13 de octubre de 2017 12:25 PM
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Granos: no crecen, pero puede haber más calidad

Las estimaciones indican que habría una mejora en el manejo de los cultivos y una aplicación mucho más eficiente de los insumos, con un crecimiento en la aplicación de fertilizantes.

Sin mayores sorpresas (excepto, seguramente, para el Gobierno), los primeros pronósticos de la campaña agrícola 17/18 que está comenzando, indican que el área total de siembra puede llegar a caer, que la soja retrocedería más o menos fuerte, y que habrá un ligero incremento en la utilización de insumos como herbicidas, fertilizantes e insecticidas. Lo más importante, sin embargo, es que habría una fuerte mejora en el “manejo” de los cultivos y una aplicación mucho más eficiente de los insumos, según consignó el equipo técnico de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, y también especialistas externos, que participaron de una reciente presentación sobre las perspectivas de más corto plazo.

 

De tal forma, solo el factor eficiencia, y la eventualidad de un clima bastante más benigno que el de las últimas campañas, pueden hacer que el volumen de cosecha que se prepara, y por ende, del ingreso de divisas que puede llegar a tener el país, sean similares a los de este año. Caso contrario, incluso pueden disminuir, lo que constituye una noticia, al menos, inquietante a la luz de la caída de la balanza comercial total que se registrará este año, y que podría superar los u$s8.000 millones.

Lo que también está claro, es que en las próximas 8 semanas se definirán las verdaderas posibilidades del ciclo pues, lo que no se pueda sembrar para entonces, y el estado incipiente de los cultivos de trigo y cebada que lograron implantarse durante el húmedo invierno, marcarán las posibilidades máximas, que luego se jugarán durante la evolución en los meses siguientes.

Para los productores, con márgenes brutos de la actividad muy similares a los de la última campaña, y sin mayores expectativas de que las cotizaciones internacionales, tengan alguna reacción alcista interesante, el juego del presente ciclo está claro, al menos, en los papeles, y hasta ahora.

Así, el gran “elector” vuelve a ser el clima ya que, de mantenerse las lluvias en esta primavera, se seguirán sumando hectáreas perdidas a los más de 5 millones aún afectadas por inundaciones y las altas napas impidiendo, incluso, la implantación de los granos gruesos de verano. Todo esto en pleno corazón de la Pampa Húmeda, ya que en el NOA persiste la sequía. Y ahí vuelve a estar en juego el eventual aumento del área de maíz (el más controvertido entre las abultadas cifras oficiales y las más prudentes privadas) que, debido a su mayor costo de producción y su menor umbral de siembra, podría neutralizar la intención inicial de aumentar la superficie en cerca de medio millón de hectáreas (+ 8%-10%), a pesar de la tendencia por acrecentar el maíz de segunda, lo que da algo más de margen al cultivo.

Lo más interesante, sin embargo, no vino por el lado de la ligera caída del PBI agropecuario en – 1,1%, que se espera (ya que el retroceso de casi 4% que provocaría la soja no alcanzaría a ser compensado por la suba de 2,4% del maiz, 1% del trigo y más de 9% en el girasol), y que vuelve a alejar el objetivo de más de 140 millones de toneladas para después de 2016, sino lo que adelantó Agustín Tejeda Domínguez Gerente de Estudios Económicos de la BCBA, al insistir en la “recomendación” de mejorar la logística y aumentar la producción (volviendo a incluir regiones más alejadas), para salir del amesetamiento productivo local.

También Máximo Torero, del Banco Mundial, hizo particular hincapié en los aspectos que debería considerar la Argentina para lograr un crecimiento agrícola genuino. En tal sentido se destacó que en materia de Competitividad Global el país se ubica apenas en el lugar 104 sobre 138, mientras que en Infraestructura está más atrás que todos los vecinos, en el sitio 85, en tanto Chile ocupa el puesto 44, Uruguay el 47, México en 57, y Brasil el 72.

Para los observadores especializados del exterior, también se deberán acelerar las inversiones en agricultura para aumentar la productividad y fortalecer la resiliencia climática. Simultáneamente, se recomendó incrementar la infraestructura rural, encarar la reforma del mercado de semillas y fertilizantes, aumentar la extensión agropecuaria, la apertura comercial, y valorizar el anhídrido carbónico, entre otros ítems, todos bien conocidos (y postergados), a excepción del último que es el más novedoso

Obviamente, el tema de la urgente actualización del esquema de los seguros agropecuarios fue puesto sobre la mesa como una de las restricciones actuales para un mayor crecimiento productivo.

De tal forma, los casi 100 millones de toneladas de granos de la campaña 2012/13, que estarían pasando a unos 125 millones en la actual campaña, podrían aumentar a alrededor de 143 millones en el ciclo 25/26, según la muy conservadora estimación de la entidad, mientras que para otros, el factor tecnológico permitiría superar bastante esa cifra en la próxima década, por crecimiento vertical.

Hay, sin embargo, un elemento adicional que, en la medida que la economía local vuelva a reingresar al mundo, va a demandar volúmenes crecientes de granos, tal el caso de la lechería y la avicultura, hoy por hoy estancadas o en retroceso (por problemas de costos), y también la porcicultura que, si bien mantiene el crecimiento relativo, su potencial es mucho mayor. De hecho, se estima que ya hay más de 1,5 millón de hectáreas para forraje, superficie que debería ir en aumento, solo con una recuperación parcial, tanto de la lechería, como de la ganadería vacuna.

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Fuente: Ambito Financiero

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