10 de noviembre de 2017 23:22 PM
Imprimir

La Mesa de Enlace ya fue: las entidades del campo atienden cada una su propio juego

El 11 de marzo de 2018 se cumplirían diez años de la irrupción de una figura importante para la historia económica y política de la Argentina: la Mesa de Enlace de entidades agropecuarias. En ese momento, los dirigentes de las cuatro gremiales tradicionales del sector rural argentino se unieron frente al espanto que provocó una […]

El 11 de marzo de 2018 se cumplirían diez años de la irrupción de una figura importante para la historia económica y política de la Argentina: la Mesa de Enlace de entidades agropecuarias. En ese momento, los dirigentes de las cuatro gremiales tradicionales del sector rural argentino se unieron frente al espanto que provocó una medida del gobierno kirchnerista: la aplicación de retenciones móviles que arrancaban en 44% en el caso de la soja. Fue esta conformación de un bloque monolítico el primer síntoma sólido de que la sociedad civil estaba dispuesta a ponerle límites a un modelo que se pasaba de prepotente.

No se va a festejar demasiado una década después. No hay casi nada que festejar. A primera vista podría pensarse que la Mesa de Enlace dejó de existir porque ha triunfado, pues ya no quedan nubarrones como la Resolución 125 en el horizonte de la relación entre el gobierno nacional y el sector agropecuario. Falso. Aunque las relaciones hayan mejorado (o mejor dicho se hayan normalizado), esto no significa que no queden problemas ni cosas por resolver para adelante.

La mejor evidencia de que al Mesa de Enlace ya fue, y que finalmente ha fracasado, es la inexistencia -diez años después- de una mínima institucionalidad, una organización democrática y representativa, algo que los dirigentes rurales tanto reclaman a la política pero que muy poco aplican para adentro. En diez años, los productores no han podido ni querido generar ninguna supraestructura o confederación capaz de contenerlos a todos y de constituir una voz autorizada del agro frente al resto de la sociedad.

Diez años después los diferentes sectores agropecuarios que deberían integrarse en una Mesa de ese estilo están dispersos y cada uno atiende su propio juego. Fracasados en tanto el sector político los tiene como quiere y le son más útiles, divididos.

Esta semana ha sido rica en ejemplo de la enorme fragmentación que se ha apoderado del ruralismo argentino como síntoma de una nueva época.

En la Sociedad Rural, una de las cuatro patas, algunos festejan al ascenso de su ex presidente, Luis Miguel Etchevehere, a la principal silla del Ministerio de Agroindustria, mientras que otros festejan que se haya alejado de la entidad. Etchevehere se encerró en una oficina de la Casa Rosada para definir el equipo que lo acompañará en la gestión. Según fuentes diversas, no ha habido casi ningún contanto con sus pares de otras entidades. La Mesa de Enlace no ha llegado al gobierno sino solo uno de sus dirigentes, eso está más que claro.

En Coninagro, otra de las patas de la Mesa, el jueves se presentó un documento que hasta ahora se elaboraba de a cuatro y ahora lo escribe una única entidad: “El campo y la política III”. El mendocino Carlos Iannizzotto, presidente de la entidad, se lució presentando en soledad (o mejor dicho, rodeado de dirigentes del sector cooperativo) “un conjunto de políticas que debe llevar el Estado junto con los privados a fin de lograr previsibilidad para producir más y mejor”. Antes se había subido, también casi solo, al paravalanchas contra la suba de impuestos internos al vino y otras economías regionales.

Matias Longoni

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: Bicos de Campo

Publicidad