5 de noviembre de 2017 11:44 AM
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El sacrificio animal : cómo opera la medida sanitaria más extrema que aplica el SAG chileno

Basta un infectado para eliminar a todos sus contactos. Es una acción -remarcan en el servicio- que busca, en el caso de las especies importadas, impedir el ingreso de enfermedades ausentes en Chile, y, a nivel local, evitar la diseminación de focos. Los productores deben asumir las pérdidas, además del costo de toda la operación.

Hace varias décadas, cuando se detectaban animales enfermos incurables que podían contagiar a otros, el único atajo era matarlos con escopetas a todos. A esta medida se le llamaba “rifle sanitario”. Y aunque el término se usa aún en algunos países latinos, en Chile hoy se habla de “sacrificio animal”, lo que involucra otros métodos.

Ya no se usan balas, salvo excepciones en la alta cordillera, sino una mezcla de compuestos químicos que adormecen a cada animal para que muera en el sueño y no sufra, según describen en el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Pero el principio sigue siendo el mismo: detener la propagación de la infección o el virus que ha infectado a vacunos, equinos, porcinos, ovinos u otras especies.

Con este sistema, el organismo logró la erradicación total de la fiebre aftosa, causante de enormes pérdidas en la ganadería. Ahora, el servicio tendrá que defender el método ante una demanda judicial, que acusa un “error” al sacrificar más de 30 caballos de carrera.

“Importar un animal vivo, el riesgo máximo”

Chile no está libre de riesgos. “Somos un país dentro del mundo y el mundo tiene muchos problemas, pero nosotros tenemos la mejor condición de toda América, con menos enfermedades animales”, afirma José Ignacio Gómez, jefe de la División de Protección Pecuaria del SAG. Añade que, a diferencia de otros países, aquí no están presentes las infecciones más graves como la EEB (encefalopatía espongiforme bovina) o “mal de la vaca loca”, la fiebre aftosa o la influenza aviar, cuyo último brote, en enero de 2017, se extinguió con un masivo sacrificio animal (ver recuadro).

Existen listas de males que atacan a distintas especies y que son de declaración obligatoria, a lo que adscriben los 181 países miembros de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). Las más riesgosas son las zoonóticas, que pueden transmitirse al ser humano.

No hay otro método para controlarlas que no sea el sacrificio animal. “Son agentes infecciosos tan potentes dentro de su forma biológica de actuar, que es fácil la diseminación”, señala Gómez.

Por eso, remarca que “si uno va a importar un animal vivo, es el riesgo máximo, porque ahí puede venir un virus o una bacteria que no esté en Chile, reproduciéndose, viva”. Los niveles de seguridad para el ingreso de animales vivos son de alta exigencia, dependiendo de cada especie y su procedencia, explica.

Cada año se aplican controles al ingreso a Chile de más de un millón de animales, los que deben cumplir cuarentenas prediagnósticas en el país de origen y acreditar su sanidad con certificados. La mayoría corresponde a pavitos y pollitos de días, traídos por la industria avícola con fines de mejoramiento genético. Y en menor proporción, porcinos.

Muermo equino: sin cura ni vacunas

Datos oficiales indican que en 2015 ingresaron 352 equinos, en su mayoría finasangre de competición. Sin embargo, no lograron su trámite de internación 27 caballos de carrera importados desde Argentina, que el SAG ordenó sacrificar cuando cumplían su “cuarentena” en el fundo El Maitén, de Talagante. Ahí, el propietario mantenía otros nueve equinos chilenos que también fueron eliminados.

Para aplicar esta medida sanitaria, el SAG se basó en análisis serológicos que revelaron “presencia de muermo equino”. Es una enfermedad infecciosa y mortal, ausente en Chile. Lesiona vías respiratorias y órganos, se transmite al hombre y no existe cura ni vacunas.

Según lo describe el servicio público en su resolución, en una primera batería de tests aplicados hubo tres ejemplares importados “positivos” a la prueba de fijación de complemento para la bacteria Burkholderia mallei que causa el “muermo equino”. Por protocolo, se tomó otra serie de exámenes, lo que dio “cinco ejemplares importados positivos y dos equinos nacionales positivos a la misma prueba serológica”. Y se añade que todo lo anterior fue confirmado por los resultados del laboratorio de referencia de la OIE en Alemania, que “dan como positivo al muermo”.

