25 de noviembre de 2017 10:06 AM
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Un planteo de punta le da aire fresco a la industria forestal

Desde el vivero hasta el árbol, la firma Arauco Argentina produce madera en el Delta bonaerense.

Lo esencial es invisible a los ojos, decía el Principito. Si Buenos Aires respira, en alguna medida se lo debe a la extraordinaria masa forestal que crece y se desarrolla, silenciosa e implacable, en las islas del Delta. La captura de carbono y la emisión de oxígeno son, sin embargo, apenas una de las externalidades positivas de una industria de potencial inimaginable.

Para muestra, un botón. Visitamos el Predio Oasis, una de las unidades operativas de la poderosa empresa foresto-industrial Arauco Argentina. Unas 10.000 hectáreas en plena explotación, con acceso en el kilómetro 103 de la ruta 12, apenas se baja del primer puente del complejo Zárate-Brazo Largo. Un lugar maravilloso, reserva de flora y fauna autóctona, Monumento Natural donde se avistan desde las aves de pajonal típicas de ambientes deltaicos, carpinchos y el fabuloso Ciervo de los Pantanos.

Un planteo de punta le da aire fresco a la industria forestal

Los futuros árboles inician su crecimiento bajo condiciones controladas en un vivero. Personal especializado controla el crecimiento de plantas de eucaliptus.

Cuando lo adquirieron, en el año 2009, el campo contaba con sólo 1.000 hectáreas plantadas, después de un incendio devastador que provocó la pérdida de 6.000 hectáreas. A partir de ese año comenzó un ambicioso plan de forestación, alcanzando actualmente las 7.700 hectáreas de salicáceas, álamos y eucaliptus.

“Oasis se caracteriza por tener uno de los diques de contención con mayor longitud de la zona, con una extensión de 60 kilómetros”, explica Ricardo Austin, Gerente de Operaciones Forestales, quien nos condujo en una recorrida de nueve estaciones, acompañado por Pablo Mainardi, Gerente General, Pablo Ruibal, Gerente de Asuntos Públicos, y varios técnicos de alto nivel.

El predio cuenta con una red de caminos internos de 300 kilómetros.“Para levantar la protección y construir los caminos, se movieron 10 millones de metros cúbicos de tierra”, prosiguió Austin.

Durante los últimos años de realizó un plan intensivo de sistematización y manejo de agua, incorporando nuevas bombas de extracción (ya cuentan con 10) y un total de 20 compuertas, con lo que pueden sacar el agua excedente en caso de que las lluvias superen la media normal, que rondan los 1.200 milímetros anuales. La capacidad de bombeo es de 30.000 metros cúbicos por hora.

Un planteo de punta le da aire fresco a la industria forestal

Ricardo Austin, gerente de operaciones, recorre lotes que están en pleno transplante.

Más del 80% de la superficie está plantada con salicáceas, que son las que mejor se adaptan al clima y los suelos del Delta. Se han instalado en el predio más de 25 hectáreas de estaqueros con los clones de mayor rendimiento, algunos desarrollados en el país (Austin destacó la excelente labor del INTA Delta, con quien trabajan codo a codo, y mencionó al nuevo Clon Inta Carapachay) y otros importados.

Los estaqueros son viveros de salicáceas, que se propagan por estacas y no por semilla. La instalación se realiza en invierno, antes de la brotación de las yemas, sobre polietileno negro que cumple la función de evitar el crecimiento de malezas, y la pérdida de humedad y temperatura.

Asegura que el mejoramiento genético ha permitido un crecimiento del 50% en la productividad de las masas forestales en los últimos 20 años.

“Tenemos la posibilidad de hacer 800.000 metros lineales por año de material de implantación propio. En caso de necesitar más, se compra a viveros de la zona”.

En las distintas paradas, tuvimos oportunidad de ver cómo evolucionan año a año las distintas especies. En los mejores suelos, próximos a los albardones, se plantan eucaliptus, en este caso obtenidos a partir de semillas y también luego de evaluar distintos materiales de todos los orígenes posibles, en varios casos frutos de cruzamientos que permiten lograr híbridos de alto potencial. En general, se llega al corte al séptimo año, con una producción anual de más 25 metros cúbicos de madera en el caso de sauces, y arriba de 30 en eucaliptus.

Un planteo de punta le da aire fresco a la industria forestal

Pablo Mainardi, gerente general de Arauco Argentina; Ricardo Austin, gerente de operaciones; Héctor Huergo y Javier Dellarupe, técnico de Arauco, en una plantación.

