21 de noviembre de 2017 10:51 AM
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Hay más carne para consumo interno y para exportación

La mayor producción de carne vacuna permite abastecer con tranquilidad al mercado local y a la vez un incremento de las ventas externas. Además, el precio en la góndola funciona como un ancla inflacionaria: el aumento interanual es de sólo el 15%.

El año va a terminar con una producción de carne vacuna 10% superior a la de 2016. Entramos en el momento del año de mayores ofrecimientos, lo que quedó bien de manifiesto en los datos de faena de octubre. La estadística oficial indica un salto importante en la oferta, especialmente de las hembras livianas (terneras y vaquillonas) debido a la finalización del proceso de engorde en los feedlots, que se había atrasado por el clima excesivamente húmedo.

En 2016 y por el impulso que dieron las nuevas políticas oficiales al sector agropecuario, y en particular a la carne la quita de retenciones, la devaluación y luego los reintegros a las exportaciones; hubo una fuerte retención de hembras que llevó a la renovación y el incremento de los planteles. Este año, con una faena de menos de 12 millones de animales, la producción de carne sumó 2,65 millones de toneladas res con hueso, la más baja en 4 años.

El cambio de tendencia es notable. Hay más faena y por lo tanto más producción de carne vacuna, ya que el peso medio todavía no despega.

El cambio está apuntalado por la mayor faena, especialmente de hembras, que alcanzan al 43% del total. Se mandan sobre todo más vaquillonas y terneras aunque el crecimiento también se está dando en la oferta de novillos y novillitos. Claro, en el caso de los machos es claramente en menor magnitud.

Entre enero y octubre el crecimiento de la producción de carne según los datos oficiales fue 8%, pero se espera que en el último trimestre sea todavía mayor por el ya evidente incremento de la oferta de gordo. Los feedlots están sacando hacienda de los corrales: de acuerdo al índice de ocupación de la Cámara de Feedlots, la ocupación es del 65%, alta en términos históricos pero con clara tendencia al achique debido a la menor oferta y a los altos precios de la invernada.

En octubre la faena vacuna informada por el Ministerio de Agroindustria fue de 1.160.389 cabezas. Se trata de la mayor cantidad desde octubre de 2013. En tanto la producción de carne el mes pasado alcanzó las 262 mil toneladas. Ese volumen fue 10% mayor al de setiembre y 20% superior al de octubre del año pasado.

Si al concluir el año se confirma un crecimiento productivo del 10%, habremos dispuesto de 265 mil toneladas más de carne. La mayor parte de ese volumen termina en el consumo local y una porción menor, pero creciente en los mercados internacionales.
Si se confirma la tendencia al crecimiento exportador y teniendo en cuenta que en el acumulado enero-octubre aumentó 32%, al finalizar el año se habrán embarcado 70/80 mil toneladas más de carne vacuna, lo que significará un acumulado de casi 300 mil toneladas destinadas al mercado externo.

De confirmarse esas modificaciones las exportaciones representarían este año el 10% de la producción total. No parece un cambio tan importante respecto de lo que dejaron los años de la política kirchnerista, pero sí está claro que se revirtió esa ecuación en la cual los envíos de carne al extranjero eran cada vez menores. Fue una política que llevó a una crisis muy larga y muy dañina para el sector ganadero, que implicó no sólo liquidación de stock, menos producción de carne y cierre de frigoríficos, los que quedaron en pie no recibieron los cuidados ni las inversiones correspondientes. ¿Para qué hacerlas en una actividad que había perdido el incentivos a la inversión?

Si la producción de carne termina creciendo 10% como suponemos y esperamos, lo que significan 265 mil toneladas más y de ese total 80 van a la exportación, el consumo dispondrá en 2017 de 185 mil toneladas de carne vacuna. Ese dato derrumba el mito de que si exportamos nos quedamos sin carne para “la mesa de los argentinos” y que si exportamos vamos a tener que pagar más caro el producto porque los ganaderos son unos desalmados a los que no les interesan sus compatriotas sino solamente en hacer buenos negocios con alemanes o chinos.

