10 de octubre de 2017 01:49 AM
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Atención a la curva de absorción de nutrientes

Se habla mucho en agricultura de las unidades totales de fertilizante que necesita un cultivo. Sin embargo, desde esta sección abogamos por referirnos a la eficiencia de las unidades que aporta el agricultor. Y es que con un mismo producto y una misma cantidad de fertilizante la eficiencia puede ser muy diferente, tanto desde el […]

Se habla mucho en agricultura de las unidades totales de fertilizante que necesita un cultivo. Sin embargo, desde esta sección abogamos por referirnos a la eficiencia de las unidades que aporta el agricultor.

Y es que con un mismo producto y una misma cantidad de fertilizante la eficiencia puede ser muy diferente, tanto desde el punto de vista agronómico como desde el punto de vista ambiental: que todo el abono sea aprovechado por el cultivo y no se acabe perdiendo.

Una regla de oro. Al hablar de eficiencia, el abonado debe ir ligado a la producción esperada. Seremos eficientes al máximo si somos capaces de dividir las coberteras en varias aportaciones en los momentos de máxima demanda por parte de la planta. Por eso cobra una importancia vital el conocer las curvas de absorción de nutrientes. Si este año las condiciones agronómicas no van a ser las mejores, cuanto más dividamos las aportaciones de nitrógeno más cerca estaremos de esa curva de absorción, de las necesidades del cultivo, y por tanto más nos aproximaremos a la producción esperada. Y mucha atención porque, si nos ajustamos al ciclo de absorción, restaremos argumentos a quienes dicen que el agricultor abona en exceso.

No es cuestión de cantidad. El agricultor cada vez es más permeable a este tipo de mensajes porque cada vez es más profesional. Porque en el abonado no es cuestión de echar mucha o poca cantidad, sino  de calibrar de forma adecuada lo que se va a gastar y en qué se va a gastar. Esa conveniencia se convierte en una necesidad imperiosa en años como este, en los que los problemas latentes del campo se convierten en presentes.

Posibles carencias. Siempre se asocia la cobertera al nitrogenado, puesto que es el principal factor de crecimiento y desarrollo de la planta. Pero hay que dejar claro que el mero aporte de nitrógeno no va  a compensar las posibles carencias de nutrientes que afecten al cultivo.
Por eso en muchas ocasiones la cobertera es más eficaz cuando el nitrógeno va acompañado de otros nutrientes, como el azufre o el magnesio. Es momento de recordar que la asimilación de nitrógeno y azufre son sinérgicas, de modo que un abonado con nitrógeno y azufre disponibles hará que la absorción de ambos sea mayor. Es el caso del nitrosulfato.

La cobertera no hace milagros. Este año se ha visto en muchos lugares que el maíz se ha sembrado sin el correspondiente abonado de fondo o con la mitad que otros años, seguramente como consecuencia de la falta de seguridad en el resultado del cultivo. Pero ahora llegan las coberteras y debemos tener en cuenta que no van a ser capaces de corregir las deficiencias que el suelo o el cultivo tengan desde el principio del ciclo.

Por muy correcta que sea la cobertera, no hace milagros. Recordemos la ley del mínimo, según la cual el nutriente que se encuentra menos disponible en el suelo es el que limita la producción.

Maíz. En maíz, un momento clave en la absorción de nitrógeno es entre la sexta y la octava hoja, de modo que en ese punto deberemos hacer una aplicación. La otra debe realizarse quince días antes de la floración, puesto que aquí la curva de absorción también es muy importante.

Remolacha. En remolacha la aportación de nitrógeno se debe realizar de más de una vez. La primera debe realizarse cuando la remolacha tiene seis u ocho hojas. La segunda cobertera se hará antes del cierre de surco.

Patata. La aplicación de cobertera difiere mucho en función del destino, puesto que el ciclo de absorción cambia mucho entre las patatas destinadas a fresco y las de industria, a las que aguarda un mayor periodo de conservación.
Esa diferencia en la aplicación se da también entre las distintas variedades, con diferencias de hasta el 40%. Por esa razón las recomendaciones deben ser específicas para cada tipo de patata, siempre teniendo en cuenta la producción esperada, pero también la conservación a la que será sometida.

Cuidado con la forma del nitrógeno. Hay que recordar también que las fuentes de nitrógeno son el nitrógeno nítrico, ureico y amoniacal. Las plantas toman sobre todo el nítrico, y en menor medida el amoniacal, pero de ningún modo el ureico, que necesita un periodo de transformación en el suelo. Así, en función de la forma que escojamos ese nitrógeno será más o menos disponible por la planta.

Según esto, los nítricos y amoniacales permiten adaptarse mejor al ciclo de absorción, mientras que el ureico, de ser empleado, deberá anticiparse en su aplicación, pero de forma no precisa, ya que la necesaria transformación dependerá de elementos ambientales, como la humedad y la temperatura.

José Ángel Cortijo, responsable Zona Noroeste de Fertiberia

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Fuente: Agromeat

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