23 de noviembre de 2017 17:47 PM
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Cuánto cuestan y cuándo convienen los nuevos sistemas de conducción

Mejorar la productividad de la mano de obra, tercerizar tareas mediante esquemas de captación de servicios y uso compartido de la maquinaria, es parte de la propuesta de INTA para el sector vitivinícola. Brindamos la tercera nota.

Como se ha mencionado en ediciones anteriores, la vitivinicultura nacional merece un proceso de modernización para poder lograr competitividad genuina y así poder mantener en el sistema a la mayor cantidad de actores posibles. Dicha propuesta se compone de dos caminos necesarios y complementarios:

* Por un lado, cambio en los sistemas de conducción que mejoren la productividad de la mano de obra y se adapten a las necesidades y características de los tipos de trabajos que prefiere nuestra sociedad.

* Por otro lado, una modificación de la manera en que el productor realiza las tareas cotidianas de manejo y de los recursos que dispone, esto significa: abrirnos a la tercerización de tareas, mediante esquemas de contratación de servicios y/o uso compartido de maquinaria.
Ambas situaciones contribuirán a que tengamos una vitivinicultura económica y socialmente sustentable, en la cual tanto a productores como a trabajadores les sea conveniente mantenerse en la actividad.

Impacto en la producción y rentabilidad

El trabajo de investigación realizado por los técnicos de INTA, licenciado en Economía Raúl Novello e ingeniero agrónomo Maximiliano Battistella, sostiene que los sistemas de conducción se pueden definir como la forma o disposición que se da a las diferentes partes de la planta de acuerdo a diversos tipos de estructuras de sostén que condicionan la altura del tronco, la dirección de los brazos, los elementos de poda y la exposición del follaje a la luz solar.
En Argentina encontramos, principalmente dos tipos de estructuras de conducción (INV, 2015): el parral (54,1%), de desarrollo horizontal y el espaldero (35,25%), de desarrollo vertical. Sin embargo, en cada una de estas estructuras es posible conducir la vid de diferentes formas.
Dentro del sistema de conducción de parral, el más difundido es el cuyano de poda mixta con distribución radial de guías. Sin embargo, en los últimos años han comenzado a difundirse sistemas en cordón de pitones, tales como el H, que mejora la distribución en el espacio de los brotes y racimos. En el caso de las estructuras tipo espaldero, el cordón de pitones bilateral es el sistema de conducción más difundido.
Entre los sistemas en estructura vertical existen algunas alternativas menos utilizadas tales como el cordón libre, poda en seto (box pruning, en inglés) y el sistema de poda mínima.
Como demuestran numerosos trabajos de investigación locales e internacionales, el sistema de conducción no tendría efecto sobre la calidad de la uva producida si los parámetros de equilibrio vegetativo / productivo y las condiciones de microclima fueran los adecuados para cada uno de ellos.
Sin embargo, esto no quiere decir que a un productor le es indiferente un sistema u otro, ya que éste sí tiene un fuerte impacto en la productividad y en el costo operativo por hectárea -ha- del viñedo debido a la potencialidad de carga por planta que ofrecen y a las prácticas necesarias para su mantenimiento, lo cual afecta de forma directa la rentabilidad del productor primario de uvas para vino.
Análisis de costos 
A los fines de mostrar el impacto del sistema de conducción en la rentabilidad del viticultor, se realizó un análisis comparativo de proyectos de inversión a veinte años con sistemas parral cuyano (35.000 kg / ha), espaldero (18.000 Kg / ha) y poda en seto (30.000 kg / ha) este último con manejo mecanizado de poda y cosecha. Se supone en todos los casos que la uva se vende para vinificar. Para las estructuras tradicionales se consideró que todas las operaciones se realizan de forma manual.
En el sistema poda en seto los costos operativos son más bajos, principalmente debido a dos factores: se pueden mecanizar las tareas de poda y cosecha (las que corresponden al 70 % del costo operativo del cultivo en parral) y, se realizan menos tareas de manejo en verde, ya que solo se desbrota el tronco y no deben conducirse los pámpanos (ver infografía).

