28 de noviembre de 2017 10:55 AM
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Los frigoríficos no saben qué hacer con los cueros: valen poco, nadie los compra y se les pudren

La crisis del cuero está generando nuevos problemas en los frigoríficos. Integrantes de la Asociación de Frigoríficos e Industriales de la Carne (Afic) señalaron que las curtiembres comenzaron a dejar de retirar el cuero debido al bajo nivel de demanda mundial del producto. Eso genera dos grandes problemas: la necesidad de incrementar el personal para […]

La crisis del cuero está generando nuevos problemas en los frigoríficos. Integrantes de la Asociación de Frigoríficos e Industriales de la Carne (Afic) señalaron que las curtiembres comenzaron a dejar de retirar el cuero debido al bajo nivel de demanda mundial del producto. Eso genera dos grandes problemas: la necesidad de incrementar el personal para almacenarlo o la de asumir los riesgos ambientales que implica su desecho.

En la Argentina se producen cerca de 12 millones de cuero por año, el número de animales bovinos que se faenan. Históricamente los cueros fueron procesados casi con exclusividad por una industria curtidora que cuenta todavía con un régimen de protección arancelaria que la convierte en la única compradora de los frigoríficos. De lo que se producen, las curtiembres exportan cerca del 80% y dejan el resto para la industria local.

La mayor demanda mundial de cueros proviene de la industria automotriz, que de todos modos en los últimos años comenzó a reemplazar el producto por otros más “ecológicos”. Esta es una de las causas de la pérdida notable del valor internacional de los cueros, que ronda el 40%. Hoy el precio local por kilo no llega a los $10, cuando hace tres años valía $10. Si se calcula sobre los costos el efecto inflacionario de estos tres años (100% aproximadamente) la pérdida en los ingresos es mucho mayor a ese 40%.

Tradicionalmente con el dinero que se generaba por la venta de cueros y otros subproductos, las empresas que brindaban el servicio de faena a terceros pagaban sus costos fijos, pero con la pérdida de ingresos debieron comenzar a cobrar por el servicio a los matarifes. Ese sobrecosto se trasladó al precio de la carne y de la hacienda.

Pero ahí no termina el problema. En muchos casos recién empiezan.

Los empresarios cordobeses contaron que el problema ya no es el precio sino la falta de demanda. “Muchas curtiembres ya ni retiran (los cueros) y eso obliga a salar el cuero para poder almacenarlo sin que se pudra. Pero para eso hay que contratar más personal, alquilar galpones en los casos en los que no haya infraestructura suficiente, e invertir en los insumos necesarios a la espera de que la cosa cambie o se reactive la demanda”, explicó el dueño de un frigorífico cordobés.

El industrial advirtió que hay plantas que “no pueden hacer ese gasto y se ven obligados o tentados a analizar la posibilidad de tirar el cuero, que es altamente contaminante”.

Otro empresario señaló una versión no corroborada: “En Tucumán, donde hace tiempo no se retiran los cueros, los están enterrando”.

Otro empresario, dueño de una empresa importante en la provincia, explicó el problema de la siguiente manera: “Al cuero, cuando no se lo lleva la curtiembre, se lo debe salar y mantener unos días en piletones con salmuera. Luego se lo puede almacenar en galpones”. Pero esa opción de conservarlos la pueden hacer los que cuentan con más espaldas financieras.

El empresario explicó que si se faenan 100 animales, se necesitan por lo menos de dos personas más para mover cueros que pesan 50 kilos mojados, y que en las empresas de mayor tamaño, que faenan 600 animales, se necesitan 6, 8 o 10 empleados más sólo para manejar un subproducto que actualmente no tiene valor ni demanda.

La falta de demanda de los cueros está causando una preocupación creciente en el sector, no sólo por la cuestión económica sino también por la ambiental. En la Mesa de las Carnes, el gobierno quedó en analizar una propuesta de los industriales de la faena, para habilitar al menos una cuota de exportación sin aranceles de unos 2 millones de cueros salados, es decir sin un proceso mínimo de las curtiembres.

“Por ahora nadie tuvo que tirar cueros y ojalá eso no suceda, o al menos no está previsto en el corto plazo, pero tampoco se puede descartar esa posibilidad que ya se vivió en la crisis de 2008/09, cuando la liquidación del stock generó una sobre oferta que fue imposible de canalizar. El problema que se nos plantea es que el descarte de cueros, más allá de lo económico, genera fuertes perjuicios ambientales”, finalizó un industrial cordobés.

Nicolás Razzetti

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Fuente: Bichos de Campo

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