6 de noviembre de 2017 03:28 AM
Imprimir

Micotoxinas: un problema eterno e inevitable

Las micotoxinas son subproductos metabólicos muy tóxicos de los hongos. Los hongos productores de micotoxinas dañan los cultivos y pueden provocar grandes pérdidas económicas a todos los niveles en los procesos de producción de alimentos y piensos. Además, muchas de las micotoxinas pueden afectar a la salud de las personas y los animales que consuman alimentos o piensos contaminados y provocarles enfermedades (o incluso la muerte).

Hasta la fecha, se conocen más de 400 micotoxinas. Las más importantes se pueden agrupar en seis categorías principales: aflatoxinas, tricotecenos, fumonisinas, zearalenona, ocratoxinas y alcaloides del cornezuelo. A su vez, los hongos se pueden dividir en dos grupos: hongos de campo, que producen micotoxinas en los cultivos antes de la cosecha; y hongos de almacenamiento, que generan micotoxinas principalmente tras la cosecha. Por ejemplo, se considera que los hongos del género Fusarium son hongos de campo y los de los géneros Aspergillus y Penicillium son hongos de almacenamiento.

Factores que influyen en la producción de micotoxinas

Existen determinados factores de agresión, como las sequías, la falta de fertilización del suelo, la alta densidad de cultivo, la presencia de malas hierbas, los insectos o los daños mecánicos producidos en el campo o durante la cosecha, el almacenamiento y la distribución, que pueden debilitar los mecanismos naturales de defensa de las plantas y favorecer la colonización por parte de hongos productores de micotoxinas y, a su vez, la formación de micotoxinas.

Las micotoxinas aparecen en todo tipo de granos y forrajes utilizados para producir alimentos o alimentos balanceados. Se acumulan en los cultivos en el campo, durante el transporte y durante el almacenamiento en condiciones inadecuadas. Además, los alimentos balanceados pueden contener micotoxinas aunque los resultados de los análisis sean negativos.

Está demostrado que las micotoxinas no se distribuyen de forma homogénea por los alimentos balanceados, sino que suelen localizarse en ciertos puntos. Esto dificulta el muestreo y hace que sea posible que no se detecten en los análisis, incluso aunque se sigan estrictamente los protocolos de muestreo.

Por lo tanto, en muchos casos un resultado negativo no conlleva ningún tipo de garantía. Además, las micotoxinas pueden quedar enmascaradas en los análisis debido a su unión con pequeñas moléculas (glicósidos), lo que daría lugar a un falso negativo.

Estas micotoxinas enmascaradas no pueden detectarse con las técnicas analíticas convencionales. Sin embargo, las moléculas unidas a ellas pueden separarse durante la digestión, dando lugar a la liberación de las micotoxinas (con los consiguientes efectos nocivos para el animal).

Efectos negativos de las micotoxinas en la producción animal

Existen varias fuentes de información acerca de los efectos y los síntomas que las micotoxinas provocan en los animales. Debe tenerse presente que los efectos de las micotoxinas son muy complejos, por lo que es posible que produzcan síntomas distintos de los que aquí se indican. Por lo general, los animales jóvenes son más susceptibles que los adultos. No obstante, al igual que sucede con cualquier regla, siempre hay excepciones.

¿Qué puede pasar si los cerdos ingieren alimento balanceado con micotoxinas?

Por lo general, los cerdos son más sensibles a las micotoxinas que el resto de animales de granja. Las aflatoxinas deprimen el sistema inmunitario, y el primer síntoma de la intoxicación por aflatoxinas es la reducción de la cantidad ingerida de alimento balanceado. Los síntomas, en función del grado de intoxicación, pueden abarcar desde un menor crecimiento hasta la hepatosis o la muerte.

Entre los tricotecenos, el deoxinivalenol y la toxina T2 son las micotoxinas más importantes para el sector de la porcicultura. La toxina T2 provoca que el animal deje de ingerir alimento balanceado.

El deoxinivalenol también reduce la cantidad ingerida de alimento balanceado y el crecimiento de los cercos; además, provoca vómitos. Las ocratoxinas son hepatotóxicas y nefrotóxicas, y también pueden provocar otros problemas específicos de larga duración.

Los efectos de la intoxicación por ocratoxinas son los siguientes: crecimiento y aumento de peso menores, y lesiones renales.

