4 de octubre de 2017 11:37 AM
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El maíz, patrimonio biocultural de los pueblos originarios

La relación del hombre prehispánico con el maíz era muy profunda. El Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, habla de que los hombres fueron formados por los dioses a partir del maíz. Todavía en muchos pueblos indígenas el maíz sigue siendo sacralizado.

En el sistema alimentario mundial el maíz ocupa un lugar de privilegio, lo cual constituye una de las contribuciones más importantes de los pueblos originarios de México a la humanidad. Su producción representa uno de los sistemas agrícolas mesoamericanos con sus recursos fitogenéticos domesticados, que guarda una riqueza ancestral de conocimiento, de cultura, de arraigo a la tierra, al agua y a las semillas. Su cultivo, producción y consumo es parte de la vida cotidiana de las comunidades ligada a una cosmovisión, rituales y prácticas agrícolas como elemento conciliatorio entre la cultura y la naturaleza, y como forma de apropiación del territorio.

En México, origen del maíz, existen al menos 64 razas de maíz con centenares de variedades distribuidas en todo el territorio nacional. Los pueblos prehispánicos tardaron miles de años para domesticarlo y desarrollar los procesos para su preparación y consumo. Las distintas variedades de maíz que se distinguen por su color de grano y tamaño, tenían significados distintos en tiempos prehispánicos, todos vinculados a la relación del hombre con el universo. La variabilidad climática de Mesoamérica y las contingencias ambientales en un ambiente biodiverso, favorecieron el manejo múltiple de los recursos fitogenéticos como el sistema milpa y la diversidad de maíces nativos como herencia común de los pueblos al servicio de la humanidad.

Geográficamente, su origen se ubica en los valles de Oaxaca y el valle de Tehuacán, donde se encontraron los vestigios del maíz más antiguo del mundo, con el hallazgo de las primeros olotes y granos con una antigüedad de más de 7 mil años.

La relación del hombre prehispánico con el maíz era muy profunda. El Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, habla de que los hombres fueron formados por los dioses a partir del maíz. Todavía en muchos pueblos indígenas el maíz sigue siendo sacralizado.

El maíz sigue teniendo presencia ancestral en la vida cotidiana de los pueblos de América, donde la gente lo siembra, lo muele, lo amasa y lo come preparado en múltiples maneras. En México, y en muchos otros países de la región, es difícil concebir la vida sin el maíz, es indisociable del ser y la vida cotidiana de estos pueblos; por ello, en México se adoptó el 29 de septiembre como el “El Día Nacional del Maíz”.

La desarticulación de la estructura institucional de apoyo al sector rural, producto de las políticas neoliberales, ha propiciado la importación de granos básicos con una tendencia creciente en los últimos 20 años, además de impedir que las recomendaciones técnicas, semillas mejoradas y otros insumos generados en el seno de los centros públicos de investigación, se puedan aprovechar local y regionalmente y que se dependa de la importación de insumos y semillas patentadas bajo control trasnacional, con altos costos y pérdida de soberanía productiva y alimentaria.

Por ello, el espíritu de protección al maíz nativo protege a México como su centro de origen y centro de diversidad genética y biocultural.

(*) Artículo original de La Jornada de Oriente, diario de Puebla, México. Foto de Forbes.

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Fuente: todoelcampo.com.uy

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