Basta un “positivo” para afectar a todos sus contactos, dice Gómez. Pero esta prueba, que la autoridad considera “irrefutable”, no dejó conforme al propietario del Haras, quien recurrió hace pocos días a la justicia para reclamar una cuantiosa indemnización (ver nota).

Luego de este episodio, ha habido otros casos de equinos reaccionantes a muermo, admiten en el SAG, “pero las pruebas confirmatorias (en laboratorios extranjeros), que son más exactas, lo descartaron”.

Ganado de origen danés, exterminado por riesgo de “vaca loca” en 2001

En animales importados, otro caso polémico y dramático golpeó al mundo ganadero en 2001. No fue en la cuarentena, porque las 64 vacas Jersey procedentes de Dinamarca llevaban tres años en Chile, repartidas en predios de la región de Los Lagos. El SAG ordenó su sacrificio por el riesgo que significaba su país de origen, que ese año presentaba varios focos del “mal de la vaca loca” (EEB).

Los vacunos eran parte de un proyecto innovador que introduciría una nueva raza lechera en el sur, y algunos productores intentaron resistirse al “sacrificio animal”, llegando incluso a la Corte Suprema, la que avaló la medida del SAG de eliminar a todos los animales.

El médico veterinario Hernán Rojas, director del Centro Ceres y académico invitado de la U. de Chile, recuerda bien el caso, porque entonces estaba a cargo de sanidad animal en el SAG: remarca que se hizo sin exámenes, porque si está la enfermedad, eso solo se detecta una vez muerto el animal. La alerta no existía cuando se hizo la importación, pero las vacas venían de 40 predios distintos, de manera que ni sus pares daneses dieron garantías de que no hubiese alguna contagiada. “No sacrificarlas era mantener un estatus de alto riesgo, por eso se hizo un sacrificio preventivo”, dice.

Pérdidas sin compensación

La legislación del SAG solo contempla indemnizaciones para los sacrificios por fiebre aftosa, aunque ha habido acuerdos excepcionales, como en las vacas Jersey, donde se pagó una suma por cada ejemplar, que los ganaderos consideraron baja.

Es uno de los dilemas que cruza el sacrificio animal: si debe hacerse con o sin compensaciones por las pérdidas que sufre el productor.

Juan Pablo Matte, secretario de la Sociedad Nacional de Agricultura, sugiere enfatizar la prevención en la sanidad y hace notar que el sacrificio animal es una medida extrema, donde los agricultores pequeños y medianos “podrán perder parte importante de su patrimonio”. Opina que los productores que cumplan con las exigencias y normas sanitarias y se vean enfrentados a una resolución de sacrificio animal, “debieran ser indemnizados al hacerse parte activa del resguardo del bien público, con cargo a su patrimonio”.

En el Colegio Médico Veterinario respaldan plenamente las medidas que adopta el SAG, porque “se evalúa caso a caso, y si los riesgos son altos, como lo fueron en los casos descritos, determina sacrificar los animales”. El vocero Carlos Flores dice que la autoridad puede decidir indemnizaciones, pero no cabe evaluarlas “cuando existe un ingreso clandestino o animales en trámite de importación”.

Para el especialista en sanidad animal, Hernán Rojas, en tanto, si bien hay países que cuentan con seguros públicos y privados o fondos compartidos, el punto es lograr un equilibrio, porque “el problema es que sin compensación, se desincentiva la notificación de las enfermedades, pero si la hay, es un estímulo a un menor cuidado porque si les pasa algo a los animales me van a indemnizar”.

Chile acumula tres décadas libre de fiebre aftosa y sin vacunación.Mantener este estatus implica, de vez en cuando, aplicar sacrificio animal para evitar riesgos.En 2003, por ejemplo, en San Fabián de Alico, VIII Región, en la franja despoblada en la frontera con Argentina se eliminaron mil caprinos y diez vacunos

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Fuente: El Mercurio

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