30 de octubre de 2017 12:34 PM
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La Aduana agiliza los controles para facilitar el comercio exterior en el Puerto de Buenos Aires

Dávila asumirá el miércoles como director general de la Aduana,y trabajará más intensamente con el Puerto para modernizar el flujo de cargas. También coordinará el combate al narcotráfico con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Dávila tiene excelente relación con Bullrich y con el interventor en el Puerto de Buenos Aires, Gonzalo Mórtola. Entre sus […]

Dávila asumirá el miércoles como director general de la Aduana,y trabajará más intensamente con el Puerto para modernizar el flujo de cargas. También coordinará el combate al narcotráfico con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Dávila tiene excelente relación con Bullrich y con el interventor en el Puerto de Buenos Aires, Gonzalo Mórtola.

Entre sus prioridades, el presidente Mauricio Macri busca agilizar el comercio exterior. El ejecutivo Diego Dávila asumirá el miércoles próximo como director general de la Aduana para que ésta funcione junto al Puerto de Buenos Aires, como si fuera un solo organismo, y para modernizar y facilitar el comercio, mejorar los procesos, y luchar contra el contrabando.

También coordinará el combate al narcotráfico con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Dávila tiene excelente relación con Bullrich y con el interventor en el Puerto de Buenos Aires, Gonzalo Mórtola. El nexo con ambos es Felipe Viramonte, asesor clave de Diego Dávila.

Según confiaron a LA NACION en la Casa Rosada, Dávila pondrá en marcha “procesos de modernización y aporte de tecnología que tendrán el propósito de facilitar el comercio exterior mediante el mejoramiento de los procesos aduaneros”.

Se maximizarán controles pero con inteligencia previa y se eliminarán los excesos de control y escaneo que trababan operaciones y flujo.

“El Puerto y la Aduana tienen que funcionar como uno solo”, dijo a LA NACION una alta fuente de la Casa Rosada. La Aduana no había coordinado hasta ahora con Seguridad y con el Puerto durante la gestión de Juan José Gómez Centurión. Más bien, existían cortocircuitos.
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A Gómez Centurión se le reconocen, en cambio, varios méritos: hizo el primer trabajo sucio, le dio batalla al narcotráfico y desbarató la “mafia de los contenedores” de aduaneros y empresarios, once de los cuales están presos por contrabando.

Se abrieron varias causas. Por corrupción y contrabando, citaron anteayer a 72 inspectores y verificadores de Aduana que cumplían funciones en el Puerto y en depósitos fiscales. No es poco (ver aparte).

Gómez Centurión aclaró que no renunció, sino que aceptó un traslado como vicepresidente del Banco Nación. Sin embargo, desde que pidió licencia por problemas de salud, a comienzos de año, su segundo, Pedro Chapar, asumió sus funciones y el ex veterano de Malvinas nunca pudo retomar del todo la gestión diaria. En junio, Macri designó a Dávila, ex gerente de la cervecera Quilmes y fugaz subsecretario de Enlace Interministerial, como director general adjunto de la Aduana, con la misión de desburocratizar el organismo y agilizar el flujo del comercio.

Desde entonces, hubo conflicto entre Chapar y Dávila. Según confirmaron a LA NACION diversas fuentes, Dávila no logró tener oficina fija por mucho tiempo, le costaba obtener información, computadoras, y tuvo trabas para funcionar. Dávila y Gómez Centurión negaron esas disputas.

Macri les pidió esta semana que no ventilen sus conflictos. Pero en la Casa Rosada señalaron por lo bajo que “Chapar no trabajaba en equipo”. Era un secreto a voces en la Aduana que tres funcionarios de Chapar -Mariano Ferreiros, Nicolás Ribas y Andrés Honer- trababan varias iniciativas de Dávila.

Cerca de Gómez Centurión desestimaron las versiones como “novelas de internas”. Y dijeron que el Presidente “no toma decisiones por versiones de despachos y de café”. El ex titular de la Aduana tuvo siete operaciones por úlcera y 11 días en coma. Pero el conflicto entre Chapar y Dávila nunca se solucionó.

El Puerto y la Aduana tuvieron otros conflictos: por ejemplo, hace pocos días se destrabó el ingreso de molinos eólicos, demorado para inversiones en un rubro clave para Macri, las energías renovables.

Dávila había sido designado por Macri; el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el vicejefe Mario Quintana. Ganó el ex directivo de Quilmes y por eso dirigirá la Aduana.

Para unir esfuerzos, el interventor en el Puerto de Buenos Aires, Gonzalo Mórtola, se desprenderá de su jefe de gabinete, Mariano Saúl, para sumarlo al equipo de Dávila, que está definiendo nombres que anunciará el miércoles, cuando asuma.

Dávila y Mórtola seguirán bajando costos para el comercio. La Aduana dejará de escanear a todas las barcazas paraguayas que navegan por la Hidrovía. Esas trabas forzaron a muchas a elegir Montevideo para hacer trasbordos. “Había una obsesión con escanear todo y eso no significa más control, sino menos flujo comercial”, dicen en Balcarce 50. Los equipos argentinos monitorean un contenedor cada siete minutos. En Santos o en Valparaíso escanean dos contenedores cada 20 segundos.

En México, Chile o Europa se escanea el 3% de la carga. En Buenos Aires entre el 30 y 60%, lo que “traba la cadena logística; hay que sumar tecnología”, dicen en el Gobierno. Buscarán controles certeros, no discrecionales y con inteligencia previa. Se aplicarán controles ex post en el destino, pero sin trabar el Puerto para facilitar el comercio.

“La Aduana va hacia el operador económico autorizado. No de manera intrusiva sobre la mercadería, sino con acuerdos de facilitación de comercio”, dicen en el Gobierno.

La idea es generar seguridad de flujo punta a punta y no frenarla en un puerto. Todo eso debe ir acompañado de la tecnología de última generación que se está presupuestando, además de capacitar personal. (Mariano Obarrio – LA NACION)

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