La zearalenona provoca principalmente efectos estrogénicos en las cerdas. En las cerdas preñadas, hace aumentar el número de abortos y muertes fetales. En el resto de cerdas, los alimentos balanceados contaminados con zearalenona provocan inflamación y enrojecimiento de la vulva, falso celo y seudogestación.

Por su parte, las fumonisimas provocan edema pulmonar en los cerdos. Los órganos afectados por las fumonisinas son el hígado, los pulmones y el páncreas.

Los rumiantes pueden sufrir intoxicación por micotoxinas pero se suele subestimar esa posibilidad

Los efectos de las aflatoxinas, los tricotecenos y la zearalenona son igual de importantes en los animales rumiantes que en los animales monogástricos; aún así, los animales rumiantes adultos suelen ser más resistentes a los efectos de las micotoxinas que los animales monogástricos. Esto se debe a la capacidad de destoxificación de las micotoxinas que tienen algunos microbios del rumen.

Entre las micotoxinas más comunes, las aflatoxinas, los tricotecenos y la zearalenona son importantes en el caso de las vacas. Entre los síntomas de la ingesta de alimentos balanceados contaminados por aflatoxinas se incluyen los siguientes: reducción de la cantidad ingerida de alimento balanceado y la producción de leche, diarrea, mastitis aguda, pérdida de peso, trastornos respiratorios, caída de pelo, lesiones hepáticas y depresión del sistema inmunitario. El AFM1 (un metabolito de una aflatoxina) se excreta en la leche en una cantidad equivalente a entre el 1 y el 6 % de la aflatoxina consumida.

Por lo general, los terneros son más sensibles a las aflatoxinas que los animales adultos. Hay numerosos estudios que demuestran que los animales rumiantes son menos sensibles al deoxinivalenol (DON), ya que este se metaboliza en el rumen dando lugar a su forma desepoxidada (menos tóxica). No obstante, el DON está asociado con la reducción de la cantidad ingerida de alimento balanceado y la producción de leche en las vacas lecheras. La toxina T2 produce pérdida de apetito y peso, ralentización del crecimiento, gastroenteritis, reducción de la producción de leche y depresión del sistema inmunitario en los terneros.

Además, la toxina T2 está relacionada con el síndrome hemorrágico intestinal, ya que altera el funcionamiento del sistema inmunitario. Por su parte, la zearalenona produce trastornos en el proceso reproductivo de las vacas, las ovejas y otros animales rumiantes, dando lugar a problemas como falso celo, anestro, desarrollo mamario prematuro, abortos, etc.

Las micotoxinas reducen el rendimiento de las aves de corral

Las aves de corral son animales de granja sensibles a las micotoxinas, que producen en ellas diversos efectos tóxicos.

Los pollos broiler (pollos de engorde) son más resistentes a las aflatoxinas que otras aves, como los patos, los gansos o los pavos. Las aflatoxinas son las toxinas con un mayor efecto inmunodepresor. Los tricotecenos de tipo A (toxina T, toxina T2 y diacetoxiscirpenol) suponen un grave problema para el sector de la avicultura y provocan grandes pérdidas de productividad y económicas. Son muy tóxicos para las aves de corral, sobre todo para los pollos, debido al bajo valor de DL50. En particular, la toxina T2 hace disminuir la cantidad ingerida de alimento balanceado, el peso corporal y la puesta de huevos; además, provoca lesiones en el pico.

Las crías de pollo y pavo son muy sensibles a las ocratoxinas. Estas nefrotoxinas pueden hacer que dejen de ingerir alimento balanceado, crecer y poner huevos; además, afectan a la calidad de la cáscara de los huevos.

Las fumonisinas están asociadas con tasas de mortalidad elevadas entre las aves de corral. Entre los signos de ingesta de alimento balanceado con fumonisinas están la reducción del peso y del aumento diario de peso, así como el incremento de peso de las mollejas.

Los efectos de la zearalenona sobre las aves de corral parecen ser menores en comparación con otras especies, como los cerdos, mientras que las combinaciones de micotoxinas pueden provocar importantes problemas de fertilidad y viabilidad de los huevos.

Conclusiones

Aunque se dediquen grandes esfuerzos y se extremen las precauciones durante los períodos de cultivo, cosecha y almacenamiento, existe una probabilidad real de que se produzca contaminación por micotoxinas.

Por tanto, la aplicación de procedimientos adecuados de destoxificación tras la cosecha es un aspecto importante. La incorporación de desactivadores de micotoxinas a los alimentos balanceados de los animales es una práctica muy habitual de prevención de la micotoxicosis.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: avicultura.info

Publicidad