Generalizado de Preferencias, un régimen que permite exportar un amplio listado de productos sin arancel y del cual había sido excluido nuestro país en épocas del kirchnerismo”, agregó.

 

 

Venezuela, ¿el eje del problema?  
Frente a este escenario, el secretario de Comercio de los EE.UU., Wilbur Ross, emitió un comunicado en el que intentó despegar esta medida de cualquier decisión de tinte política. La atribuyó, básicamente a los mandamientos del mercado.

El funcionario sostuvo que su país “valora las relaciones con Argentina pero hasta las naciones amigas deben seguir las reglas”.

Bajo estos argumentos, fue un baño de realidad el que se dio el macrismo, que ahora comprueba en carne propia que, por más apretones de manos, sonrisas para las cámaras y frases altisonantes sobre la buena marcha de las relaciones bilaterales para Trump negocios son negocios. Y lo que prima es su visión proteccionista.

Sin embargo, Ponce va más allá al afirmar que “en esta decisión no hay casualidades sino causalidades”.

“Esta medida que perjudica a la Argentina hay que mirarla por el lado de la política: Pence vino para obtener un fuerte apoyo en su causa contra Maduro en Venezuela y se fue con las manos vacías. En Estados Unidos su gira incluso fue vista como un fracaso”, acotó Ponce.

En su discurso, Pence había afirmado: “El presidente Trump me envió aquí para que quede bien claro en Argentina y en toda América Latina que EE.UU. no se va a quedar con los brazos cruzados cuando Venezuela se está destruyendo”.

Sin embargo, Macri se plantó: “En el Mercosur no vemos como una alternativa la fuerza para la solución del conflicto”.

“Lamentablemente, la administración Trump está mezclando situaciones políticas con temas comerciales”, advirtió Ponce.

El experto agregó: “Claramente, vamos camino a una balanza más deficitaria si EE.UU. privilegia la definición de la crisis en Venezuela y hace pagar a sus socios con definiciones económicas de esta naturaleza”.

 

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Fuente: iProfesional

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