 


 

Análisis de nueva inversión
Se realizó un análisis económico de inversión, desde implantación, de estos tres sistemas para diferentes escalas de producción.
Los supuestos de cálculo para el análisis fueron los siguientes:
* Precio de la uva $ 6,00 por kilo
* Costo de cosecha mecánica $ 9.360 pesos por ha
* Costo reposición de madera por cosechar mecánicamente 5% de los medios postes
* Tasa de descuento 20% anual
* Horizonte temporal del proyecto 20 años
Los resultados muestran que los sistemas tradicionales como el parral o espaldero están en franca desventaja frente a una inversión en poda en seto, especialmente para escalas más altas. Esto último muestra que estos sistemas tienen economía de escala, lo cual resulta un factor a tener en cuenta, ya que si en el proceso de modernización sectorial no interviene el Estado con políticas públicas que permita a los pequeños y medianos productores adoptar las nuevas tecnologías, resultará en mayor concentración de la actividad, con exclusión de viñateros del sistema productivo.
Análisis de cambio del sistema
Dado que la gran mayoría de productores ya tienen su finca implantada con sistemas de conducción tradicionales (parral o espaldero), se realizó, un análisis de la factibilidad económica de cambiar dicho sistema por uno nuevo como el poda en seto, que tenga posibilidad de mecanización integral. Para ello se tuvo en cuenta si la modificación es desde un parral o de un espaldero y si se realiza injerto o colocación de plantas nuevas.
En todos los casos, los costos se calcularon en pesos argentinos a precios corrientes de Mayo de 2017, con IVA incluido (21%). Para el cálculo del lucro cesante de la pérdida de producción generada por la modificación del sistema de conducción, se consideró que en el caso de injertos, al tercer año se tiene 50% de la producción y a partir del 4to año ya se alcanza plena producción. Para el caso de colocación de plantas nuevas, se consideró al tercer año 15% de la producción, al cuarto, un 40% y a partir del quinto; año ya se alcanza plena producción.
Si bien el costo de inversión de recambio varietal o renovación de los viñedos mediante injertos es más bajo, es necesario aclarar que no siempre es posible implementarlo, ya que esta práctica está muy limitada por el estado (-físico y principalmente sanitario-, en el cual se encuentran los viñedos a modificar o renovar.
De este modo el margen bruto de la producción primaria, se mejora sustancialmente al producir uvas en sistemas de conducción como poda en seto, logrando que el productor pase de una condición de pérdida para el caso del espaldero o casi de ganancia nula en el parral, a una situación de franca ganancia bruta.
Para el análisis de factibilidad económica de la inversión en la modificación del sistema de conducción, entran en juego variables como los precios de la uva, tanto la actual como la nueva -en caso que también se aproveche la oportunidad para modificar la variedad por una de mayor calidad enológica- y los rendimientos que se obtienen con los sistemas tradicionales y los nuevos.
En este sentido, se pueden obtener los diferentes escenarios:

 

A.    Si se parte de rendimientos altos en los sistemas de conducción tradicionales y obtiene precios altos por sus uvas.
B.    Si se parte de rendimientos altos en los sistemas de conducción tradicionales y obtiene precios bajos por sus uvas.
C.    Si se parte de rendimientos bajos en los sistemas de conducción tradicionales y obtiene precios altos por sus uvas.
D.    Si se parte de rendimientos bajos en los sistemas de conducción tradicionales y obtiene precios bajos por sus uvas.
Se demuestra que para el caso de que el productor tenga sus uvas conducidas en espaldero tradicional, es muy alta la probabilidad de que la modificación del sistema de conducción hacia box pruning sea económicamente conveniente.
Por otro lado, sólo si el productor tiene un parral con altos rendimientos y recibe precios altos por sus uvas (Escenario A), no le conviene la transformación a poda en seto, ya que el peso económico de lo que pierde en la transformación no lo compensa con las ventajas del nuevo sistema de conducción. En todos los otros casos (Escenario B), (Escenario C) y (Escenario D), sí le resulta conveniente.
Finalmente, si la modificación del sistema de conducción, tanto desde espaldero como de parral, es acompañada de la decisión de cambiar la variedad por alguna de mayor calidad enológica que obtenga mayor precio que la que tiene, la inversión es económicamente conveniente para cualquiera de los escenarios planteados.
Conclusiones
En el presente trabajo se buscó mostrar una de las facetas del necesario proceso de innovación que debe transitar el sector productivo vitivinícola para alcanzar competitividad genuina en su producción primaria.
La modernización del sector vitivinícola de Argentina, conducida por tecnologías estructurales que permiten dar mayor sostenibilidad a los productores, otorgándoles competitividad genuina, como el sistema de conducción poda en seto, es claramente conveniente para la mayoría de los escenarios posibles en los cuales se desarrolla la actividad, como lo muestra el análisis económico de esta tecnología realizado en este trabajo.
Sin embargo, existe una fuerte barrera al cambio por parte de los productores que se deberá ir corriendo mediante la aplicación de políticas públicas que incentiven a los pequeños y medianos productores a adoptar estas tecnologías, porque de otra manera la adopción de las mismas por los más grandes, generará mayor concentración en la vitivinicultura argentina.

 

Más Info: Ingenieros Agrónomos Maximiliano Battistella y Simón Tornello. Tel 0264 -4921079. Mails: mbattistella @sanjuan.inta.gov.ar. Y [email protected]

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Fuente: Diario De Cuyo

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