12 de diciembre de 2017 11:59 AM
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Las subas de la energía y el gasoil complican a los frigoríficos

El pico de ofrecimientos del último tramo del año no significó una crisis de precios. Por fortuna, el consumo y la exportación están demostrando una dinámica notable ante un incremento también muy grande de la disponibilidad de hacienda vacuna. La faena de noviembre volvió a demostrar que los feedlots se siguen vaciando tras los serios […]

El pico de ofrecimientos del último tramo del año no significó una crisis de precios. Por fortuna, el consumo y la exportación están demostrando una dinámica notable ante un incremento también muy grande de la disponibilidad de hacienda vacuna. La faena de noviembre volvió a demostrar que los feedlots se siguen vaciando tras los serios problemas que tuvieron en diferentes zonas productivas por el exceso de agua durante un tramo importante del año. Ahora el cambio de tendencia climática favorecería el engorde, al menos evitaría la producción de barro, aunque también está previsto que las temperaturas máximas sean superiores a las habituales lo que, de confirmarse, podría afectar la productividad en los corrales.

La producción de carne está registrando un salto importante y también la participación de las exportaciones, al menos sobre el crecimiento de la oferta. Entre enero y octubre de este año la faena vacuna generó 2,35 millones de toneladas de carne res con hueso, 180 mil toneladas más que en el mismo período del año pasado. De ese total 60 mil toneladas, un tercio, fue a la exportación, las otras dos terceras partes terminaron en el consumo interno. En ambos mercados se absorbió esa mayor oferta sin grandes inconvenientes.

En el caso de la exportación todo se explica por el lado de la mayor demanda de China. Este año el crecimiento de los embarques a ese destino es del 70% con relación a 2016. Las ventas a ese país ya significan casi la mitad de lo que exporta la Argentina y se trata mayormente de carne de vaca. Por eso entendemos que el salto en exportaciones es para festejar, pero de forma mesurada y entendiendo el contexto, ya que no se observa una expansión al menos importante en los mercados que llevan novillos y en especial en el europeo, así como tampoco hay un salto marcado en la producción de novillos de la Argentina, lo que queda reflejado en las estadísticas de la faena que informa periódicamente el Senasa.

De acuerdo al informe que publicó el IPCVA sobre la evolución de las exportaciones, este año se fueron al exterior 168 mil toneladas peso producto, es decir 40 mil más que entre enero y octubre del año pasado. La mayor parte del aumento fue responsabilidad de los cambios socio-económicos que se están danto en China, donde se enviaron 75 mil toneladas peso producto, 30 mil más que el año pasado. En síntesis, el aumento fue de 40 mil toneladas y de ese total 30 mil se vendieron al voraz gigante asiático. Se espera que los embarques a ese destino sigan creciendo en tanto se puedan acordar lo antes posible los protocolos para venderle carne enfriada y de cortes con hueso.

Con respecto a la situación del sector exportador, Mario Ravettino, presidente del Consorcio de Exportadores ABC, señaló que “creció el volumen embarcado por la mayor demanda de China, pero no hubo aumento de los valores”. Ése es uno de los aspectos que complican la competitividad sectorial, los otros dos tienen que ver con el aumento de las tarifas de energía, especialmente la eléctrica, y también con los altos precios de la hacienda, que superan a los que se registran en los demás países del Mercosur.

Al respecto, esto destaca el informe de exportaciones del IPCVA: “Desde el comienzo del segundo semestre de 2016, y a pesar del mejor desempeño exhibido por la industria exportadora desde los primeros meses del año anterior, los problemas de competitividad parecieran volver a amenazar el potencial exportador de la Argentina. Hoy el costo del kilo de carne de novillo en la Argentina es aproximadamente un 19% superior al de Uruguay y resulta un 23% superior al de Brasil. La restitución de los reintegros para las exportaciones de carne bovina, de alrededor de un 5,8%, ayudan a acortar esta brecha”.

