19 de noviembre de 2017 01:00 AM
Imprimir

Pulverizaciones profesionales: lo que todos necesitan

Durante el primer Congreso Nacional de Fitosanitarios, realizado esta semana en Salta, quedó claro que las BPA también evolucionan. Para cumplirlas también se requiere una mirada sistémica, que incluya desde el estado de las máquinas hasta el tipo de agua que se usa para las formulaciones.

Las metas siguen siendo las mismas: valorar en su justa medida la tecnología agrícola, promover el uso responsable y desmitificar un cúmulo de falacias que dominan el debate sobre la utilización de agroquímicos. Lo distinto, esta vez, fue la acción que los actores públicos y privados involucrados decidieron llevar a cabo: el primer Congreso Nacional de Fitosanitarios, dos jornadas en Salta durante las cuales se combinaron disertaciones de especialistas con demostraciones a campo.

Con la organización conjunta de Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes), INTA y el Ministerio de Agroindustria de la Nación, fue un paso más en el camino que comenzó en 2013 con la elaboración del documento “Pautas sobre aplicaciones de productos fitosanitarios en áreas periurbanas” y continuó durante los años siguientes con jornadas demostrativas -abiertas a toda la comunidad- de pulverizaciones bajo Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) en varios puntos del país.

Además de las demostraciones realizadas en el Campo los Cerrillos de la EEA Salta del INTA, el miércoles 15 de noviembre, en el Centro Cultural América de la capital salteña se abordaron la relación entre los agroquímicos y la salud, los aspectos técnicos para un uso eficiente y seguro de estos productos, así como casos prácticos de BPA y las legislaciones vigentes. Se destacaron los datos estadísticos sobre toxicología, que indican una baja incidencia de intoxicaciones en poblaciones rurales y operarios; y nuevos aspectos que también definen la eficiencia de las BPA, como el estado de la maquinaria, la calidad de los caldos según el tipo de formulación y las características del agua utilizados, así como una mirada sistémica al momento de realizar pulverizaciones.

“Fue un valor agregado del congreso, empezamos a ver algunas cosas que no estábamos viendo”, indicó a Campolitoral el director ejecutivo de Casafe, Federico Landgraf, sobres las nuevas aristas planteadas en torno a las BPA’s. “Entramos a un nivel de detalle tal que hace que veamos todo el sistema”, dijo, y agrego -por ejemplo- la gestión del empresario, que “también de alguna manera está vinculada, porque no deja de ser una mala práctica tener empleados en negro o no pagarle las obra social”. Aunque se torna complejo, “en el fondo (la BPA) es una licencia que debés tener para poder operar: tenés que hacer las cosas bien”, remarcó.

A desmitificar

Bajo el título “Fitosanitarios y Salud”, el primer panel entró de lleno en los datos disponibles sobre la incidencia real de los agroquímicos en la comunidad. El doctor y toxicólgo Alexis Benatti, del instituto Toxicología, Asesoramiento y Servicios (TAS) de Rosario aportó las estadísticas recabadas en 2016 sobre consultas recibidas desde todo el país. Si bien es una entidad privada, se trata de la única institución en la provincia de Santa Fe con especialistas preparados en la materia y un registro de casos, ante el déficit de la salud pública en el tema.

Sobre casi 5000 intervenciones, sólo el 12% fueron por plaguicidas. De ese porcentaje, el 74% (442 casos) fueron afecciones generadas por “domisanitarios” (plaguicidas hogareños) y el 26% restante (180) por agroquímicos. De tal modo “entre el 3 y el 5% del total de consultas en el año fueron por productos fitosanitarios”, dijo el especialista. Y detalló que de los casos vinculados a plaguicidas agrícolas 141 fueron intoxicaciones, principalmente con insecticidas, de los cuales 32 se produjeron accidentalmente, 25 fueron intencionales (intentos de suicidio) y 78 ocupacionales. “Recibimos menos de 20 consultas por glifosato en el año”, indicó sobre el más cuestionado de los productos.

En el mismo panel, la toxicóloga Mirta Ryczel derribó mitos y falacias que últimamente tienen gran difusión en redes sociales, aunque también advirtió que “se hacen malos trabajos a campo”. La principal fábula está vinculada al cáncer y el glifosato. “Ningún estudio demostró que sea carcinogénico y la mortalidad por cáncer en Argentina está dentro de la media”. En tal sentido señaló que la mayor incidencia de los linfáticos -atribuidos al herbicida- “se dan en distritos sin agricultura, como Tierra del Fuego y Ciudad de Buenos Aires”. En cambio alertó que el 60% de intoxicaciones se dan accidentalmente en el hogar, sobre todo en niños. “¿Por qué no preocupan los domisanitarios?”, se preguntó. Y afirmó que “hay una gran ignorancia sobre estos productos; y, sin embargo, hay muy buenas publicidades que incentivan su uso” sin advertir sobre los riesgos.

