6 de septiembre de 2017 03:49 AM
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Leyes en el “freezer”: populismo por acción, populismo por omisión

Mientras se postergan la Ley de Bosques en la Legislatura de Córdoba y la Ley de Semillas en el Congreso, más nos alejamos de las soluciones tecnológicas para problemas reales que afectan las inversiones y a la producción.

La parálisis legislativa respecto  a dos leyes  de gran importancia para el normal funcionamiento de la actividad agropecuaria en el ámbito nacional, en un caso, y de la provincia de Córdoba, en el otro, son un freno a las inversiones.

En primer lugar me refiero a la discutidísima Ley de Semillas que debe actualizarse de acuerdo a la aparición de nuevas tecnologías que, indudablemente,  deben ser protegidas de forma tal que los derechos de los obtentores de variedades y de  los proveedores de dichas tecnologías sean respetados.

Lo mismo ocurre en Córdoba donde hace falta adecuar la reglamentación provincial a la ley de bosques y la demora en su tratamiento está interfiriendo negativamente en la actividad agropecuaria de los campos, que todavía no saben a qué color del mapa corresponden.

Aunque parezca sin importancia, se trata de dos leyes que inciden directamente sobre la decisión de inversiones  y en el resultado de los negocios de todos los eslabones de la cadena de producción agropecuaria.

Parecería que, más allá de los  simples enunciados, no hay intención de que estos verdaderos problemas se solucionen; la postergación infinita para el tratamiento de los proyectos presentados ha logrado el hartazgo de quienes con la mejor intención participaron en los debates para lograr una ley equitativa y, en consecuencia, las discusiones se repiten con nuevos actores, para empezar de cero.

Costo político

Nadie quiere asumir el costo político de sacar una ley que seguramente no le va a gustar a muchos, porque va a formalizar un sistema que incluye a todas las partes del negocio de las semillas y los usuarios.

Cuando hablamos de que la justicia tardía y lenta no sirve, podríamos decir lo mismo de un Poder Legislativo  que, sin plazos,  perjudica a todos. Pretender que estos proyectos lleguen a concretarse a partir de consensos es una utopía. La consulta a las entidades que representan los intereses de quienes son objeto de la ley es informativa; el trabajo de ensamblar los intereses en forma  equitativa  y con beneficio para todos es de los legisladores.

Acción y omisión

Si tenemos que esperar otro año para tratar estos proyectos por la interferencia de las elecciones, más nos alejaremos de las soluciones tecnológicas para los problemas reales que hoy nos complican enormemente, más allá de nuestras habilidades. Y otro año sin ley de bosques significa campos parados e  improductivos, con los costos que implica.

El populismo por acción nos generó un importante atraso en muchos aspectos y el populismo por omisión seguramente tendrá el mismo efecto, si no lo corregimos. Es tiempo de que cada uno se haga cargo de su función dentro de la sociedad para facilitar la vida de todos. Que los legisladores legislen, los controladores controlen y los productores dejemos de ser empleados públicos cargados de obligaciones impropias para poder dedicarnos a producir como corresponde.

Patricio Watson

El autor es productor agropecuario.

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Fuente: AgroVoz

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