28 de agosto de 2017 03:26 AM
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La industria alimentaria de Chile exporta a 150 países

Chile es uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo. La relevancia de este sector se refleja en una oferta de 65 categorías de productos en más de 150 países; Chile esstá entre los 10 principales suministradores globales para cerca de 50. El 23% de las exportaciones chilenas corresponden a la producción alimentaria: es […]

Chile es uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo. La relevancia de este sector se refleja en una oferta de 65 categorías de productos en más de 150 países; Chile esstá entre los 10 principales suministradores globales para cerca de 50.

El 23% de las exportaciones chilenas corresponden a la producción alimentaria: es la segunda actividad más importante del país. El 31% de las empresas existentes en Chile (319.000) pertenecen al epígrafe alimentario y un 23% de los empleos son generados por este sector (dos millones anuales). El actual objetivo es doblar los envíos al extranjero en los próximos 10 años, es decir, alcanzar los 32.000 millones de dólares.

Por otro lado, la población mundial avanza con paso firme hacia la cota de los 10.000 millones de habitantes para el año 2053. Los mayores crecimientos se darían en África, donde la cifra alcanzará los 2.500 millones de personas, y Asia, que sumaría 5.300 millones. América subiría a los 1.200 millones; Oceanía, hasta los 66 millones. Europa sería la única en retroceder, a 728 millones de habitantes.

Más allá de estas proyecciones, hoy ya somos 7.500 millones con muchas necesidades que cubrir, algunas básicas, como la alimentación, que caen en el rango de ineludibles e indispensables para nuestra sobrevivencia.

Asimismo, los avances en el transporte y el desarrollo de infinidad de nuevas tecnologías han ido acortando drásticamente las distancias entre los puntos más alejados del orbe, y ya es habitual encontrar diariamente ultramarinos del otro lado del globo en nuestra mesa. Es más, el cambio de estaciones no nos impide continuar ingiriendo comidas reservadas hasta ahora para una época determinada del calendario.

La inversión extranjera directa (IED) busca oportunidades con futuro y largo recorrido, y la alimentación sin duda es una apuesta segura. Las ventas mundiales totalizan 9,4 billones de dólares; las ventas exteriores, 1,3 millones, y el gasto de los humanos está en los 8,1 billones según las principales fuentes.

Veamos algunos datos relevantes de Chile. Dispone de 35,5 millones de hectáreas bajo uso agrícola, pecuario y forestal, de un total de 75,6 millones. Aún hay espacio para crecer. Solo 1,3 millones de hectáreas tienen cultivos anuales y permanentes.

Cabe recordar que en el caso de Chile hablamos del hemisferio sur, lo que significa que se obtiene producción agrícola de contraestación respecto a Europa. El territorio chileno cuenta con excepcionales condiciones sanitarias naturales e instituciones eficientes, garantes de altos estándares de calidad e inocuidad. Cumpliendo con altos estándares fito y zoosanitarios se logró la erradicación de enfermedades de alto impacto económico, como la fiebre aftosa, la peste porcina clásica y el control de plagas cuarentenarias, entre otras. Hay una diversidad de climas, lo cual abre opciones a una gran variedad de producción agrícola.

Una meta nacional

Hace tiempo el desafío para hacer de Chile una potencia alimentaria dejó de ser solo un esfuerzo de carácter sectorial. En este momento es un quehacer nacional, lo cual conlleva implicancias económicas, tecnológicas, productivas, comerciales, territoriales y sociales, a corto, mediano y largo plazo.

Como ejemplo de liderazgos destacados en exportación de algunos productos chilenos podemos citar: uva de mesa, cerezas, arándanos, ciruelas, filetes de salmones frescos y congelados, mejillones, truchas congeladas enteras, erizos de mar ahumados y malta tostada.

Entre los principales nichos con amplio potencial para invertir, de forma independiente o con socio local, destacan: frutos secos; berries; horticultura; lácteos; cárnicos; frutas y hortalizas procesadas; vinos; semillas; acuícolas, y, por último, alimentos funcionales.

En relación con los estos últimos, también llamados fortificados, hay que decir que Chile es un mercado maduro para la producción y el intercambio de ingredientes funcionales y alimentos sofisticados, que han logrado posicionarse rápidamente en los mercados y en las preferencias de los consumidores, desarrollando paralelamente necesidades en la optimización de los procesos productivos. Sobresalen los bioproductos y sus precursores, nutracéuticos con uso en la agricultura, generados a partir de algas y residuos producidos por las transformadoras locales (pesquera/acuícola). Además, existen incentivos para la llegada e implementación de centros de I+D+I para adición de valor a la fabricación alimenticia.

¡Ustedes tienen la palabra!

Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L

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Fuente: www.eleconomistaamerica.cl

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