22 de diciembre de 2017 15:15 PM
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Investigadores usan desechos de agresiva maleza para fertilizar suelos

En 2011 el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) descubrió la Mostaza Negra en el norte del país, una agresiva planta que se suma a las 500 especies invasoras que hay en Chile. Hoy, un grupo de investigadores busca una solución que permita darle un uso beneficioso a los desechos que produce su manejo.

Su gran adaptación a los suelos áridos y la gran cantidad de semillas que produce, ha provocado un explosivo aumento de la existencia de la Mostaza Negra o Lepidium latifolium, maleza que ha dañado considerablemente la agricultura de la zona, especialmente los cultivos más emblemáticos: maíz calameño y alfalfa.

Durante años especialistas en malezas han luchado para erradicarla, por medio de distintas iniciativas del Inia e Indap, apoyadas por el Gobierno Regional de la región de Antofagasta. Alberto Pedreros es uno de los profesionales comprometidos con este desafío, quien describe esta planta como “la maleza más agresiva que he visto”. Detalla que “no existe un lugar en el mundo donde la maleza esté dentro de los cultivos. En otros lados las plantas invasoras quedan afuera porque la comenzaron a controlar desde el principio. Acá es posible que la reacción haya sido tardía, cuando ya estaba invadida la zona agrícola. Por eso ha costado erradicarla”, explica.

Este diagnóstico es compartido por Juan Luis Sepúlveda, Ingeniero Agrónomo que hoy  lleva a cabo la ejecución de una segunda parte del trabajo con esta maleza: “Cuando comenzamos a trabajar en su control, estudio de línea base arrojó resultados lapidarios: algunos de los pequeños agricultores vieron afectados hasta el 100% de sus cultivos por no contar con la capacidad física ni técnica de erradicarla”, asegura.

Un problema, una oportunidad

Sabido es que el norte de Chile cuenta con suelos áridos y condiciones climáticas complejas de sortear para la agricultura. Mientras el compost es una de las opciones más utilizadas  como fertilizante en sectores con humedad en el ambiente, el guano es la alternativa más común de las zonas áridas, por factores como la dificultad de acceder a fertilizantes artificiales y también por un asunto cultural asociado a las tradiciones de la agricultura familiar campesina. Sin embargo, esta costumbre ha aportado a la expansión de la maleza: “los animales se alimentan de la mostaza y sus semillas son tan abundantes que algunas sobreviven a la digestión, por lo que el uso del guano ha aportado a que se disemine por un área mucho mayor”, explica Sepúlveda.

Con todos estos antecedentes, comenzaron a pensar de qué otra manera podían intervenir en esta cadena de expansión y una de las alternativas que visualizaron fue la de aprovechar la alta concentración de nitrógeno y de agua que contiene la maleza, que la hacen apta para compostaje. Así llegaron a la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), “quisimos aprovechar el potencial de la planta para hacer algo positivo por los suelos de la región, que naturalmente son muy pobres en materia orgánica, y así ofrecer a los pequeños agricultores una alternativa al uso de guano sin procesar, reemplazar la quema de la maleza y aportar a toda la cadena productiva del agro”, explica el profesional.

Así comenzó el proyecto “Desarrollo de protocolos de producción de compost derivado de residuos de mostaza negra para ser usado en el mejoramiento de suelos y disminuir la dispersión de la maleza”, el que cuenta con el apoyo del Gobierno Regional de Antofagasta a través de FIA.

Gracias a él se está estudiando el comportamiento de la mostaza negra  como materia prima para la elaboración de compost en distintos formatos —seca, fresca y con flor— en tres estaciones experimentales que suman 19 pilas de compostaje en Calama, Lasana y Chiu Chui, en busca de llegar a una fórmula que permita estandarizar su producción y responder a la norma 2880, la que “regula la calidad final del compost Tanto como en viabilidad de semillas, cantidad de metales pesados, presencia de coliformes fecales, conductividad eléctrica, etc.”, como explica el profesional.

“Este proyecto es una muestra de lo que entendemos como innovación: pensar proactivamente en los problemas para convertirlos en una oportunidad. Más aún si presentan una alternativa sustentable a lo que se estaba haciendo con los residuos de la maleza, que era quemarla, lo que tampoco garantiza que se deje de expandir”, explica María José Etchegaray, directora ejecutiva de FIA, sobre esta iniciativa.

El proyecto tiene una duración de dos años y significa una inversión total de más de 140 millones de pesos, destinada principalmente al apoyo al desarrollo de la Agricultura Familiar Campesina de la región, los que se suman a los casi 2 mil millones levantados en torno a iniciativas agrícolas para la región en el período 2010-2018.

Fuente: FIA

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