16 de septiembre de 2017 11:22 AM
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La Argentina bioenergética ya está en plena marcha

La familia Truppel, en el centro-sur de Buenos Aires, avanzan en la construcción de un biodigestor para estiércol bovino. Sustentabilidad y agregado valor, esencia familiar

Las bioenergías está en la agenda nacional y el agregado de valor en las prioridades de los productores agropecuarios. Esta combinación potencia el desarrollo en el campo.

 

La familia Truppel, en el sudeste bonaerense, viene apostando hace varios años. Comenzaron por agregar valor con el consumo de maíz para convertirlo en carne. Así, de ser productores de cría, se convirtieron en productores ganaderos de ciclo completo. A inicios del año pasado tomaron otra decisión estratégica: están en plena construcción de un biodigestor para producir gas y energía eléctrica a partir del estiércol bovino.

Andrés Truppel es cabeza de familia y el director general de la esta empresa . Los directores son tres de sus cuatro hijos: Alejandro, Roberto y Patricio.

La Argentina bioenergética ya está en plena marcha

Patricio Truppel monitorea un lote de novillitos. Las abundantes lluvias complican el manejo ganadero en el feedlot con piso de tierra.

Andrés, al retirarse de su anterior actividad, hace unos veinte años, apostó más fuerte a la producción agropecuaria en los campos que había comprado en el año 1994 en las localidades de Maipú y General Pirán.

A medida que sus hijos crecían se incorporaron a las tareas escalonadamente.

 

El primero fue Alejandro, quien actualmente es el director de finanzas. Luego, fue el turno de Roberto, que dirige la logística y, finalmente, Patricio se encarga de la producción y ventas.

“Nuestra actividad está centrada en la ganadería desde un primer momento y, considerando la aptitud de los campos, la agricultura es un 30 por ciento, en promedio, de nuestra empresa”, cuenta Patricio, en diálogo con Clarín Rural.

Para ellos, tanto en materia productiva como empresarial, el norte es claro: se trata de agregar valor.

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La pileta postdigetora de la planta de biogás.

Hasta unos años, las áreas agrícolas de los campos estaban en manos de terceros. Entonces, se vendían terneros recriados por un lado y granos por el otro.

Sentados en una reunión de directorio, los cuatro directivos dieron un primer gran paso: hacer propia la agricultura y consumir el maíz y los cereales de invierno (trigo y cebada) con los novillitos para vender cabezas de 350 kilos.

 

Patricio cuenta que las reuniones son un gran espacio para el análisis de proyectos y el fortalecimiento de la empresa. De esta forma, se atreve y cuenta parte de la interna, dejando en evidencia una partecita de lo que implica el recambio generacional dentro de las empresas familiares.

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La mitad de los corrales están listos.

El productor comenta que son muchas las veces que los directores deben pensar estrategias más conservadoras para frenar el emprendedurismo del director general, aunque también dice que otras veces su padre frena la fuerza de las ideas de los jóvenes directores.

Sin embargo, cuando Andrés llevó a la mesa la posibilidad de construir un biodigestor para agregar más valor a la ganadería fue un punto disruptivo. Con la construcción de este módulo, además, concluyeron, podían mantener activos anteriores proyectos de agregado de valor que habían desechado.

 

“Para nosotros, uno de los desafíos más importante es sostener la sustentabilidad porque el feedlot provoca un daño ambiental que queremos subsanar. Por eso, en la construcción del biodigestor tenemos una solución para mitigar el daño ambiental que hace el corral. Además, con este desafío vamos tras una actividad nueva y rentable, y nos expandimos sobre un área no explorada por la empresa”, destaca Patricio.

Con la energía eléctrica que producirá el biodigestor, que planean ponerlo en funcionamiento en marzo del año próximo, producirán 300 kilowatt por hora.

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La recría de un Angus colorado en la pastura consociada.

De esta manera, la planta queda fuera de programas de energía eléctrica, como el Renovar 2, o los programas de energía distribuida. Sin embargo, Patricio aclara que eso no le preocupa a la empresa en este momento ya que el biodigestor es “un punto de partida y también una certeza”. Un inicio y una certidumbre ya que la energía que producirá puede ser la suficiente para activar otros proyectos propios, también de agregado de valor, como una planta de extrusado de soja o una aceitera para procesar el girasol o una fábrica de biodiésel o etanol, en caso de que la energía eléctrica no la puedan vender. Además, analizan las chances de construir una secadora de granos (se haría con la energía térmica que genera la conversión del biogas en electricidad) o la venta del biofertilizante.

 

La posiblidad de tener otras alternativas de negocio para la electricida, para ellos, es decisiva porque la inversión económica de este proyecto es muy alta.

Por esto, Patricio reconoce: “La venta de la energía eléctrica es la mejor alternativa económica para proyectos de este tipo porque genera una devolución de la inversión en seis años, contra las otras posibilidades que implican un repago a diez.” La empresa tiene dos campos: “La Magdalena” de 3.300 hectáreas en la localidad de Maipú y “La Cautiva”, de 1.200 hectáreas, en General Pirán.

El primero de ellos es un campo de cría, con un 60 por ciento del área con pasto natural, 20 con pasturas implantadas y 20 por ciento de superficie agrícola.

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El grano del cereal se destina para el consumo ganadero.

Por su parte, La Cautiva con más aptitud agrícola (35 por ciento de la superficie) es donde están los corrales de engorde y proximamente el biodigestor. La construcción de la planta digestora tiene la mitad de los corrales construidos, es decir, un primer módulo de 1.500 metros cuadrados. Este tendrá cuatro corrales de 37 por 10 metros, con un hormigón de 10 centímetros. “El espesor del piso es importante en nuestro caso ya que barreremos el estiércol con una máquina”, aclara.

 

Además está construida la pileta postdigestor y Los Truppel están en el proceso de importación del tanque de acero inoxidable, que viene desde Inglaterra y el domo -la loma que cubre al tanque- desde Alemania. Este tanque tiene la capacidad de procesar el estiércol diario de 1.000 cabezas de animales.

Esto es central, menciona Patricio, porque todo el corral sobre el que trabajan actualmente, alberga una carga de 1.200 animales.

La firma engorda por año 3.600 cabezas, la mitad propia y la otra mitad comprada. Actualmente, como está construido la mitad del piso de hormigón, 500 cabezas están allí y las restantes 700 sobre piso de tierra.

En el manejo pecuario tienen 1.800 vientres de Angus negro y colorado en el campo Maipú, con servicio y destete tradicional. Luego, los terneros viajan a General Pirán, donde se recrían a base de pasturas (ganan unos 50 a 60 kilos totales) y en el feedlot se agregan 100 kilos más hasta el final de ciclo.

 

Asimismo, Patricio dice que, “los corrales son un puente para pasar un invierno con abundantes lluvias, como el actual, alimentando a la recría con silo de maíz, fibra y nucleo proteico”. Teniendo en cuenta estas condiciones de mucho barro, el productor afirma que el hormigón les aporta la ventaja de no perder el 30 por ciento de la ganancia del peso, y del alimento producido, por estrés animal.

Los Truppel está en proceso de ejecutar su visión, la cual dice: “Queremos ser reconocidos por la calidad de nuestros rodeos, la aplicación de una moderna metodología empresaria y por la inserción en el ámbito social”. Y hacia allá van

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