Entonces, otra conclusión que se desprende de los datos oficiales es que exportar, vender carne a los mercados internacionales no sólo beneficia al consumo porque incrementa la producción, la oferta y limita subas de precios internos, sino que además beneficia a la industria, que tiene posibilidad de integrar mejor la media res, reducir su capacidad ociosa, generar nuevos canales comerciales y oportunidades de negocios.

También, en consecuencia, beneficia al ganadero que encuentra más manos levantadas por su hacienda y que se enfrenta con la posibilidad de producir para un mercado y para otro, de vender vacas o vaquillonas para cría y para engorde según su necesidad o según lo que el negocio proponga.

En síntesis, los beneficios son muchos y para toda la cadena, desde el consumidor al productor, pasando incluso por el sector público que claramente incrementará su recaudación, y mucho más en adelante en tanto se concrete la puesta en marcha de los nuevos sistemas de controles comerciales que buscan eliminar la faena en negro, el comercio y el trabajo informal en la cadena cárnica. Ese trabajo de la Mesa de las Carnes esperamos que sea apuntalado y se potencie con la nueva gestión al frente del Ministerio de Agroindustria que liderará Luis Miguel Etchevehere junto con su equipo.

Con respecto al consumo de carne vacuna, el cálculo de Agroindustria indica que este año promedia los 58,4 kilos pero terminará más cerca de los 60 kilos porque se vienen los meses de más oferta y en efecto en octubre ese indicador ya es de 63,5 kilos por habitante/año.
La demanda local está dando una muy buena respuesta al crecimiento de la oferta. Los precios de la hacienda en el Mercado de Liniers no registran cambios a la baja significativos, no hay un derrumbe de precios ni nada que se le parezca.

Por otra parte, si se analiza el precio tomando como referencia un período mayor, vemos que su valor se actualizó pero menos que la inflación. Es decir, más producción de carne incrementó la oferta interna y ancló el aumento del costo de vida. Si hay inflación alta no es culpa de la carne vacuna, cuya variación de precios fue de 15%. Lo mismo sucedió con la hacienda si uno mira los cambios en las cotizaciones entre octubre de este año y el registro a igual mes de 2016, eso se desprende de las estadísticas publicadas por el Ipvca y el Mercado de Liniers.

Con respecto a la evolución de los precios de la hacienda, lo siguiente comentó Ciccra en su último informe mensual: “En el último mes el valor de la hacienda comercializada a través del Mercado de Liniers registró una caída de 1,6% con relación a setiembre pasado, explicada por bajas en todas las categorías de animales. El precio promedio se ubicó en $28,5 por kilo vivo. En tanto, en términos interanuales experimentó una suba de 14,2%”.

Si se mide el precio de la hacienda en dólares, los dirigentes de Ciccra indicaron que “el precio promedio bajó a US$1,635 en octubre pasado. La caída fue de 2,7% y, de esta manera, retornó al nivel alcanzado en agosto del corriente año. En comparación con octubre de 2016, el precio promedio de la hacienda en dólares disminuyó 0,6%”.

Si se analiza el precio de la carne y el gasto que hace cada argentino por uno u otro tipo se concluye lo siguiente:
* Tomando como referencia el valor del asado que informa el Ipvca para octubre, que fue de $129, el aumento respecto del mismo mes del año pasado es de 15%. Suponiendo que cada argentino gastara ese valor promedio por los 58 kilos que se consumen, la inversión sumaría al año $7.500.
* En el caso del pollo la suba interanual del valor en góndola fue de 5%. El relevamiento del Ipvca indica que su precio es de $39. Con un consumo de 40 kilos, el gasto en esta carne es de $1.600. Por su parte el precio del pechito de cerdo aumento 14% y su valor promedio en octubre, tomando como referencia la misma fuente, es de $113, lo que implica que con un consumo de 17 kilos el gasto de cada argentino en carne porcina, cada vez más aceptada en la dieta, es de $1.900.
* En definitiva, el gasto de los argentinos en carne vacuna más que duplica lo que se invierte en la sumatoria de las dos principales alternativas, el cerdo y el pollo. El consumidor local sigue prefiriendo a las vacas.

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Fuente: www.eldiariodelarepublica.com

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