22 de diciembre de 2017 12:04 PM
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“Se demostró que es posible afinar la lana sin dar marcha atrás en otras características”

Uruguay : En INIA se evaluaron los logros del Consorcio Regional de Innovación de Lanas Ultrafinas.

Con siete años ya de gestión, ¿cómo presentaría al Consorcio Regional de Innovación de Lanas Ultrafinas (CRILU)?
Es una alianza público privada, sin fines de lucro, constituida por 42 productores consorciados, la Sociedad de Criadores de Merino Australiano del Uruguay, cuatro industrias textiles de Uruguay y el INIA. Su objetivo es coordinar y complementar capacidades entre productores, industriales y el sector científico-tecnológico para promover el desarrollo sostenible de la producción, industrialización y comercialización de lanas ultrafinas en Uruguay. El período de trabajo previsto es 10 años en un consorcio que se firmó en 2011, que comenzó a funcionar con un aporte económico inicial de los miembros activos con el espíritu de ser autosustentable volcando los ingresos que se generan en reinversiones en la ejecución de los planes involucrados.

Entre los logros que destacó en la conferencia de evaluación del emprendimiento destacan las metas productivas alcanzadas.
Cuando nace el consorcio estaba el interrogante de si era posible en Uruguay producir lanas ultrafinas, a cielo abierto, con nuestras características ambientales que son distintas a donde tradicionalmente se realiza esa producción, en Australia. Comprobamos que se pudo, atendiendo al cumplimiento de otras características de los animales, que hacen a la ecuación económica, al retorno que el productor necesita. Hoy sabemos que es posible producir lana ultrafina sin ir en detrimento de la producción de la lana de los animales, ni del peso del cuerpo, ni del largo de la mecha, por ejemplo. Se demostró que es posible afinar la lana sin dar marcha atrás en otras características. En el Núcelo Genético Ultrafino de la Unidad Experimental Glencoe del INIA la majada de cría en los últimos cuatro años en promedio ha producido lanas de 15,3 micras, en una esquila pre parto, cuando las ovejas pesan 48 kilos, con alto porcentaje de borregas que se encarneran con dos dientes, produciendo 4,1 kilos de lana por animal. Descendió el diámetro, pero genéticamente el peso vivo de los animales y el del vellón, al igual que el largo de mecha y la resistencia a los parásitos gastrointestinales, se ha ido incrementando, bajando a la vez el coeficiente de variación del diámetro de la fibra de lo que dice que hay mechas más resistentes. Tampoco eso ha ido en detrimento del tipo de animal. Los productores consorciados reconocen que se le puso mucho calor a eso, a afinar la lana sin perder otras cualidades y teniendo buen tipo de animal, con una buena estructura ósea, con buenos aplomos, despejados, de buen hueso. Hay datos objetivos que, fruto del esfuerzo de técnicos y productores, establecen que estos animales tienen todo, antes era difícil encontrar todo en un mismo animal y ahora es frecuente encontrar esos animales tan productivos y correctos.

Recientemente se realizó la 8a distribución de reproductores a integrantes del CRILU, pero los beneficios van más allá de los productores consorciados.
Esto es lo más importante. Esos animales que lo tienen todo no están dentro de una unidad experimental, están trabajando en el sistema comercial. La tecnología se validó y se ha ido transfiriendo, de muchas maneras. Como dijo el ingeniero Fabio Montossi (director nacional del INIA), en muchos casos se hizo de productor a productor incluso. Esos animales llegaron a productores incluso chicos, medianos, la tecnología del CRILU no está presa de la escala, es independiente de la escala y ha sido muy adoptada en diferentes sistemas de producción.

Otro aspecto de alto valor es que se han ocupado de ir al extremo de la cadena, hasta la prenda.
En su origen el consorcio tuvo siempre presente el espíritu de tener como base la visión de cadena integrada, para contemplar todos los intereses en este negocio. Uno de los pasos, luego de tener volúmenes importantes de esta lana ultrafina, fue ver si a nivel nacional la industria topista, que es altamente competitiva, muy eficiente, podía procesar este tipo de lanas y se comprobó que sí. Se podían tener tops de altísima calidad. Ese producto, en una de las experiencias, se llevó a Italia donde se realizaron dos tipos de prenda, de la más alta calidad, en empresas líderes que reconocieron la calidad que la empresa topista uruguaya le había entregado.

El consorcio se involucró en campañas de promoción.
Se ha participado, colaborando en campañas de promoción de la lana, a nivel nacional e internacional. Una muy clara en el mercado nacional fue la que llevó adelante Manos del Uruguay, Viva la Lana, hace algunos años. En lo internacional sucedió lcon campañas de la IWTO, se participó en conjunto con la industria topista nacional. Los premios fueron obtenidos por la innovación institucional, en 2012 y 2015, no fueron premios a la alternativa tecnológica, que ha sido muy reconocida, fueron distinciones a la forma de organizarse. En uno de los casos evaluadores internacionales reconocieron cómo se pudo generar un nuevo negocio, organizándose la gente en el consorcio, teniendo en cuenta el conocimiento existente en el sector primario, agregándole conocimiento faltante, adaptando tecnología, transfiriendo, todo a la vez y con buenos resultados.

Usted ha insistido en destacar el valor de este consorcio no solo para sus miembros activos.
Más allá de los beneficios para los productores y las industrias integradas al CRILU, el consorcio ha sido una plataforma muy buena para otros desarrollos, como proyectos de investigación académica de la Udelar, proyectos que se llevan adelante con el LATU, otros de transferencia donde accionan el Secretariado Uruguayo de la Lana y Central Lanera Uruguaya (CLU) y proyectos de responsabilidad social como los que permiten difundir material genético con participación de CLU y del Plan Agropecuario.

Fuente: Observa

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