18 de noviembre de 2017 16:56 PM
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Rosario, la “capital de la soja transgénica”, prohíbe el glifosato

La falta de un criterio homogéneo entre los argentinos respecto de los cuidados y las prevenciones que debe asumir la sociedad frente al uso de los agróquímicos provocó el mayor de los absurdos. Rosario, que por lejos es la ciudad que más ha capitalizado los beneficios del paquete Siembre Directa, Soja RR y glifosato, acaba […]

La falta de un criterio homogéneo entre los argentinos respecto de los cuidados y las prevenciones que debe asumir la sociedad frente al uso de los agróquímicos provocó el mayor de los absurdos. Rosario, que por lejos es la ciudad que más ha capitalizado los beneficios del paquete Siembre Directa, Soja RR y glifosato, acaba de prohibir las aplicaciones con ese herbicida, tanto para el uso agronómico como para espacios públicos y jardines particulares.

En efecto, el Concejo Municipal de Rosario aprobó el jueves un proyecto de ordenanza de los concejales Osvaldo Miatello (Compromiso con Rosario) y Pedro Salinas (Ciudad Futura) que prohíbe el uso del herbicida glifosato en todo el ejido de la ciudad. Metiello es presidente de la Comisión de Ecología.

 

Rosario es, sin duda, la capital de la soja, más allá de que la vecina localidad de Arequito -donde nació “La Sole”- ostente en los papeles ese título a nivel nacional. Allí, en Rosario, está la Bolsa de Comercio que concentra el grueso de los negocios realizados con la oleginosa. Y eso se debe a que en los alrededores de ahí, de Rosario, están los puertos y fábricas aceiteras que reciben, procesan y exportan más del 80% de la soja transgénica producida en el país con glifosato. Esos embarques mueven unos 20.000 millones de dólares anuales.

Rosario está rodeado de soja y ha vivido en los últimos años un boom inmobiliario que mucho tuvo que ver con el excedente de dinero que se genero por la producción de ese cultivo. Pero sus autoridades prohíben uno de los vértices del triángulo que posibilitó a partir de 1996 el boom agrícola argentino. Es curioso.

La ordenaza aprobada por sus concejales hace hincapié en que éste es el herbicida de mayor uso en la agricultura a nivel mundial y hace hincapié en estudios de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC-OMS) que lo ubican entre las sustancias “posiblemente cancerígenas”.

Según los autores del proyecto, en el departamento santafesino Rosario hay un total de 61.461 hectáreas utilizadas para la siembra y producción de soja, pero en el caso particular de la ciudad, solo 309 hectáreas estarían afectadas.

En el mundo se ha prohibido o al menos limitado el uso del herbicida en Barcelona, Madrid, Hamburgo y Edimburgo, ciudades que no conviven con la soja, no lucran con ella y mucho menos la exportan.

Según el sitio Rosario Nuestro, la ordenanza también consideró una investigación elaborada en 2014 por el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA), que pertenece a la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, y que “evidenció que estas sustancias toxicas también se evaporan y caen con las lluvias”.

También citó un estudio realizado por científicos del Conicet, que determinó la presencia de “altos niveles de glifosato” y su degradación en toda la cuenca del Paraná. La lógica indicaría que entonces habría que prohibir el glifosato en toda la provincia de Santa Fe y aún más allá, en Paraguay, Bolivia y Brasil. Un disparate: las aguas del Paraná arrastran una posible contaminación que viene del norte y así siguen hacia el sur, pero en Rosario no entran.

En Rosario está ubicada la sede de la Asociación de Productores en Siembra Directa (Aapresid). El presidente de esa entidad, pedro Vigneau, acaba de publicar un articulo en el que advierte sobre el alto costo que tendría para la economía mundial y para la agricultura argentina la prohibición del glifosato que se analiza en la Unión Europea. Pero él mismo no podrá utilizar ese herbicida cuando vaya a la ciudad, a participar de las reuniones de comisión directiva.

En Rosario los vecinos legítimamente preocupados por el suso de agroquímicos y los productores legítimamente preocupados por las prohibiciones a ese tipo de insumos no han podido debatir para construir una posición común. Como en toda la Argentina.

Por eso Rosario debería dejar de ser considerada como capital de la soja para pasar a ser la capital del absurdo.

Matías Longoni.-

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Fuente: Bichos de Campo

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