Benatti agregó: “los médicos no tienen formación en agroquímicos y en pueblos agrícolas terminan adjudicándole la responsabilidad de cualquier afección”.

missing image file

A sala llena. Una gran cantidad de público asistió al Centro Cultural América de la capital salteña.

Vuelta de tuerca

En el otro panel clave, “BPA en el uso de productos fitosanitarios”, Juan Carlos Sedrán (Casafe) mostró la foto de un juicio por mal uso a un productor. “Hay que pensar en esta imagen cada vez que se va a pulverizar”, propuso. Y afirmó que el uso responsable “se construye todos los días, no tiene final de obra”. Tras indicar que “el peor error es creer que se pueden seguir haciendo las cosas como siempre”, sentenció: “ser profesional es hacer las cosas bien sin jorobar a nadie”.

Quienes lo sucedieron brindaron otros parámetros para entender las BPA, más allá de las condiciones ambientales o el tamaño de la gota. Luis Balestrini, titular de una empresa de asesoría en pulverizaciones, reveló datos sorprendentes de una auditoría sobre 306 máquinas, mayormente autopropulsadas, en la campaña 2014/15. De eso resultados concluyó que los circuitos por donde se traslada el producto dentro de la pulverizadora son “el gran cuello de botella de las BPA”.

El especialista explicó que el sistema de abastecimiento de las pulverizadoras (desde el tanque hasta los picos) es donde “nacen los principales problemas”. Enumeró los principales problemas para lograr un caldo homogéneo y libre de contaminantes: el mal estado de los filtros (diseñados en general para productos líquidos, mientras crece la utilización de sólidos) y de los agitadores. Así, cuestiones como el orden del mezclado de los productos y la calidad de agua “pasan a ser responsabilidad del operario”. También señaló que más del 50% de las máquina mostraban curvaturas del barral (botalón), el 71% de los manómetros para regular la presión en los picos “no medían” y el 90% de las computadoras de la muestra estaban “descalibradas”. Incluso el 72% no tenían circuito de limpieza, por lo cual “los operarios no pueden hacer el triple lavado” de los envases.

Acerca del agua, Juan Pablo Timpone, de Rizobacter, aseguró que la dureza es lo que más interfiere en la calidad del caldo; luego le sigue la turbieza y finalmente el PH, que es “lo más controlable”. Así, sostuvo que es imprescindible analizar el agua y determinar las correcciones necesarias. “Se complica usar fórmulas fijas para problemas variables”, advirtió. La dureza, dijo, “es más probable de lo que se cree” y demanda la utilización de secuestrantes y tensioactivos. En cambio, “lo más difícil de analizar” es la turbieza, pero sí puede conocerse el origen y actuar en consecuencia: por ejemplo colocar un flotador en la toma de agua en una represa o tajamar para evitar la succión de limo del fondo. “Graminicidas, glifosato y paraquat se afectan por la turbieza”, aseguró el técnico. Y para evitar concentraciones de producto recomendó “iniciar el caldo con alto volumen de agua y usar productos buffer”.

Por su parte el ingeniero agrónomo Roberto Peralta, titular de una empresa de monitoreo de cultivos, dijo que esta práctica es la base de las BPA, ya que a partir de ella se define el momento de usar o no productos fitosanitarios. “Es necesario ver el sistema para decidir el momento de aplicación”, dijo, y enfatizó la necesidad de emparentar las buenas prácticas con el Manejo Integrado de Plagas (MIP). Al respecto criticó que “la búsqueda de mayores rendimientos provoca el mal uso de todo”. Y mencionó que si bien siempre se habló mucho de monitoreo y MIP nunca se aplicó. Por eso pensó en abordar el problema desde la sociología, tratando de entender por qué no se realizan a pesar de que se declaman. “El monitoreo siempre se lo asoció con el control, pero no se entiende que también es saber cuando no controlar”, concluyó.

¿Se cae la el proyecto de ley?

El proyecto 3880-D-2015 de “Elaboración, Registro, Comercialización y Control de Productos Fitosanitarios”, aprobado por la Cámara de Diputados de la Nación a fines de 2015 lleva dos años sin tratamiento en la Cámara de Senadores y corre riesgo de perder estado parlamentario si los legisladores no se expiden antes del 30 de noviembre. La iniciativa le da estatus de ley a una serie de normativas que hoy son resoluciones e incorpora un Consejo Asesor, con participación de Medioambiente y Salud.

“Que pierda estado parlamentario no es una buen noticia”, dijo el Director Ejecutivo de Casafe Federico Landgraf, pero aclaró que si una eventual marcha atrás sirve para ampliar los consensos están dispuestos a acompañarlo. “Si va a significar que salga algo mejorado, desde el punto de vista de Casafe estamos de acuerdo”, aclaró. Más urgente, aclaró, sería avanzar en una norma que regule las de pulverizaciones periurbanas.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: El Litoral

Publicidad