15 de octubre de 2017 10:36 AM
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Los empresarios cobardes, la “small” data y cómo reinventarse

La “small” data es el “lado B” de las empresas, es decir, todo lo que no se ve, lo que está por debajo de la punta del iceberg.

El paso del periodista Jorge Lanata por el Coloquio de Idea en Mar del Plata fue tan mediático como su protagonista, quien les endilgó cobardía a los empresarios en tiempos del kirchnerismo. A algunos no les cayó en gracia, pero la mayoría lo aplaudió, como si el pasado estuviera tan lejos, tan desprendido de sus cuerpos.

Unas horas antes, aquí en 
Córdoba, más de 3.500 productores agropecuarios, reunidos en el Crea Tech que se hizo en el Orfeo Superdomo, escucharon también hablar de los efectos del miedo y de la falta de coraje.

La perspectiva era otra, pero ambas experiencias arrojan conclusiones movilizadoras.

Si algo tienen de atractivo los congresos anuales de los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Crea), es la enorme capacidad para innovar en la puesta en escena y en la horizontalidad de ciertos temas. Es el agro más allá del agro.

En ese universo, el consultor Álvaro Rolón, un experto en innovación aplicada, reunió en un living a cuatro empresarios del sector (Rodolfo Zechner, Martín Scliar, Marcelo Carrique y Pedro Lacau), a quienes presentó, aun a riesgo de ser malinterpretado, como ejemplos de “anormalidad”.

Fue entonces cuando Rolón explicó que, para innovar, hace falta cierta dosis de locura. “Los equipos mueren cuando la mayoría decide seguir siendo siempre igual, siempre normal”, desafió.

Para Rolón, esa anormalidad es la small data, el “lado B” de las empresas, es decir, todos los procesos y los pequeños detalles que provocan luego grandes decisiones y que, en general, están por debajo de la punta del iceberg.

El diálogo fluyó de manera tal que cada uno, al contar las experiencias en sus compañías, terminó revelando buena parte de sus vidas, con historias que, detalles más, detalles menos, son transferibles a cualquier pequeño y mediano empresario, sea el rubro que fuere.

Lo que esos productores hicieron al diversificarse, agregar valor, crear marcas, fortalecer sus equipos de trabajo, cuidar a sus recursos humanos y tratar de sacar la cabeza del día a día para no perder el foco, fue ni más ni menos que reinventarse.

Y para eso fue necesario perder el miedo y tener coraje.

“El momento es ahora. Si cada empresario hace un poco más, la Argentina cambia. Hay que perder el miedo, soltarlo. Cuando uno arriesga, se puede perder o ganar, pero eso es sólo un resultado, no es un final. No podemos esperar la alineación completa de los planetas, porque eso nunca pasará”, opinó Martín Scliar, quien impulsó una integración vertical en el momento en que vender granos desde este país, sin valor agregado alguno, era uno de los mejores negocios, incluso con retenciones.

Rolón abrevió algunas lecciones que quedaron flotando, como asumir las vulnerabilidades y tolerar las ineficiencias para afrontarlas con persistencia.

También que en el pesimismo nunca flotan las oportunidades y que el futuro está del otro lado del miedo. “Hay que preguntarse en cuántas peceras estamos y si hay que saltar de pecera. Sólo se crean oportunidades enterrados en el miedo”, aseguró.

Pero uno de los puntos en los que puso énfasis fue en la coherencia: no se puede ser innovador y querer tener el nivel de riesgo de un conservador. O, al revés, ser un conservador que aspira a captar los beneficios que puede alcanzar un innovador.

Eso es tan cierto dentro como fuera de la compañía, es decir, cuando a los empresarios les toca interactuar con la comunidad y con las instituciones públicas y privadas. “Me gusta pensar en empresarios normales, pero con coraje”, resumió Rolón.

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Fuente: La Voz

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