El manejo difiere según se trate de sauces y eucaliptus. En esta último caso, lo usual es habilitar el terreno con un par de rastreadas, un subsolado con “taipeado” como en las arroceras, y un control total de malezas con herbicidas. También es necesario vigilar la hormiga y controlarla si viene al caso. Se plantan a una distancia de 3,2 metros entre filas y 2,2 metros entre plantas, lo que da una densidad de 1.450 plantas por hectárea. En la base de cada planta se coloca un fertilizante con nutrientes de liberación lenta y controlada.

En el caso de los sauces, el manejo es diferente. La habilitación de zona se realiza con un aplastado de pajonal con rolo, y luego dos controles de malezas con herbicidas, y también control de hormigas. En álamos se incluye normalmente un subsolado.

Todos los trabajos de campo, desde la implantación a la cosecha, se hacen con empresas contratistas especializadas, aprovechando la experiencia y disponibilidad en una actividad muy tradicional en el Delta, donde se amasa una larga tradición forestal.

En varios lugares se estiba prolijamente la madera, que se corta durante todo el año. Un flujo incesante de camiones la transporta hasta su propia fábrica de paneles, en Zárate. Es la otra fase del emprendimiento, en una cascada permanente de agregación de valor.

Arauco, de origen chileno, había llegado al país hace veinte años, cuando adquirió Alto Paraná, la mayor planta de celulosa de la Argentina, con 233.000 hectáreas.

En el 2005 compran la división forestal del Grupo Louis Dreyfus en Argentina, que incluyó la planta de paneles aglomerados de Zárate y una planta de resinas en Puerto General San Martín (Sta. Fe). También contaba con cuatro establecimientos forestales, tres ubicados en el bajo Delta (Talavera, Talavera Guazú y San José), uno en Dolores (provincia de Buenos Aires) y otro en Calchaquí (Santa Fe). Con esto sumaban 9.495 hectáreas, que abastecían a la planta de paneles.

Un par de años después compran el Predio Milagros en las islas del partido de Zárate, incorporando otras 4.000 hectáreas forestadas. Y en 2009 adquieren el Predio Oasis, el que visitamos. Pero la historia continuaría: en 2011 incorporan el Predio Isla Victoria, frente a Villa Paranacito, ya en la provincia de Entre Ríos. Así llegan al patrimonio actual de 29.740 hectáreas, con la que abastecen algo más de la mitad de las necesidades de la fábrica. El resto se compra.

Pero no todo es madera para construcción. En varios países hay un fuerte desarrollo de plantaciones de salicáceas con destino bioenergético. Se cosechan a los dos años de implantadas, con las clásicas picadoras automotrices provistas de cabezales especiales. En Arauco Argentina no están ajenos al tema: en la última etapa de la recorrida, se apilaban los tronquitos de un ensayo muy prometedor. Al final del día, el Delta no solo va a seguir soplando aire fresco para la gran ciudad. También contará con su propia fuente de energía limpia

 

El transporte, la traba de la industria

El gobierno encontró en el desarrollo forestal uno de los ejes centrales de la estrategia económica. Esta semana, el propio presidente Mauricio Macri convocó a la mesa forestal, integrada por todos los eslabones de la cadena, y los juntó con los ministros y gobernadores involucrados.

Fue por otro lado el debut del flamante ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, quien quedó al frente de la mesa cuando Macri se retiró convocado por el drama del submarino ARA San Juan.

Se repasaron todos los temas, revisando las severas restricciones que pusieron un pie en la puerta giratoria, mientras los países vecinos (Uruguay, Brasil y Chile) convocaban enormes inversiones y se colocaban en el podio mundial de derivados de esta industria.

Lo más serio para el sector es la cuestión de la infraestructura. Y dentro de ella, el transporte. Los asistentes del sector privado tuvieron una buena noticia, a partir de los anuncios realizados por el representante del puerto de Buenos Aires, Gonzalo Mórtola. Señaló que se dispuso la anulación del cargo HC en forma inmediata en el puerto de Buenos Aires (aproximadamente 200 dólares por contenedor).

Por parte de los privados, se solicitó que los esfuerzos realizados por Puertos de Buenos Aires sean imitados por los otros puertos.

Pero donde no se avanza es en la cuestión de los bitrenes (camiones con dos semirremolques acoplados), que permitirían reducir un 35% el costo del transporte terrestre.

Es clave para la industria forestal, cuyos costos de logística en la Argentina son cinco veces más caros que en los países vecinos. Todos vieron la impaciencia de Macri frente a las dilaciones de funcionarios del área por la autorización de algo que funciona en todo el mundo desde hace tiempo.

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Fuente: Clarin

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