2 de octubre de 2017 16:19 PM
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El problema de los desechos de langostino y una posible solución

Se acerca el verano y el inicio de la temporada de langostino en Rawson y San Antonio Oeste sin que se haya encontrado una solución para los desechos de la producción en tierra. Ahora una universidad se suma a los proyectos alternativos ya presentados con una solución “simple y económica”.

Se estima que los desechos representan el 60% del peso del langostino; la industria exportó el año pasado 41.361 toneladas de langostino con algún proceso para esa producción, por lo que el volumen de desechos se podría estimar en 62.000 toneladas. La forma en la que se abordó el tema de los desechos en toda la Patagonia durante el verano de 2017 fue mediante los procedimientos más contaminantes disponibles: incineración en cascos urbanos y entierro en predios fiscales, en el mejor de los casos, perjudicando gravemente a los centros turísticos, en especial a Rawson y Las Grutas. Como paliativo se acaba de habilitar una harinera en Puerto Madryn, pero la misma no logrará absorber todo lo que la industria generaría ante una nueva temporada exitosa. Por eso es importante buscar alternativas para dar una solución. La Universidad Kennedy se suma a las alternativas, presentado un proceso de reutilización de los desechos que, se asegura, es simple, de bajo costo y que además genera ganancias.

Si no baja el nivel de explotación del langostino y si como viene ocurriendo, algo que la mayoría festejará, incluso aumenta, nadie tiene aún un plan estratégico sanitario para atender el problema de los desechos.

Es extraño que no se hayan buscado aún alternativas sustentables para el tratamiento a pesar de existir varios desarrollos públicos y privados. Ahora la Universidad Kennedy suma una propuesta. Diseñó un proceso de reutilización que define como “simple y económico”. Busca generar con caparazones y cabezas subproductos de alto valor comercial para las industrias textil, farmacéutica, nutracéutica y agronómica; y de gran potencial en la bioingeniería de materiales.

“Los desechos de la pesca y comercialización de crustáceos constituyen aproximadamente el 60% del peso del producto y conlleva la necesidad de eliminar anualmente, varios miles de toneladas de residuos biológicos”, señala el documento realizado por la bioquímica Mónica Galdi, profesora de la institución.

La especialista indica que los desechos están constituidos por una matriz biológica poco biodegradable cuyo “componente determinante de la estructura tridimensional es la quitina, que constituye aproximadamente el 15% del peso. Similar a la celulosa en algunos aspectos pero insoluble en agua, ácidos y bases, es capaz de formar fibras altamente ordenadas y resistentes”.

“La quitina, como sus derivados, tiene utilidad en la industria. La producción actual está destinada a las industrias cosmética, agronómica, alimentaria, conservante y antioxidante; farmacéutica y textil. También tiene uso industrial para filtración y purificación de aguas residuales o potables, ósmosis inversa y control de separación de solventes”, indica Galdi.

De la experiencia que realizaron con desechos de langostinos triturados, obtenidos de una pescadería minorista, establecieron una composición que resultó en 70,3% de agua libre, 6,1% minerales, 3,1 %proteínas, 5,7% lípidos, 14,5% quitina y 3,3% pigmentos. Reconocen que “no es el proceso más eficiente ni más efectivo” pero si es económico, ambientalmente amigable y es una solución posible para el problema del tratamiento de los desechos en la zona de generación misma”.

El método diseñado consiste en tres etapas sucesivas y breves, se indica en el informe. La desmineralización; la desproteinización y finalmente la recuperación de pigmentos. Inicialmente se retira la mayor parte de los minerales presentes con una solución de ácido cítrico débil que forma diversos complejos con calcio, es económico, puede ser usado tanto en medio ácido como alcalino y es un aditivo alimentario que no daña la estructura de la matriz de quitina.

El segundo proceso consiste en la hidrólisis y separación de las proteínas en un medio de pH 8 a 40º C con agitación suave ocasional durante dos horas; luego el residuo es filtrado y secado. En la experiencia realizada se adicionaron surfactantes y otros complejantes a fin de maximizar la eficiencia del proceso y se logró, informa la especialista, un producto de mayor calidad.

En el último paso se realiza un segundo filtrado en el que se obtiene un producto de aspecto rojizo debido a la presencia de pigmentos, “que es posible extraer utilizando una columna de geles de exclusión (Sepahdex G-25)” que retiene los pigmentos que luego se extraen con acetona, permitiendo concentrarlos, purificarlos y utilizarlos para una gran diversidad de aplicaciones.

En el proyecto se indica que para su aplicación a nivel industrial o municipal previsto en 100 kilos de desecho son necesarias una trituradora; un tanque de 500 litros; un calefactor a gas; un termómetro; un motor con paletas para la agitación; un cedazo para la filtración; una estufa regulable para secar e insumos químicos para la dismineralización y la desproteinización.

El resultado de este proceso a partir de 100 kilos de desecho es 12 kilos de quitina por un costo de 1.500 pesos, que genera como mínimo y para un producto de baja calidad 6.000 dólares en valor de exportación, indica el informe.

Es esta otra posibilidad de tratamiento que tanto industriales como organismos estatales pueden implementar para no repetir las imágenes del verano pasado ni los inconvenientes que ha generado a las propias empresas y a la comunidad.

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Fuente: Revista Puerto

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