14 de octubre de 2017 03:20 AM
Imprimir

“La maleza es un problema del lote”

El especialista tucumano disertó ante un grupo de técnicos en Esperanza. Apeló a la “Cabeza” del profesional como la mejor herramienta para combatir este flagelo, e instó a no repetir los errores de manejo del pasado reciente.

Para el Ing. Agr. Marcelo de la Vega (Universidad Nacional Tucumán), las malezas son un problema importante a nivel nacional. Tanto es así que el Ministerio de Agroindustria de la Nación en los últimos tres años viene haciendo reuniones convocantes en Oliveros y Pergamino en las “Jornadas Nacionales de Malezas”.

Según el especialista, que disertó en las 3º Jornadas de Entrenamiento Agronómico realizadas en Esperanza, “la maleza es un ser superior, que ha dominado el espacio (en el sentido que se disemina) y el tiempo (porque la dormición le permite que se duerma hoy en forma de semilla y se despierte dentro de 10, 20 o 50 años), con lo cual las malezas son un problema distinto al de las plagas o las enfermedades en un cultivo de maíz (que puede sufrir tizón o roya), o una mancha marrón en soja, pero si no hago esos cultivos no voy a tener esa enfermedad”.

En cambio, de la Vega sostiene que la maleza “es un problema de lote”. Lo dice en el sentido que aunque el productor no haga nada igualmente va a haber malezas, “porque las malezas no necesitan de un cultivo, solo de un territorio; y entonces, cuando lo domina, pasa a ser un problema endémico del lugar. Que comienza con muy pocas plantas, y esa es otra diferencia con las pagas, porque un insecto vivo puede poner 200 huevos que van a eclosionar todos juntos, pero la maleza va a poner 400 mil semillas que van a perdurar en el tiempo, que no se van a despertar todas juntas, y que durante 10 o 15 años y por más que uno las controle, ellas van a seguir siendo parte del lote”.

El agrónomo asegura que en ese sentido, el productor no debe tomarla como un gasto, sino como una inversión, “porque si las dejamos vivas -aunque sea en una baja población que no cause merma en el rinde- la cantidad de semillas que van a dejar, hará que tarde o temprano sea un problema de lote. Creo que el manejo no tenemos que ponerlo entre los costos sino entre las inversiones”, insiste convencido.

Según explicó, cualquier práctica agrícola que hagamos, el sistema responderá de alguna forma. “Hace 30 años con labranza convencional teníamos ciertas malezas como el chamico, y cuando entramos a hacer Siembra Directa no hubo más chamico. Por eso se cambió por otras comunidades de malezas más pequeñas como son las gramíneas, que no necesitan de esa roturación del suelo para poder germinar. “El sistema responde con distintas malezas de acuerdo a nuestra intervención. En ecología lo llamamos sucesión, los cambios de comunidades”, sostiene.

A prueba de todo

Según De la Vega, el otro problema es la evolución, dada dentro de una misma especie por la resistencia a la aplicación de plaguicidas. “Allá por el año 1993 la primer resistencia vino del Amarantus al ALS (Inhibidores de la enzima acetolactato sintetasa), después dormimos un sueño bastante tranquilo, una primavera con el glifosato, que es el producto más eficiente, más eficaz y más conveniente, de más bajo costo, y que eliminaba todas las malezas. No había otro producto con la eficacia del glifosato”, recuerda. Sin embargo, en ese proceso “fuimos modificando las comunidades de malezas, y empezaron a aparecer tolerancias a glifosato, porque además contábamos con que ese herbicida elimine todas las malezas, y empezaron a aparecer malezas como la borreria, los cloris, malezas de difícil control con ese herbicida, y después fue la presión de la selección de las especies que se tornaron resistentes, donde esos pocos individuos que dejábamos y que no parecían traer problemas ni disminución de rindes, ponían tantas semillas (una equinocloa pone 30 mil semillas, una eleusine 60 mil), que hicieron que las poblaciones empiecen a aumentar. Y esas poblaciones hoy son resistentes a glifosato.

Desafío antimalezas

De la Vega insiste con el concepto que cualquier cosa que hagamos en el lote, el sistema va a responder de alguna manera. “Hoy, Amarantus es una maleza muy importante, que según AAPRESID está presente en unas 13 millones de hectáreas, pero que puede ser muy bien controlada con herbicidas cuyo mecanismo es el PPO (Inhibidores de la enzima Protoporfirinógeno oxidasa). El problema es que estamos haciendo tanto uso del PPO que el miedo es que en un par de años también podamos perder esa herramienta”.

Finalmente, destacó que dentro de los productos químicos, las nuevas tecnologías que puedan llegar (como las resistencia de la soja a 2.4D o Dicamba), o más en el futuro herbicidas HPPD; son una buena herramienta). “Pero espero que no tengamos 20 millones de hectáreas de una misma cosa, porque lo que hicimos con el glifosato que sirva de ejemplo, como una herramienta educadora, para que nunca más hagamos lo mismo en 20 millones de hectáreas con tantos ambiente diferentes. En este sentido, la mejor herramienta no es el herbicida que podamos poner en una máquina, sino lo que está en la cabeza de un buen profesional”, remató.

missing image file

“las malezas no necesitan de un cultivo, solo de un territorio; y entonces, cuando lo dominan, pasan a ser un problema endémico del lugar”

Marcelo de la Vega Ing. Agr.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: El Litoral

Publicidad