20 de noviembre de 2017 20:17 PM
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Empresa argentina destinará U$S 300 millones a desarrollar cultivos “energéticos”

Una de las alternativas que estudiarán es el potencial de los sorgos “biomásicos”, que ya tienen un antecedente en Córdoba de la mano del Inta Manfredi y Manfrey

Una empresa argentina dedicada a especialidades del agro inició un proyecto de desarrollo de cultivos energéticos en el cual, durante los próximos dos años, realizará pruebas sobre distintos tipos de sorgos para obtener, mediante selección genética, el cultivo que optimice la obtención de energía, dentro de un programa de inversión de 300 millones de dólares.

Se trata de la empresa Adblick, que acaba de anunciar también un acuerdo con la española Blas Proyect dedicada a la promoción y construcción de proyectos de energía y plantas industriales para construir 10 plantas de biomasa por 100 Mw de capacidad instalada.

El director de Negocios de ADBlick, Juan Pablo Carrera, explicó a Télam que, en principio, el desarrollo de los cultivos energéticos permitirá pensar en un mix con la biomasa residual forestal u otros subproductos de la producción de semillas de maíz como la chala y el mirlo, para darles una escala mayor.

RenovAr

Los proyectos biomásicos que manejan las dos empresas ya comenzaron a participar en los procesos de licitación del Programa RenovAr de promoción de energías renovables, ya contemplan el mix de cultivos y residuos forestales o subproductos del agro, pero aseguran que con el desarrollo de las pruebas permitirán proyectos exclusivamente con cultivo energético en unos tres años.

Carrera admitió que como no hay experiencia previa en la Argentina, “el mix se hace más atractivo y posible, porque el proyecto prevé un costo ponderado y permite hacer ensayos con el desarrollo de un cultivo energético no tan extendido en el país”.

Muchas empresas están trayendo productos para ser probados en los campos argentinos, pero el desafío para Carrera es “lograr que el costo por tonelada se defina por el mayor volumen logrado por hectárea. Hay que hacer competitivos los costos y en los tres años de plazo que da la adjudicación de proyectos hasta la puesta en marcha hay que seleccionar el mejor material”.

“Los cultivos energéticos son considerados aquellos a base de plantas de crecimiento rápido destinadas únicamente a la obtención de energía, y en este caso el objetivo es obtener la mayor cantidad de energía (medida en kilocalorías) destinando la menor cantidad de recursos”, explicó el especialista.

Ratrojos

También hay otras opciones de biomasa agrícola que no están siendo aprovechadas en el país como “los rastrojos de cultivos que producen volumen considerable y que hasta genera dificultades para la siembra siguiente, lo que se convierte en una alternativa a evaluar midiendo la posibilidad de devolverle al suelo lo que uno le extrae”.

En un debate similar al que se dio años atrás con los biocombustibles, una de las principales críticas que se le hace a los cultivos energéticos es que al darle un nuevo uso a los productos alimenticios genera un aumento de la demanda de los mismos y al mismo tiempo un aumento del precio.

Sorgos biomásicos

“El proyecto de Adblick es buscar alternativas para solucionar este problema, por eso uno de los cultivos que estamos estudiando es el sorgo energético, que en la Argentina tiene poca extensión y no es muy difundido en la alimentación, pero que además se trata de un producto de propiedades bien diferenciadas del que requiere un producto destinado a la alimentación animal, por ejemplo”, explicó Carrera.

En este caso, a diferencia de lo que sucede con los cultivos usados como alimentos o como materia prima en la industria, no se necesita ningún requisito especial en cuanto a condiciones del suelo o condiciones climáticas se refiere, sino que por el contrario se busca el tipo de cultivo que mejor se acomode a las características del suelo y a las condiciones del lugar.

“La selección genética permite identificar los genes que mejor se adaptan a las características del lugar y que mejores rendimientos tienen en materia energética”, agregó el directivo al destacar que este desarrollo “permite mejorar los cultivos en tiempos muchísimo más reducidos a la selección natural”.

Así, mientras un sorgo destinado al forraje para animales requiere propiedades alimenticias, el destinado a generación energética busca la mayor energía por tonelada lo que está dado por la mayor fibrosidad de lignina y la mayor cantidad de volumen por hectárea, algo que se puede incrementar a valores ideales desde la biotecnología.

Los cultivos productores de biomasa lignocelulósica son apropiados para producir calor mediante combustión directa en calderas, lo que permite utilizarlos en desecación y en generación de vapor

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Fuente: AgroVoz

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