En cuanto al consumo doméstico, hay que destacar la buena reacción ante una oferta creciente de todas las especies. La reducción de la oferta de pollos duró sólo dos meses. Según el dato que publica Agroindustria, en octubre la producción volvió a incrementarse, en este caso 6%, y eso generó un consumo de 45 kilos por habitante y por año pese a la mayor salida exportadora. Crece también la producción (y las importaciones) de carne porcina. El acumulado indica que cada argentino dispondría este año de al menos 120 kilos, eso sin contar especies de menor participación como la ovina. Hay carne para todos y todas en un contexto de libertad comercial y de apertura exportadora.

Con respecto a los precios, decíamos en el arranque de esta nota que no hubo una crisis de las cotizaciones aunque sí es necesario destacar el precio real del ganado que se recuperaría al menos parcialmente durante el verano y en tanto haya una reducción de los ofrecimientos, pero eso está por verse. Hasta ahora, si bien los precios no se derrumbaron con la mayor oferta, hay que reconocer que están 10/15% por debajo de la suba general de precios que tuvo la economía argentina.

 

Suben los costos de la energía

El Gobierno aumentó el costo de los servicios públicos de luz y gas, lo que golpea las cuentas de las empresas frigoríficas que ya venían castigadas por la caída en el valor de los subproductos, la suba de otros factores como los salarios y el gasoil y la falta de actualización del valor de la carne respecto de la inflación general de precios.

El impacto de esa suba en los costos y en las cuentas de las empresas dependerá por supuesto del tamaño y tipo de frigorífico. Para los que tienen faena propia, la mayor parte del costo de producir carne se lo lleva el precio de la hacienda, que significa entre 75 y 85% del costo total según el nivel de agregado de valor que se le haga a la materia prima. En esos casos el impacto se siente pero menos. Para los que trabajan con usuarios (matarifes), la cuestión es completamente diferente ya que todos los costos se enfrentan con el ingreso que se genera principalmente por la venta de subproductos como el cuero, que desde hace dos años viene en picada. Su valor retrocedió a la mitad en ese período, pero ajustado por inflación la baja es todavía mayor.

La industria frigorífica no tardó en reaccionar al tarifazo informado por el Gobierno. Miguel Schiartiti, presidente de Ciccra, destacó que la suba en el costo de la energía eléctrica afecta particularmente a esas empresas. “Cualquier frigorífico chico paga 300 mil pesos mensuales de energía eléctrica, por lo que un aumento del 50 o 60% sólo en ese costo complica más las cosas”, evaluó.

El Gobierno también anunció subas en el precio del gas que se utiliza para calentar el agua con la que se esterilizan los materiales y herramientas con los que se faena la hacienda.

Pero además también aumentó el gasoil, insumo vital para mover la hacienda del campo a los frigoríficos y luego la carne de la industria a los centros de consumo.

La suba de los costos es de difícil absorción por parte de las empresas de faena que brindan servicios a terceros y que a cambio solían quedarse con gran parte del crédito bruto de matanza (el ingreso que se genera por venta de subproductos). Con ese dinero cubrían costos y pagaban a los matarifes el famoso “recupero”, pero todo cambió en los últimos años, ahora los matarifes deben pagar por faenar y esos mayores costos se deben en parte absorber, en parte trasladar al valor del ganado o al precio de la carne.

El valor del cuero hace 2 años que está en caída libre y en las últimas semanas se acumulan los casos de frigoríficos que se ven obligados a salarlos porque las curtiembres no los retiran, lo que complica más la situación financiera de las empresas.  A esta caída de los subproductos se agrega el retraso relativo en los valores del ganado, al menos frente al índice de precios al consumidor. Así, si la inflación ronda actualmente el 25% en los últimos doce meses, el precio de la carne aumentó sólo 15% en forma interanual, lo que significa una pérdida del valor real del producto.

 

Quejas de productores por la suba del gasoil

El gasoil volvió a subir otro 6% y también generó la queja de entidades de productores como Coninagro. Para la entidad, “el costo del combustible tiene doble impacto, por un lado afectó los costos productivos y por el otro a los fletes de insumos y productos. En definitiva, los aumentos anunciados afectan a toda la cadena productiva. La mesa directiva de Coninagro agregó que “los productores de la Argentina necesitarán 3.018 millones de pesos más para cubrir los costos que generan las subas tranqueras adentro y en materia de transporte”.

Fuente: La Republica

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