9 de septiembre de 2017 10:37 AM
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La soja tiene una agenda demasiado cargada

La producción crece más por tecnología que por crecimiento de área.

La Argentina contin√ļa siendo el tercer productor mundial de soja y el primer exportador de harina y aceite, con una prominente posici√≥n en biodi√©sel. M√°s del 78% de la producci√≥n se industrializa localmente y el resto se exporta como grano. Mientras la harina y otros productos de alto valor tienen m√ļltiples destinos, el aceite y el grano se concentran en pocos y fuertes pa√≠ses demandantes.

Nos preocupa el cambio clim√°tico global, la falta de infraestructura de canalizaci√≥n y drenaje y el sistema productivo instalado en la √ļltima d√©cada. Todo esto genera una situaci√≥n dram√°tica que nos debe impulsar a encontrar herramientas que nos permitan mitigarla. Es una responsabilidad del Estado pero tambi√©n del sector privado.

Las nuevas reglas de juego originadas por la quita de retenciones a los cultivos -a todos menos a la soja que contin√ļa con el 30% en la mayor superficie- y de las trabas al comercio generaron un clima de negocios al que todos los sectores respondieron positivamente. As√≠, los sectores proveedores de tecnolog√≠a e insumos ligados a los principales cultivos y la ganader√≠a aumentaron las ventas y respondieron con fuertes inversiones impulsados por una mayor rentabilidad del productor. El complejo agroindustrial est√° preparado para un nuevo crecimiento de la producci√≥n, especialmente de soja.

Así las cosas, el complejo soja está recuperando la sustentabilidad gracias a una mayor diversificación de cultivos. En este escenario, la superficie de soja ha entrado en una caída previsible en las regiones centrales y en un estancamiento a nivel país. En tanto, el esperado crecimiento de la agricultura no se está dando.

Hoy la rentabilidad de los cultivos est√° en riesgo en campos alquilados, esquema b√°sico del modelo productivo argentino. Los m√°rgenes son muy sensibles al precio de la soja. Los costos directos han crecido en general y en particular aquellos ligados, por ejemplo, al control de malezas. La estructura impositiva es asfixiante. Si al precio de la soja de manera directa le descontamos el 30%, la situaci√≥n es muy comprometida y m√°s a√ļn adonde el flete es la variable de ajuste, que determina si producimos o no.

La quita paulatina de las retenciones a la soja que comenzará en enero próximo le da a los mercados un panorama cierto y previsible. Pero se trata de una medida insuficiente en el corto plazo si se suman todas las variables en juego.

Es evidente que la soja es el principal y casi √ļnico aportante en el esquema de retenciones, y que el Estado necesita de esos recursos. As√≠ lo entendi√≥ el sector. Pero entendemos que una quita inicial mayor al plan previsto, al final del d√≠a dar√° una respuesta favorable en la recaudaci√≥n. Esperamos un di√°logo constructivo con las autoridades para mejorar esta situaci√≥n.

Hoy se nos presenta una gran oportunidad para agregar valor en todas las cadenas. Si tomamos una parte del volumen de harina de soja que exportamos -fuente proteica por excelencia- y lo sumamos a los vol√ļmenes excedentes de ma√≠z, estamos frente al desaf√≠o de aumentar la producci√≥n de carnes generando valor interno y fuentes de trabajo. Esto deber√≠a planificarse a nivel regional con el fin de desarrollar centros productivos de alto valor.

La demanda de aceite de soja a nivel mundial, principalmente de India, crecerá a pesar de que China lo hará en la demanda de harinas. En tanto, la producción de biodiesel nacional se ha puesto en jaque con las recientes medidas tomadas por los principales destinos de nuestras exportaciones.

En el mundo de los negocios agrícolas hoy están sucediendo grandes cambios que todavía no llegamos a dimensionar. Los cambios políticos, de apertura y cierre de mercados, ponen en juego las reglas del libre comercio. Las fusiones de empresas, reconversiones, países consumidores participando en la producción y originación del grano, dan un nuevo marco a las cadenas que obligan a que Estado y privados trabajen en forma conjunta.

En el horizonte, un panorama económico más auspicioso para la inversión debería generar nuevos proyectos de valor agregado que nos posicionen como proveedores de alimentos y productos industriales renovables en base a soja. Esto es lo que el país necesita.

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Fuente: La Nacion

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