18 de diciembre de 2017 13:09 PM
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Lapidario: los alimentos en Argentina son 35% más caros que en Asia

Surge de un estudio que realizó el Banco Mundial, a pedido del Gobierno. Presión impositiva, logística y falta de competencia, las causas principales.

El Banco Mundial presentó ayer un informe sobre los desafíos que tiene la Argentina a la hora de integrarse al mundo y una serie de consejos para avanzar en esa dirección. Pero uno de los aspectos más sorprendentes que arrojó el trabajo está relacionado con los costos locales, que vuelven al país poco competitivo. Y uno de los aspectos que menciona el organismo multilaterales es la diferencia de precios que se pagan en relación a lo que sucede en otros países. El caso de los alimentos se menciona allí como un caso emblemático: a pesar de que la Argentina produce prácticamente todo lo que consume, los alimentos cuestan un 35% más en dólares de lo que se paga en Asia.

El trabajo del Banco Mundial, que llevó un año y medio de elaboración, tuvo su origen en un pedido del Ministerio de la Producción. El propio titular de la cartera, Francisco Cabrera, recordó ayer que le pidieron a los técnicos del organismo multilateral que los ayudaran a identificar cuáles eran los problemas competitivos que enfrentaba la Argentina para avanzar en el proceso de “integración inteligente” al mundo. Y las conclusiones se presentaron ayer en un evento realizado en la Cámara Argentina de Comercio.

El Banco Mundial recomendó al Gobierno reducir las barreras arancelarias y las licencias no automáticas para fomentar una apertura económica. “Traerá más beneficios que problemas”, aseguran.

Fue el secretario de producción, Miguel Braun, el que explicó cuáles son las razones para esta diferencia de precios en los alimentos, que obviamente impacta en la población de menos recursos: “Se mezclan muchos temas, desde el alto nivel de impuestos, hasta temas logísticos, pasando por los costos no salariales de los empleados”. Pero también mencionó la falta de competencia en algunos sectores específicos, como el sector lácteo y las pastas, por lo que –dejó trascender- habrá medidas específicas para promover una mayor oferta en el mercado.

Para el organismo multilateral, el foco debe estar puesto en proteger al trabajador y no al puesto de trabajo.

El trabajo plantea la necesidad de que la Argentina avance hacia una mayor integración con el mundo y concluye en que la apertura económica será más beneficiosa que los costos que podría traer aparejada. Quien realizó la introducción del trabajo fue el director del Banco Mundial, Jesko Hentschel, mientras que la presentación fue llevada adelante por un economista de la entidad: José Reis.

Según se planteó, la economía argentina sigue estando entre las más cerradas del mundo, teniendo en cuenta el volumen de comercio exterior en relación al PBI. Pero además el nivel de arancel promedio como barrera importadora también es altísimo en comparación con la mayoría de los países: 13,6%, cuando en países comparables (la mayoría emergentes) apenas se ubica en 5,5%. El mensaje obvio es no sólo que hay que bajar esos valores, sino además eliminar la gran cantidad de licencias no automáticas que subsisten. “Estas son cosas que el país puede realizar en forma unilateral”, explicó Reis.

Jesko Henschel, para el director del Banco Mundial para el Cono Sur (Adrián Escandar)

Jesko Henschel, para el director del Banco Mundial para el Cono Sur (Adrián Escandar)

Otra de las recomendaciones fue avanzar en acuerdos de libre comercio, tanto por parte de la Argentina como del Mercosur. “Estimamos que un acuerdo con la Unión Europea aumentaría el comercio con ese bloque un 80% para el 2030 y aumentaría el nivel total de exportaciones en un 7%”, explicaron. Pero además, esa integración atraería inversión extranjera directa por parte de muchas empresas que se sentirían atraídas por la posibilidad de venderle a un bloque más grande.

El informe también elogia algunos pasos que se dieron en los últimos tiempos: “El Gobierno actual está enfrentando directamente los desafíos y logró avances significativos”.

Una mayor liberalización del comercio tendría, por otra parte, cambios en la fuerza laboral: el empleo disminuiría en algunos sectores y dicha disminución tendría que ser absorbida por la ampliación de otras actividades. “Hay que cuidar al trabajador y no al puesto de trabajo”, sentencia en otra de las conclusiones.  “La experiencia demuestra que no sirve sostener empleo en industrias no competitivas, porque tarde o temprano no podrá mantenerse. Es más importante dedicar recursos a capacitar al empleado y darle herramientas, por ejemplo tecnológicas, para que pueda encontrar otro empleo”.

Fuente: Infobae

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