25 de noviembre de 2017 10:20 AM
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Decisiones erradas con el biodiésel

Se calcula que existen en la Argentina unas 35 plantas de biodiésel, ocho de las cuales se encuentran en condiciones de exportar. Desde el momento en el que se lanzó la ley de promoción de biocombustibles en 2006, las inversiones realizadas en este sector totalizan unos US$ 2000 millones.  Resulta de interés evaluar los procesos […]

Se calcula que existen en la Argentina unas 35 plantas de biodiésel, ocho de las cuales se encuentran en condiciones de exportar. Desde el momento en el que se lanzó la ley de promoción de biocombustibles en 2006, las inversiones realizadas en este sector totalizan unos US$ 2000 millones.

Si bien en esto no se equivocaron (los aranceles a la exportación de soja y aceites han bajado sólo marginalmente), el supuesto de mantenimiento de estructura arancelaria resulta bastante temerario, en especial considerando los altos períodos de amortización de las inversiones realizadas. Y sin aranceles diferenciales, las plantas muy posiblemente no sean viables.

En efecto, la relación de precios petróleo/soja toma un valor de casi 250 en el período 2004-2006, momento en el cual se tomaron la mayor parte de las decisiones de inversión en plantas de biodiésel. Sin embargo, en el “mediano/largo plazo” (por ejemplo 2000-2016) este precio relativo es de sólo 100, menos que la mitad. Parecería que se planificó con supuestos optimistas con los subsidios y la ausencia de reacciones antidumpingy en la posible relación de precios entre el producto (combustible) y el insumo necesario para producirlo (soja).

Los comentarios a hacer son, por supuesto, ex post: es fácil criticar decisiones “con el diario del lunes”. Aquí señalamos que los procesos decisorios son complejos y que en muchos casos existen errores que podrían haber sido evitados a través de un análisis más cuidadoso. El análisis de la “calidad decisoria” de inversores resulta un ejercicio apasionante pero nada sencillo: aunque parezca contraintuitivo juzgar decisiones únicamente por sus resultados puede resultar erróneo. El punto central es evaluar hasta dónde la decisión tomada utilizó en forma efectiva la información que estaba disponible entonces.

El gobierno anterior no ayudó a la racionalidad económica: desde las más altas esferas se difundieron mensajes que inducían a ignorar la lógica de los mercados y de la “economía política” que los rodea. Diversos “proyectos de promoción” fueron lanzados sin tomar en cuenta los costos, tanto directos como indirectos, involucrados. Espero que ahora hayamos aprendido de nuestros errores.

Marcos Gallacher

El autor es director de la maestría en Agronegocios de la Ucema

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Fuente: La Nacion

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